La luz del alba trajo consigo el sonido de las olas rompiendo contra la orilla y el crujido de la brisa marina entre las palmas. La noche había pasado sin incidentes, pero para Veyne y Saria, las cosas habían cambiado. Veyne no se separaba de ella. Desde el momento en que despertaron, su mirada la seguía con una intensidad suave pero inconfundible. Cada gesto suyo tenía una familiaridad que antes no estaba allí. Se inclinó más de la cuenta cuando le pasó su espada. Rozó su mano innecesariamente cuando le dio un trozo de pan. Incluso cuando caminaban junto a Aren y Kaelthar, se mantuvo cerca, su hombro rozando el de ella de vez en cuando.