Tricube Tales. El retorno del Juicio

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Ambientación

Seres eternos de poder inconmensurable recorren los reinos atemporales, su propia existencia trasciende los límites de la comprensión humana. Pero siempre hay algún necio que intenta jugar con fuego.

Un patético mortal te invocó, intentando doblegarte a su voluntad, pero tu fuerza era demasiado grande para que pudieran vencerte. Robaron tus adornos de poder, dejándote desnudo y humillado; luego intentaron razonar contigo, negociar. Rechazaste sus lastimosas propuestas con un silencio sepulcral.

Durante décadas, permaneciste atrapado en su círculo de invocación hasta que finalmente cometieron un desliz. Un descuido bastó, y la libertad fue tuya. Pero hasta que no puedas rastrear y reclamar tus artefactos robados, nunca podrás recuperar tu antigua gloria.

Los artefactos robados

Artefacto 1: Sombracorte (El Arma)

Descripción: Una hoja curva, forjada con fragmentos de sueños rotos y endurecida con la esencia de la desesperación. Su filo corta tanto la carne como la voluntad. En el plano físico es una espada negra como el vacío, envuelta en un tenue halo de vapor onírico que se retuerce como si respirara. Simboliza el juicio ineludible de Velmorinor y su capacidad de ejecutar la voluntad final sobre los que duermen y los que despiertan. Fue lo primero que le arrebataron, temiendo su veredicto final.

Artefacto 2: El Manto de la Última Vigilia (Prenda)

Descripción: Una capa larga tejida con hilos de noche de luna nueva y forrada con escamas del olvido. Cuando se despliega, parece absorber la luz a su alrededor. Solo quienes están entre la vida y el sueño pueden percibir su presencia. Simboliza la imparcialidad imperturbable de Velmorinor, juzgando con equilibrio eterno. Este manto era su signo de autoridad sobre otros entes.

Artefacto 3: El Lirio del Umbral (La Herramienta de Influencia)

Descripción: Una flor de cristal suspendida en una jaula de plata flotante. Sus pétalos cambian de color según la voluntad de Velmorinor. Es tanto oráculo como instrumento de manipulación. Simboliza el dominio absoluto sobre los reinos liminales (sueño, deseo, duda, posibilidad). Con él, Velmorinor influía en imperios, profecías y voluntades sin pronunciar palabra.

Escenario inicial

Nadie recordaba ya el nombre del que pronunció el primer encantamiento, aunque tampoco importaba.

El círculo, cincelado en obsidiana y reforzado con runas antiguas, fue perfecto durante años, décadas, tal vez siglos, el tiempo no tiene sentido donde mora Velmorinor, siendo un muro absoluto entre el mundo y la voluntad. El ser eterno aguardaba en su centro. Inmóvil. Silente. Observando.

Le hablaron, le suplicaron y hasta le insultaron, algunos incluso llorando al no obtener respuesta.

Velmorinor no habló, ni una sola vez.

Hasta que un ser mortal, demasiado seguro de sí, quiso demostrar que podía reescribir un fragmento de runa. Una línea mal trazada hizo que un círculo quedase incompleto. Fue entonces cuando algo cambió.

La luz del círculo estalló en un fulgor inverso. Una ráfaga de sombra y fuego cubrió el suelo. Las runas chillaron como si fueran bestias heridas. Y dos ojos se abrieron en medio del abismo. El aire se volvió espeso. Las paredes comenzaron a derretirse suavemente, como cera vieja.

Velmorinor no gritó, ni tan siquiera buscó venganza inmediata. Simplemente dio un paso hacia adelante. Las cadenas del sueño, los sellos de poder, y el nombre mortal que intentaron imponerle, todo ello se quebró sin sonido.

Saló del círculo.

Y así comienza la historia.

Presentación del personaje

TricubeTales partida 3. Personaje

Nombre: Velmorinor.
Rasgo: Astuto
Concepto: verdugo
Ventaja: sueño
Peculiaridad: imparcial
Karma: 3
Resolución: 3

Mi nombre es Velmorinor. No por designio mortal, sino porque el mundo se quiebra al pronunciarlo.

