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Y vamos ya con esta partida 2 con el Tricube Tales.
Ambientación
Hace varios años, una banda de forajidos robó un veloz buque mercante y lo convirtió en un barco pirata. Al registrar su bodega en busca de un botín, descubrieron un sable de aspecto siniestro tallado en el hueso de un enorme monstruo marino. Su capitán, Jake Starling, lo reclamó inmediatamente como suyo.
A los pocos días de capturar el barco, una terrible maldición cayó sobre toda la tripulación. Culpando al capitán de su situación, los piratas lo abandonaron con la esperanza de romper la maldición, pero sus esfuerzos fueron en vano.
Mucho más tarde descubrieron que el sable de Jake era la causa de su miseria, pero para entonces, su antiguo capitán había escapado. ¡Así que los piratas bautizaron su barco con el nombre de su temible arma y partieron en su persecución!
Sois los infames tripulantes del Bone Blade, que recorréis la costa saqueando y saqueando en busca del escurridizo Jake Starling, buscando desesperadamente la manera de acabar con la terrible maldición que os aflige.
La maldición de la tripulación del Blone Blade
(Tirada de dado: 4)
En la noche en que Jake Starling alzó por primera vez la hoja curva y blanquecina, esculpida del espinazo de un leviatán abisal, el viento se detuvo. Las velas colgaron inertes. El mar se agitó sin razón. Y una voz que hablaba con el susurro de las olas los sentenció.
Desde entonces, la tripulación del Bone Blade se convirtió en sombras. Sus cuerpos, aunque aún capaces de tocar el mundo, no reflejan la luz del sol. Sus rostros solo se revelan cuando la luna los acaricia. Caminan sin dejar huella, hablan sin aliento, y su barco, ahora envuelto en una niebla perpetua, navega por rutas que ningún mapa reconoce.
Los vivos los llaman espectros del mar, aunque muchos dudan de su existencia. Quienes han visto al Bone Blade aseguran que sus velas ondean con un viento que no sopla, que las linternas del barco brillan con fuego frío, y que su timón gira solo, guiado por manos invisibles.
Cada noche, los fantasmas sueñan con la vida que perdieron. En sus sueños recuerdan las caricias del sol, el dolor, el sabor del ron, el calor de una herida, la voz de una madre… y al despertar, solo hay bruma. No pueden morir del todo, ni vivir jamás.
Lo peor es que saben la causa: la espada de hueso. Y mientras Jake Starling camine libre con ella, la tripulación seguirá maldita, atrapada entre mareas y memoria.
Escenario inicial
(Tirada de dado: 2 rescatar un aliado. 4 una bahía protegida. 3 una tripulación desordenada)
El Bone Blade navega con su eterna niebla sobre una costa escarpada.
Frente a vosotros, la costa se eleva escarpada y oscura. La Bahía Borrasca, un antiguo refugio de esclavistas, cazadores de recompensas y cosas aún peores, permanece oculta entre acantilados dentados y arrecifes que han desgarrado más de un casco. Los mapas la muestran solo como una advertencia. Para los vivos, es un lugar maldito.
Allí, según informes susurrados por albatros negros y rumores arrancados a marineros moribundos, Gamalión, el Navegante de las Mareas, está prisionero. Antiguo miembro de esta misma tripulación, se marchó en busca de un artefacto: un relicario antiguo que puede señalar la ubicación exacta donde Jake Starling, el capitán traidor, ocultó la Espada de Hueso.
Rescatarlo podría cambiarlo todo.
Cuando va a dar comienzo el rescate, la situación es desoladora: el artillero Crake está borracho y apostando todo lo que tiene, el cocinero Dresk el Fino murmura que Gamalión traiciono a la tripulación una vez y la primera oficial Pella Dientes de Navaja ha desaparecido misteriosamente.
La niebla es densa. El barco se aproxima a las aguas que rodean la bahía. La tripulación murmura con desconfianza. Esta noche, podrías recuperar al hombre que os dará el rumbo hacia Jake Starling…
…o podrías perderlo todo bajo la marea y el peso de una traición.
Presentación del grumete Tib Larín

