Virginia continuó descendiendo.
Durante los primeros peldaños intentó convencerse de que aquella corriente de aire frío tenía una explicación perfectamente razonable. Rajavihara se extendía mucho más allá de lo que había imaginado, y no sería extraño que alguna de sus galerías comunicara con una cavidad subterránea. Quizá existiese un curso de agua bajo el palacio, o tal vez una diferencia de presión entre dos sectores estuviera provocando aquella corriente. Había explicaciones, pero a medida que descendía, resultaba cada vez más difícil escoger una.