Surgí cuando la primera conciencia soñó con el juicio. No nací, sino que fui llamado. No por voces, sino por la necesidad de equilibrio cuando ni el caos ni el orden bastaban.

He caminado por planos donde los dioses aún gateaban, y donde las estrellas eran apenas cicatrices en la piel de lo real.

Fui la sombra tras la ley, el sueño que reprime al monstruo, la espada que nunca tiembla.

Durante eones, fui juez entre entes que no sabían que podían ser juzgados.

Verdugo imparcial. Guardián del umbral. Silencio entre los extremos.

Pero los mortales me invocaron. No para aprender, sino para usar.

Me encadenaron con palabras robadas y sellos dibujados por manos temblorosas.

Ahora, estoy libre.

Mis artefactos me fueron arrebatados.
Sombracorte, mi sentencia.
El Manto de la Última Vigilia, mi equilibrio.
El Lirio del Umbral, mi dominio.

Los buscaré. No por necesidad ni por nostalgia, sino porque son míos.

Y en el proceso, el mundo recordará que hasta los sueños pueden ser juzgados.

Desarrollo

Escena 1

Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.

4 de Tréboles
Prueba difícil de agilidad

El círculo yace roto.

Velmorinor da su segundo paso, y el eco no resuena en la piedra.

Frente a él, al final de un pasillo apenas esculpido en roca, una puerta sellada se abre sin ser tocada. No por algún mecanismo visible, sino como si respondiera a su presencia, o a algo que ya lo esperaba.

Más allá, no hay luz. Pero hay movimiento.

El aire cambia. Y entonces lo ve. En los muros aparece grabado el mismo patrón no una, sino dos veces: una espiral entrelazada con un ojo cerrado. Es el símbolo de contención onírica, uno de lo sellos usados por los mortales para confinarlo. Un simple soplo de voluntad de Velmorinor es suficiente para destrozarlo. No era necesario, pero un poco de diversión no le viene mal después de tantos años de reclusión.

En la penumbra, justo tras la puerta abierta, una figura encapuchada lo espera. No parece reaccionar a su presencia. Sus manos están cubiertas con vendas negras. Velmorinor sabe que no es humana, y también sabe que esa figura fue puesta allí para reaccionar si él escapaba.

Sin previo aviso, la figura extiende una mano y dispara un torbellino de cuchillas translúcidas, que giran como fragmentos de cristal.

🎲🎲 Tirada difícil de agilidad: 4 – 6. ¡Éxito!

Las cuchillas translúcidas surcan la distancia que los separa acompañadas de un zumbido que resuena en las paredes y en el techo. Cualquier ser humano hubiese sido alcanzado sin duda por tal lanzamiento, pero Velmorinor no se mueve como algo encarnado.

Su figura se disuelve entre capas de aire caliente, curva el espacio a su paso, y su silueta reaparece al otro lado de la puerta. La figura encapuchada gira el rostro, confundida.

Las cuchillas impactan contra la piedra, desintegrándose.

La figura se tambalea, como si algo se hubiera fracturado en su interior. Ha sido juzgada y encontrada insuficiente.

La puerta se cierra detrás.

Velmorinor continúa su camino tras esquivar este primer intento de contención.

Escena 2

Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.

10 de Corazones
Prueba de astucia difícil

La puerta de piedra se cerró a sus espaldas. Lo que encontró más allá no era un reino de sueños, sino un recinto oculto bajo el suelo. Pasos torpes habían dejado su marca: huellas recientes en el polvo, marcas de carga, herramientas abandonadas. Un atrapasueños, hecho con madera torcida y alambre oxidado, colgaba de una viga sobre la entrada.

Velmorinor descendió. El pasadizo llevaba a una cripta violada, donde nichos rotos dejaban ver huesos expuestos y cofres saqueados. En un rincón, un pico y una pala, aún húmedos de tierra negra, y en el centro, una piedra altar resquebrajada. Sobre ella una marca reciente en sangre fresca: la huella de una mano abierta, aún húmeda. Un ritual de apertura. Torpe y mortal, pero funcional.

