El sol comenzaba a calentar suavemente el aire al amanecer. Elaria revisaba sus notas y preparaba la mesa de trabajo cuando un golpe decidido sonó en la puerta. Al abrir, encontró a un aldeano de rostro cansado y voz ronca, que se quejaba de un molesto zumbido en los oídos y la sensación constante de mareo, como si estuviera a bordo de un galeón en medio de una tormenta.