Nombre: Tib Larín.
Rasgo: Astuto
Concepto: grumete
Ventaja: elocuente
Peculiaridad: honorable
Karma: 3
Resolución: 3
Me llamo Tib Larín., grumete del Bone Blade. Algunos dicen que soy más lengua que músculo, y puede que tengan razón. Pero también soy el único que aún recuerda lo que era tener alma en esta tripulación de sombras.
Desde que nos maldijeron, mi reflejo no vuelve en el agua. El sol no me calienta. Pero aún tengo palabras. Aún tengo voluntad. Y aún tengo honor, aunque eso se haya vuelto tan raro como el ron verdadero.
Esta noche nos acercamos a la Bahía Borrasca, y la niebla no deja ver ni la punta del bauprés. Allá abajo tienen a Gamalión. Dicen que traicionó al Bone Blade, que se vendió por oro o por miedo. Pero yo… yo quiero saber la verdad. Porque si hay una chispa de redención en esta maldita historia, quizás aún podamos volver a ser más que espectros.
Y si no… pues que el mar me trague como a todos los demás.
Desarrollo
Escena 1




Prueba normal de agilidad
El crujido de las maderas acompaña mi descenso a la oscuridad húmeda de la bodega. El aire se espesa como si intentara aferrarse. Nadie más baja conmigo. Las voces de la cubierta son sólo ecos lejanos en medio del espeso silencio de abajo.
Pero hay un olor que corta todo: pólvora. Fuerte, reciente.
Rodeo los barriles viejos y encuentro, entre cajas marcadas con sangre seca, una bomba improvisada. Las mechas están preparadas con una precisión escalofriante. Un conjunto de clavos oxidados sobresale de la carga. Justo encima, una cuerda tensa cuelga del techo. Está conectada a la compuerta del muelle. Alguien quiere que al tocar tierra… todo esto vuele por los aires.
Me agacho con cuidado, dejando que mis rodillas se acomoden entre las tablas carcomidas de la bodega. La niebla entra por las rendijas como si respirara conmigo. Delante de mí, la bomba parece latir, como un corazón torcido hecho de clavos.
Miro la cuerda. Tensa. Atada a la compuerta. Si alguien arriba la abre sin saber lo que hay aquí… no queda ni un alma maldita en el Bone Blade.
No tengo herramientas. Solo mis manos, mi instinto… y la agilidad que me enseñaron los aparejos de este barco podrido. “Vamos, Tib… igual que cuando robaste la daga del contramaestre en una noche de tormenta. Manos firmes. Pulso de gato.” me digo dándome ánimos a mí mismo.
Me deslizo entre los barriles con una gracia que pocos esperan de un grumete, mis pasos no suenan. Me agacho bajo la cuerda y busco la mecha trenzada. La observo… y veo justo dónde alguien dejó un nudo flojo. ¿Un descuido? Da igual, me viene genial porque solo necesito un movimiento.
El hueso de mi brazo brilla levemente bajo la manga cuando extiendo la mano. Apoyo dos dedos entre el alambre y la cuerda, y con la precisión de un ladrón… tiro hacia mí con rapidez felina.
🎲🎲 Tirada normal de agilidad: 5- 2. ¡Éxito!
La cuerda salta de entre mis dedos con un suave chasquido. El nudo cae flojo al suelo. Silencio. Ni una explosión. Ni una chispa. Solo tu respiración… y el eco sordo del tambor de tu pecho contra el pecho del Bone Blade. He salvado el barco.
Ahora que lo pienso, este montaje requería conocimiento del barco, de la pólvora… y de la hora exacta de llegada a la bahía. Esto ha sido obra de alguien que conoce la tripulación… alguien de dentro del barco.
Cuando estoy a punto de largarme de allí, veo algo tirado en el suelo: una carta manchada con sal seca entre los barriles. No es un naipe cualquiera, es un tres de picas, un emblema antiguo, usado entre asesinos de puerto, envenenadores de la Costa de los Cuervos, y entre las “hermanas silenciosas” del Gremio del Velo. Pella Dientes de Navaja llevaba esa carta cosida por dentro de su chaqueta, justo en el corazón, como talismán. Cuando le pregunté por ella, me lanzó una mirada que me hizo temblar y dijo: “Esa carta es promesa. Si alguna vez no vuelvo… sabrás que fue por eso.”