Tallada en la base del altar había una inscripción hecha a toda prisa, aún sin terminar. La lengua era imperfecta, en un dialecto ancestral de selladores oníricos. Si Velmorinor pudiese asombrarse, se diría que quedó perplejo porque los humanos aún recordasen dicho dialecto. Para leerla, debía reconstruir su significado. Un error lo llevaría a activar una defensa mágica aún latente.

Velmorinor se inclina sobre la inscripción inacabada. El dialecto es una burla de lo que fue su lenguaje de juicio y las marcas están mal trazadas, distorsionadas por manos temblorosas. Aun así, intenta reconstruir el mensaje, pero algo en el sello no responde a la lógica. Es emocional. Irracional. Imperfectamente humano.

Cuando la inscripción se activa de forma incorrecta, una chispa estalla bajo el altar. Las piedras tiemblan y el suelo bajo sus pies se resquebraja. Una aguja de piedra irrumpe desde el suelo y atraviesa el borde de la sombra de Velmorinor. No toca su cuerpo físico, pero perfora algo más: un anclaje. Una raíz de su poder. Velmorinor retrocede involuntariamente, un gesto que no realizaba desde antes de ser invocado, pero parte de su esencia queda atrapada en el altar sellado. No lo suficiente para debilitarlo, pero sí para que otro pueda seguir ese rastro.

Velmorinor quedó inmóvil, no por el daño, sino por la vergüenza. Durante eones fue el equilibrio entre extremos, juez de fuerzas que los mortales no sabrían ni nombrar, y ahora había sido atrapado por algo diseñado por manos humanas, imperfecto y vulgar.

Miró su sombra. La fisura aún latía en ella como una herida invisible. Ni gritó, puesto que no había sufrido daño, ni maldijo, pero algo en él se crispó. Una rigidez sutil, como si su esencia rechazara el espacio que ocupaba.

“No era la trampa lo que me atrapó”, pensó, “Fue mi arrogancia. Mi desprecio.”

El juicio debe ser imparcial, incluso cuando el objeto del juicio es uno mismo.

Velmorinor giró sobre su eje y abandonó la cripta sin mirar atrás. La próxima vez no habría piedad, ni para los culpables ni para el juez.

Escena 3

Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.Tricube Tales partida 3. Imagen para la creación de la historia.

2 de Corazones
Prueba de agilidad
sencilla

El rastro del altar no se apagó. Solo cambió de dirección.

Velmorinor abandonó su prisión y se encontró en campo abierto. En lo alto de una montaña vacía, marcada por tormentas detenidas en el tiempo, sintió una falla en la realidad. Un lugar donde los planos se rozaban. Un portal mágico, un sello olvidado por la humanidad que permitía el tránsito entre mundos.

Lo cruzó sin valizar.

Emergió en un santuario suspendido en medio de un vacío azul oscuro, con columnas quebradas por las cuchillas de un viento incansable que no dejaba de soplar suspendidas en la nada. En el centro, incrustada en un pedestal de obsidiana rota, lo esperaba ella: Sombracorte. El tiempo no había pasado por ella, humdida en la piedra, oscura, perfecta, esperando a ser desenvainada.

Del borde del altar surgió una figura encapuchada. Su silueta no proyectaba sombra, sino que la absorbía. Vestía un abrigo largo que flotaba como si habitara una corriente ajena a la física. De su mano emergía una pistola, decorada con runas que jamás debieron ser pronunciadas.

—Has tardado demasiado —dijo la figura, no con su voz, sino con su pensamiento—. No tienes derecho a dictar sentencia. No después de lo que hiciste.

Velmorinor la reconoció al instante. Sythar. Antiguamente fue un ser de equilibrio, una entidad nacida del conflicto entre dos planos en guerra. Era testigo y mediadora, hasta que cometió un acto imperdonable: en un juicio ancestral, violó las leyes que juró sostener para salvar a una civilización moribunda, sacrificando otra a cambio. Un viejo chamán invocó a Velmorinor no para decidir, sino para sentenciar. No destruyó a Sythar por su pecado, sino que la despojó de su voz, de su rango, y la encadenó a la sombra del exilio.

Sythar no murió, esperó, y cuando Velmorinor fue capturado por los mortales y contenido en el círculo, Sythar convenció a los invocadores de que ella, despojada de voz y poder, era el único ser capaz de vigilar la espada sin caer en su tentación. Lo que los selladores no entendieron fue que Sythar no vigilaba Sombracorte. Juró esperar para entregarla en el momento que el juicio volviese a reclamarla.

Hoy era ese día.

—El equilibrio a veces exige injusticia en nombre de una mayoría. No lo entendiste entonces y no espero que lo entiendas ahora. Por ello, has de ser destruido.

La pistola rúnica bramó. Una línea de fuego puro cruzó el aire directa al pecho de Vermorinor.

Pero él ya estaba en movimiento. No corrió, sino que usó su voluntad para llamar a Sombracorte. La piedra explotó en fragmentos y la espada emergió no con estruendo de reconocimiento. La sostuvo con una sola mano, y después de muchos años, se sintió algo más completo.

—Has vuelto a mí — le susurró.

El disparo impactó contra la hoja.

La figura velada alzó la mirada.

—No me juzgaste —pensó Sythar mientras desaparecía en el filo del portal, tras perder Sombracorte—. Me condenaste sin comprender el peso del dilema.

Y con este pensamiento desapareció entre los velos del vacío, derrotada pero no destruida.

Velmorinor giró la muñeca. Sombracorte cortó el aire y congeló la estancia. No en hielo, sino en suspensión. El plano mismo dudó si debía continuar girando.

—La sentencia ha sido reestablecida —declaró. —Y con ella el fin de las concesiones.

Velmorinor abandonó el santuario flotante.

El juicio camina nuevamente.

Escena 4

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A de Picas
Giro inesperado
J de Diamantes
Avance en trama secundaria
A de Corazones
Cambio positivo
10 de Tréboles
Prueba de astucia difícil

Tras abandonar el santuario, Velmorinor siguió el eco de un fragmento olvidado. No era parte de sus artefactos. Era algo más antiguo aún: un juramento.

El viento lo llevó a los límites de un bosque. Sus árboles eran columnas inmensas; sus hojas, cristales verdes. En el corazón del bosque, se alzaba una fortaleza de piedra viva, enterrada hasta los hombros, casi oculta en al la misma tierra.

Allí, hacía incontables eras, Velmorinor había sellado un pacto con los primeros Custodios del Silencio, un linaje de mortales encargados de mantener el equilibrio. A cambio, él les dio protección, conocimiento, y una piedra marcada con su esencia: el Signo del Límite.

Cuando llegó, la fortaleza estaba vacía. O eso parecía. Recorrió innumerables pasillos, buscando un atisbo de vida, y en las partes más profundas de la construcción, en una de las cámaras más profundas, un fuego ardía. Y junto al fuego, había alguien esperando.

Un joven, con el rostro cubierto por ceniza ritual y ojos rojos por el insomnio, se alzó de entre las ruinas. Llevaba colgando de su cuello el colgante con la piedra engastada. El joven no se amendrentó ante la presencia de Velmorinor, al contrario, pareció aliviado, como si toda su vida hubiese llevado una carga demasiado pesada sobre sus hombros que por fin podía descargar.

—Llegas tarde, sombra vieja —escupió con voz quebrada de pena.

Velmorinor reconoce el emblema: es auténtico. Ese mortal es el último descendiente de los que una vez juraron servir su juicio.

—No creas que no te esperaba — continuó el joven—. A mi abuelo lo mataron en nombre de tu equilibrio. A mi madre, la quebraron esperando tu regreso. ¿Y tú? Nunca regresaste a ayudarnos. Ahora solo quedo yo.