Escena 2




Prueba de astucia sencilla
Subí en silencio, sin que mis pasos se notaran en la cubierta. Nadie me miraba. Apreté la carta entre los dedos mientras atravesaba la niebla del Bone Blade como si fuera mi propia sombra. La escondí en mi chaqueta, allí donde guardo lo que no quiero que nadie vea.
Fui hasta el camarote de Pella. Golpeé dos veces, más por costumbre que por respeto, y nadie respondió. La puerta estaba cerrada, pero bastó una presión y un giro para que cediera con un susurro de sal y óxido.
Dentro una taza aún humeaba en el escritorio. Como si ella acabara de levantarse para irse. Di un rápido vistazo a la habitación. ahí estaban sus cuchillos primorosamente colocados, un mapa medio cubierto por una tela… Al moverme un poco, noté una tabla suelta junto a su catre. La levanté con cuidado y encontré un símbolo grabado en la misma madera. Me agaché, y lo recorrí con la yema de mis dedos. No sabía de dónde, pero yo conocía ese símbolo. Era un signo antiguo, como los que se tallan en los altares de los puertos abandonados. Uno de los símbolos del pacto que une a esta tripulación con la maldición.
Entonces la escuché. La tabla del pasillo, justo la que siempre cruje, aunque camines de puntillas. Me giré a tiempo para ver una sombra correr, una sombra de cabello largo y pasos rápidos que escapaba y no quería ser descubierta. Me lancé por el pasillo, sin detenerme a pensar. La sombra giró hacia la armería… o quizás al camarote de Crake.
Me decidí por el camarote de Carke, pero no estaba allí. Volví sobre mis pasos y llegué a la armería. Allí estaba, junto al cañón ciego que nunca carga, sentada, respirando como si eso aún le sirviera de algo. Tenía la carta en la mano, no la mía (me aseguré de eso tocando mi bolsillo), sino otra. Otro tres de picas, arrugado y manchado de sal.
– Pensé que tardarías más – dijo sin mirarme.
– Pensé que tú te habías largado – le respondí y me acerqué a ella sin dejar de mirarla. Parecía que temblaba levemente, quizás por todo lo que no dijimos en vida. – ¿Qué haces, Pella?
– Lo mismo que tú, Tib. Sobrevivir, aunque a veces duela más que la muerte.
– ¿Sabotear el barco es tu forma de sobrevivir?
Ella se puso de pie y me miró. . Su ojo izquierdo, el que siempre brillaba cuando hablaba de los antiguos mares, ahora estaba opaco.
– Jake está más cerca de lo que crees, y hay cosas que tú no entenderías, grumete. Cosas que sólo los que han visto el corazón de la maldición pueden soportar.
– No me llames grumete, y no me mientas más. Tú eras la primera que nos decía que no debíamos perder lo poco que nos quedaba de humanos. Y ahora estás vendiendo el alma del Bone Blade por un secreto. – Pella apretó la carta. Pero no habló. – «No es tarde. Todavía puedes contarme la verdad. Por lo que fuimos. Por lo que aún podemos ser. O… puedes saltar por la borda y dejar que esta niebla te consuma como al resto.»
🎲🎲🎲 Tirada sencilla de astucia : 4 – 5 – 6. Éxito total.
La carta se deslizó hasta el suelo con un suave vaivén. No dijo nada durante varios segundos. Solo se quedó ahí, parada, mirándome, sopesando qué hacer.
– No soy una traidora, Tib.
– Entonces dime qué estás haciendo.
– Estoy… apostando, con alguien que tiene más poder del que tú puedes imaginar. Pero no solo por mí, sino por todos.
Me acerqué y recogí del suelo la carta, guardándola junto a la anterior. Dos tres de picas. Dos señales.