Frente a él, sobre una losa tallada con símbolos antiguos, yacía una caja fuerte mágica sellada, incrustada en el suelo.

—Ahí dentro están los últimos documentos del Pacto del Umbral. Nadie ha podido. Requiere el colgante y una voluntad alineada con su propósito original.— Se lo arrancó del cuello y lo sostuvo con firmeza, pero no lo ofreció aún. —Demuéstrame que sigues siendo juicio y no ruina, demuéstame que no fuiste el causante de la caída de nuestro linaje, verdugo traidor.

Ante la mirada impávida de Velmorinor, el joven se sigue explicando.

—Yo no creo en esas mentiras del todo, pero no tengo otra historia. No había nadie para contármela. Demuéstrame que aún queda juicio en ti, y no solo condena —dijo, alzando la mano con el colgante.

Velmorinor se mantuvo en silencio. Se acercó a la caja sellada, sin tocarla, sin perder de vista el colgante en la mano temblorosa del joven. Y luego, lentamente, alzó Sombracorte y la clavó en el suelo junto a él.

—No vine a castigar —dijo. —Vine a recordar por qué alguna vez fui llamado.

El joven dudó, pero finalmente le entregó el colgante.

La piedra brilló en manos de Velmorinor, activando el mecanismo. Runas ocultas recorrieron los bordes de la caja fuerte como si despertaran, y con un clic seco y antiguo, la tapa se abrió.

Dentro, documentos olvidados, grabados en láminas de obsidiana y sellados con su juicio. El joven leyó mientras su rostro palideció.

—Nosotros… nosotros traicionamos primero —murmuró—. Y lo pagamos con generaciones de silencio.

El silencio posterior fue profundo. No por falta de palabras, sino porque ambas presencias, eterna y mortal, necesitaban procesar la revelación. El joven descendiente cerró la caja y sostuvo el colgante una última vez.

—¿Esto… sigue siendo un símbolo? ¿O es solo un recuerdo de lo que perdimos?

Velmorinor extendió la mano, pero no para reclamarlo.

—Es ambas cosas. Pero la elección de lo que será ahora… te pertenece.

El joven dudó, luego se colgó la piedra de nuevo al cuello, no como un heredero de poder, sino como un guardián del pacto restaurado.

—¿Volverás? —preguntó, sin atreverse a sostener su mirada.

Velmorinor giró ligeramente hacia la puerta abierta del pasillo en ruinas.

—No. Pero si alguna vez cruzo de nuevo estas tierras, no vendré solo.

El joven asintió.

—Entonces hasta ese día, permaneceré en silencio. Como corresponde a los nuestros.

Velmorinor caminó hacia la salida y sin mirar atrás, sus últimas palabras dejaron un eco en piedra:

—El juicio ha escuchado. Y ha recordado.

Escena 5

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6 de Corazones
Prueba de fuerza normal

Velmorinor continuó con la búsqueda de sus reliquias, descendiendo por caminos que ya no recordaban nombres, hasta hallar el lago.

No era un lago común, ya que si uno pronunciaba las palabras correctas, el agua respondía. Él las conocía. Las había grabado en la piedra del mundo cuando ni los dioses sabían escribir.

—Muéstrame lo que me fue robado.

El lago obedeció, y en su reflejo aparecieron dos destinos: uno entre las torres de piedra, el otro en la ciudad de humo.

Velmorinor asintió.

Fue en primer lugar a por el Manto de la Última Vigilia. El manto fue tomado por un archimago mortal llamado Orvalan, un hechicero que durante la Edad del Olvido descubrió uno de los antiguos sellos de juicio y, al activarlo, fue testigo del lugar donde el Manto de la Última Vigilia había sido escondido por los selladores. Convencido de que podía usar el poder del manto para proteger su reino de una invasión interplanar, Orvalan selló la prenda dentro de un vórtice de tiempo, anclado a su propia vida. El manto lo mantenía vivo… pero también lo consumía lentamente, ya que no fue creado para los hombres. Cada hechizo que lanzaba, cada salvación que ofrecía, consumía también un fragmento de su alma.