– Entonces no apuestes sola. El Bone Blade no es lo que fue, pero aún somos una tripulación.
Ella asintió por primera vez.
Escena 3




Avanzar en la trama principal
y volver a robar

Prueba de fortaleza
sencilla
Cuando salimos de la armería, no nos dijimos nada. Caminamos en paralelo, como dos sombras que no quieren mezclarse pero que siguen el mismo viento. La cubierta del Bone Blade seguía igual de desordenada: Crake roncaba entre sogas y vómito, Dresk el Fino estaba cuchicheando con alguien que no logré ver. Y el resto… para qué seguir… Nadie estaba listo.
Entonces lo vi claro. No había manera de hacer el rescate con esta tripulación en las condiciones en las que se encontraban. Pero había que hacerlo, el tiempo corría en nuestra contra. Miré a Pella y ella me devolvió la mirada. No fue una sonrisa ni una promesa. Fue… un gesto. El tipo de gesto que hacen los condenados cuando entienden que nadie va a salvarlos salvo ellos mismos.
– Tenemos una hora antes de la marea alta -, le dije. – ¿Sabes por dónde entrar?
– Sí -, respondió. – Pero si lo hacemos, vamos solo nosotros dos. Y ya sabes que no habrá marcha atrás.
– Nunca la hubo.
Así que bajamos el bote sin hacer ruido y remamos hacia la Bahía Borrasca. El canal oculto era estrecho, serpenteante. Las rocas a cada lado parecían mirarnos. Algunas tenían tallados los mismos símbolos espiralados del camarote.
Llegamos a una pequeña bahía cerrada, custodiada por acantilados altos como mástiles. Allí, en la sombra de una gruta, brillaba un fuego medio muerto. Y junto a él, una puerta de hierro oxidado… más grande que un hombre. Detrás, lo escuché: un gemido. Gamalión.
Me lancé del bote sin pensar. Las piedras me cortaron las manos. Pella me gritó algo, pero el eco se la tragó.
Toqué la compuerta, fría como tumba. Un candado colgaba, mordido por el óxido. Podía intentar forzarlo, o buscar otra vía… pero entonces lo vi: una marca sobre la piedra junto al umbral. La espiral otra vez. Brillaba tenuemente, como si la niebla la alimentara. Y debajo de ella, escrito en trazos quemados, un nombre: Jake.
Y entonces… estalló. Las llamas surgieron de una grieta en el suelo, como si la piedra llorara fuego. Retrocedí, me cubrí, y vi que parte del suelo empezaba a caer. Era una trampa de las antiguas. Lo entendí todo en un instante: había que levantar la compuerta ahora o perderíamos a Gamalión para siempre.
🎲🎲🎲 Tirada fácil de fuerza: 1 – 4 – 5. Éxito.
Chilló. No yo, la compuerta. El metal viejo crujió como un hueso que llevaba siglos sin moverse. Las bisagras se quejaron como condenados, pero el hierro cedió. Solo un poco, pero suficiente. Me colé dentro, jadeando, con el fuego lamiendo mis talones.
Gamalión me miró. Su rostro era sombra y mugre, pero sus ojos me reconocieron.
– Larín… creí que eras…
– Un fantasma. Si, lo soy, pero no uno que abandona.

Y justo cuando me agachaba para romper sus grilletes, lo vi. No era una herida ni era un tatuaje. Era el mismo símbolo que había visto antes: la espiral. Estaba grabada en su pecho, como tallada con un cuchillo, o con una garra. Además, no era reciente. La cicatriz estaba sanada, como si hubiese sido hecha hace tiempo.
Escena 4

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Prueba de astucia normal
Rompí los grilletes con una vieja palanca oxidada que encontré junto al muro. Gamalión cayó hacia mí como un peso muerto, y lo atrapé por instinto. Pella entró justo entonces, con una antorcha encendida en la mano. La alzó… y su luz iluminó la zona de la cueva en la que nos encontrábamos.
La antorcha comenzó a temblar. Del fondo de la cueva comenzó a surgir un viento que no pertenecía al mar, no olía a agua salida. Tenía un olor como a vela mojada, a sangre vieja. Entonces lo oímos: un golpeteo seco, rítmico, de madera contra piedra. Al instante reconocí el rítmico caminar de alguien con una pata de palo que cada vez se acercaba más hasta nuestra posición. No me atreví a asomarme porque en mi cabeza se formó una imagen aterradora: el paso arrastrado, el cuerpo cubierto de algas y el rostro… una calavera con un solo ojo cubierto con un parche.
Jake Starling no estaba en esa bahía, eso lo sabía, pero algo que había pertenecido a él sí. Y ese algo había respondido al símbolo en el pecho de Gamalión y ahora venía a reclamarlo.
Si queríamos salir de allí con vida, teníamos que actuar ya. No podíamos competir con fuerza contra lo que fuese que estaba llegando, sino que teníamos que encontrar otra forma de enfrentarlo, o inventar algo para despistarlo, antes de que nos arrastrara a los tres de vuelta al fondo del mar.
🎲🎲 Tirada fácil de fuerza: 4 – 5 – 6. ¡Éxito total!.
Cerré los ojos, conté los pasos. Pella no dejaba de gritar que nos moviésemos mientras miraba con pánico hacia el origen de los pasos. Entonces en mi calma, en mi mente, apareció el símbolo en espiral. No era solo una marca, era algo más.. ¿una señal de paso? , ¿tal vez una puerta? Y entonces lo entendí: era un faro, un mapa luminoso para algo que no debería estar navegando este mundo. Gamalión había sido marcado, y esa cosa acudía a su luz como una polilla,.
¿Podía estar equivocado? Seguramente, pero era la única posibilidad que veía en aquel momento, y tenía que confiar en mi instinto. Sin dar explicaciones, cogí el cuchillo que Pella llevaba en la bota, y sin preguntar, corté una línea sobre la espiral, cruzándola, deformándola. No fue un tajo profundo, sólo lo justo para que dejara de ser lo que era, como un faro al que le tapas la lente.
Y entonces… la niebla se detuvo. El sonido de la pata de palo dejó de escucharse, dejando todo en el más absoluto silencio. Lo que sea que venía a por él… ya no podía verlo.