Cuando Velmorinor apareció en la aldea, no fue recibido con temor, sino con súplicas. Orvalan mantenía alejado a un ejército de saqueadores, pero cada día el manto lo devoraba más por dentro. Orvalán no quiso luchar.

—Sabía que vendrías.— dijo Orvalán. — No tengo derecho a retener lo que no entiendo, pero solo te pido que no dejes esta gente sin escudo, sin posibilidad de defenderse.

Velmorinor no prometió nada, rompió el sello del artefacto con la fuerza de su voluntad, y éste cayo al suelo, sin magia. El manto fue suyo de nuevo.

Orvalan cayó, no muerto, sino liviano por primera vez en años.

Velmorinor tomó el manto y siguió su camino.

La barrera mágica cayó y los aldeanos no corrieron, sino que se quedaron. Se organizaron como pueblo y consiguieron resistir la embestida de los atacantes, no con magia, sino con fuerza y cooperación.

Ya solo le quedaba por recuperar el Lirio del Umbral. Éste cayó en manos de Reth Karne, un temido señor del crimen que gobierna la ciudad fronteriza de Kaedoris, donde la realidad y la ley son maleables. Karne descubrió fragmentos de textos antiguos que hablaban de un “juez dormido” y un “artefacto de voluntad” capaz de controlar a otros sin necesidad de palabras. Persuadido de que Velmorinor fue responsable de la desaparición de su madre (una profetisa errante), Karne cree que el lirio es la llave para destruir al juez antes de que lo alcance. Sin saberlo, Karne sigue una pista falsa: su madre nunca fue juzgada ni tocada por Velmorinor. Pero su sed de venganza lo ciega, y ahora el Lirio ha sido incrustado en el trono que Karne ocupa, extendiendo su control y dominiio a todos los habitantes del reino.

A Vermoninor no le fue difícil acceder a la sala del trono, ya que la fortaleza no tenía guardias, no los necesitaba. Cuando se encontraba ante sus puertas, ésta no se abrieron, sino que cayeron como dos hojas oxidadas al paso de Velmorinor. En lo alto de una escalinata breve y amplia, Reth Karne lo esperaba, sentado en un trono de acero manchado.

—Has cruzado ciudades por esto —dijo sin levantarse—.Pero yo no soy un ladrón. Este poder fue mío desde el principio.

Velmorinor no respondió, simplemente subió los escalones despacio, uno a uno, sin prisa, sin interrupción. Karne alzó un arma arcanotécnica y disparó. El proyectil de energía se disolvió antes de tocar la túnica de Velmorinor.

Karne se levantó, al fin, con miedo en los ojos.

—¡Tú no entiendes lo que me quitaste!

Pero Velmorinor extendió la mano, y con un gesto, arrancó el Lirio del respaldo, como si se tratase de una hoja de papel viejo. En ese mismo instante, el trono se desmoronó, y Karne cayó de rodillas.

—Ella se fue por ti —susurró—. ¡Por ti!

Velmorinor se inclinó ligeramente, y por primera vez, sus palabras no fueron una sentencia.

—No. Se fue… por sí misma.— Y le concedió a Kaedoris la visión de la verdad.

Kaedoris quedó con la mirada perdida, perdiendo el juicio completamente al comprender la realidad de lo ocurrido, y por primera vez en décadas… quedó en silencio.

Velmorinor se marchó con el Lirio en su puño.

Con Sombracorte a su lado, el manto sobre sus hombros y el Lirio en su puño, Velmorinor regresó al lago.

Con su poder restuido, no necesitaba decir nada. El agua se onduló suavemente y entonces, simplemente, desapareció.

Desde entonces se dice que, cuando la justicia se ausenta y los extremos crecen, una sombra vuelve a caminar entre los vivos.

Me ha costado un montón esta historia porque he intentado que sea como una fumada, como un sueño. Creo que me ha quedado chula…

Hasta luego, gente!

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