Escena 5


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Prueba de agilidad sencilla
Salimos de la prisión de Gamalión sin decir palabra. El único sonido era el roce de nuestras botas sobre la piedra húmeda. La criatura, o lo que fuera que hubiera venido a buscarlo antes, ya no nos seguía.
Cuando por fin llegamos a la orilla el bote ya no estaba. No sabíamos si la marea lo había arrastrado o si algo más lo había hecho desaparecer, pero se había ido. No teníamos forma de volver al Bone Blade, al menos por ahora. El frío se había intensificado durante la madrugada, por lo que no podíamos quedarnos allí, ni bajo cielo abierto ni tan cerca del lugar en el que se había aparecido aquel ser. Además, el cielo se había encapotado y amenazaba tormenta. Lo mejor sería un lugar donde resguardarnos hasta el amanecer.
Comenzamos a avanzar entre la maleza, apartando ramas, rodeando raíces. Pella iba delante, con la antorcha casi agotada. Gamalión arrastraba los pies, agotado. Y yo… yo no dejaba de mirar atrás, nervioso, por si algo o alguien nos seguía.
Fue entonces cuando Pella se detuvo en seco, delante de algo al pie de un talud de piedra. Era un objeto medio enterrado en la arena, una piedra rectangular.
— ¿Por qué nos detenemos aquí? — pregunté, y avancé rápido entre raíces y ramas mojadas, resbalando por la pendiente…
🎲🎲 Tirada de Agilidad dificultad normal: Resultado 2 y 3. Fallo..
Resbalé y caí de rodillas junto a la piedra. Sentí el barro empaparme las manos y el musgo frío bajo mis dedos. Cuando levanté la vista, la antorcha de Pella iluminaba justo lo que había delante de mí: una lápida, clavada entre barro y musgo. No parecía reciente, pero tampoco estaba carcomida por el tiempo. Y tallado sobre la piedra, con un cuchillo mal afilada, estaba mi nombre: ‘TIB LAREN’. Debajo, el símbolo del Bone Blade, torcido, como grabado con prisa.
Es curioso, pero lo primero que pensé es que mi nobre estaba mal escrito. Le faltaba una tilde.
— Le falta una tilde. —murmuré.
Pella solo frunció el ceño y Gamalión agachó la cabeza.
—No puede ser —dije—. Nadie sabía que vendríamos aquí. Yo no he estado nunca en esta isla. Entonces, ¿cómo…?
Pella y Gamalión seguían sin decir nada. Por su expresión y las miradas que cruzaban, estaba seguro de que sabían algo, pero ninguno de los dos quería responder. Finalmente, Pella habló.
— Vamos, tenemos que continuar o la tormenta comenzará a descargar sobre nosotros.
Tenía razón. Los relámpagos iluminaban el cielo, y la tormenta no tardaría en estallar. Teníamos que encontrar refugio cuanto antes. Seguimos avanzando en silencio, alejándonos de lo que habíamos visto. Finalmente dimos con una gruta resguardada entre dos afloramientos de roca, apenas visible. Tenía un techo bajo y paredes húmedas, pero bastaba para protegernos del frío y la lluvia. Pella hizo fuego con lo poco que quedaba de la antorcha, y Gamalión se dejó caer sobre una piedra. Yo me senté frente a ellos.
—¿Alguien va a contarme qué está pasando aquí? —pregunté. Estaba nervioso, muy nervioso.
Gamalión miró a Pella, que asintió levemente, luego me miró y comenzó a hablar.
—Durante la Tormenta del Este… cuando caíste por la borda, el capitán Jake saltó detrás de ti. Nadie sabe por qué, pero desapareció entre las olas tras con la misma rapidez que tú.
—¿Saltó por mí?
—Sí — continuó Pella—. Y durante más de dos horas, no supimos nada de los dos. El barco no podía dar vuelta y las velas no respondían. Toda la cubierta era un caos. No había tiempo para sujetar un cabo cuando otro se desataba o se rompía, las olas ni tan siquiera chocaban contra el casco, sino que caían sobre él como si alguien estuviese arrojando cubos de aguas gigantescos sobre el barco, y entonces la tormenta se calmó como por arte de magia. Casi inmediatamente oímos un grito desde el agua pidiendo un cabo.
—¿Jake?
—Sí —dijo Gamalión—. Con un brazo te sujetaba, y con la boca sujetaba la espada. Nadie sabe dónde la encontró, algunos dicen que viajó hasta el fondo del mar por ella, otros que le fue entregada a cambio de algo…
Pella añadió en voz baja:
—Y desde entonces, Jake dejó de ser Jake.
Me froté la cara con ambas manos, intentando encontrar algo en mi cabeza, algún recuerdo, cualquier fragmento de aquellas horas malditas… pero nada.
—¿Sabéis lo que me dijeron cuando volví al barco? —murmuré—. Que había tenido suerte porque me había golpeado la cabeza y por eso no recordaba nada. Que podría haber muerto allí mismo.
Golpe en la cabeza. Claro. Muy conveniente. Yo no hice más preguntas y nadie me explicó nada. Solo me devolvieron al mástil y al trapo como si nada hubiera pasado… y todo ya hubiera cambiado.
Volví a ver la lápida en mi cabeza. El símbolo, mi nombre, una isla que nadie había pisado, un mar que me había tragado, y una espada que cambió el rumbo del Bone Blade, todo por un acto de bondad… o de locura.
—No fui yo quien trajo la maldición —dije al fin—.
—No —respondió Gamalión—. Pero tú fuiste el precio.

Escena 6




Prueba de astucia normal
Esa noche nadie durmió. Ni siquiera lo intentamos. Cada uno se quedó en su rincón de piedra, abrazado a los recuerdos o mirando al fuego que casi no ardía. Solo se escuchaba el incesante goteo en la piedra y el crujido del viento, que entraba desde la entrada de la gruta dibujando caprichosas sombras en las paredes de la gruta.
Cuando el sol se asomó por la línea del mar, salimos de la cueva. Caminamos por la costa sin rumbo, solo sabiendo que el barco estaba allá lejos y que necesitábamos algo para alcanzarlo. El mar rompía suave contra la costa. Y entonces la vimos. La barca estaba allí, pequeña y seca, encallada entre rocas y algas, como si hubiese estado esperándonos.
Pella se acercó primero. Luego Gamalión. Yo me quedé atrás. Una duda me carcomía desde dentro que evitaba que caminase hacia la barca.
—Tib —dijo Pella, desde el agua—. ¡Vamos!
🎲🎲🎲 Tirada de Astucia normal: 2, 5, 6. Éxito absoluto.
Di un paso. Luego otro, pero cuando toqué la madera lo comprendí. No fue una revelación brillante ni un golpe de memoria. Fue más bien como si el mundo se hubiera detenido el tiempo justo para que pudiera verlo desde afuera.
—¿Qué pasa? —preguntó Gamalión.
—No puedo subir —dije. —Yo no debería estar aquí — continué en voz baja—. Debería haber muerto aquella noche en la tormenta.
Y mientras lo decía, todo encajó. La lápida. La espada. La marca. La maldición. Yo no volví al Bone Blade… yo no tenía que haber vuelto.
Pella quiso acercarse, pero la barca ya flotaba. No se alejaba, pero se despegaba de la orilla y el mar la arrastrara lejos de mi. Quiso decir algo, pero sus palabras no salieron. Gamalión me miró con los ojos llenos de lágrimas. Asintió. Solo una vez, a modo de despedida y reconocimiento.
Y la barca se alejó.

Epílogo
Dicen que cuando Pella y Gamalión regresaron al Bone Blade, la niebla ya no estaba, que el timón, por primera vez en años, permanecía quieto, que el crujido en la madera se volvió a escuchar como eso, como un crujido y no como un lamento. Dicen que el símbolo de la bodega desapareció como si nunca hubiera estado allí, que el canto de las gaviotas, después de tanto tiempo, volvió a sonar sobre el palo mayor.
Que nadie pronunció su nombre en voz alta, pero que todos sabían lo que había pasado.
Dicen que la maldición se rompió.
Yo no lo vi. Pero el viento y las olas me lo contaron.
Me quedé en la isla. No porque me lo ordenaran, ni porque me retuviera una maldición, sino porque era el único lugar donde encajaba, donde no estaba de más, donde nadie me pedía explicaciones por estar vivo cuando ya no debía estarlo.
Nunca volví al Bone Blade. Y, con el tiempo, dejé de soñar con él. Dejé de esperar las velas en el horizonte. Aprendí a leer el sonido de las olas como quien lee una carta antigua. Aprendí a caminar solo, sin más sombra que la mía.
Me llamo Tib Larín.
Y sigo aquí.
Solo.
Libre.
Entero.
Donde el mar me dejó, y por fin me perdonó.
Hasta luego, gente!
Tricube Tales. Un sistema la mar de sencillo
Tricube Tales es un sistema de rol de mesa minimalista y narrativo. Está diseñado para una variedad de géneros y ambientaciones, y no requiere mucha configuración ni contabilidad.
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Está genial el relato, muy bien llevado y con lo justo de mecánica para no distraer.
Tengo una duda. ¿Por qué lanzas 3 dados en las pruebas de fuerza? El personaje es astuto, me confunde.
Pero igualmente felicidades
Gracias por tu comentario!
Hace tiempo que lo jugué y no recuerdo muy bien las decisiones que tomé… pero creo recordar que como las pruebas eran de fuerza, pero fáciles, les añadí un dado, aunque siendo estrictos con las reglas es cierto que debería tirar dos dados porque no tengo el rasgo de fuerza.
Saludos!