Scopicity. Partida 2. Preparación.

Lo primero: la creación de nuestro mundo.

Si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va el juego, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va esto, y si directamente quieres ver la página oficial del juego, puedes acceder a ella haciendo clic aquí.

Big Bang

Lo primero que voy a hacer es darle un nombre a nuestro mundo. Para ello robamos una carta:

Ciliata. El nombre de nuestro lugar será Ciliata.

Lo siguiente que hay que hacer es ver qué originó el Big Bang. Robaremos 4 cartas a ver qué nos sale:

  • Te negro / cristal
  • lago / nieve
  • Aguas residuales/ tren (transporte)
  • Plátano/ coche (vehículo)

Y con estas cuatro cartas vamos a imaginar la historia que dio lugar a la creación de nuestro mini mundo.

Accontecimiento:

Silvia estaba sentada junto a la ventana, con las piernas recogidas bajo la manta, sosteniendo entre las manos su taza especial llena de te negro. No era grande ni especialmente bonita. El esmalte blanco estaba algo apagado por los años y en el borde, justo donde los labios solían apoyarse, tenía un pequeño desconchón, áspero al tacto. Silvia sabía exactamente dónde estaba y giraba la taza siempre del mismo modo para no rozarlo.

Por fuera, entre líneas ya un poco desvaídas, había dibujos de gatitos. Gatitos redondos, con ojos grandes y posturas imposibles, de esos que parecen a punto de caerse o de quedarse dormidos en cualquier sitio. Algunos apenas se distinguían ya, pero Silvia los conocía de memoria.

Se la había regalado su madre cuando cumplió ocho años.

Entonces era demasiado grande para sus manos y no tomaba te en ella, sino leche.

Ahora la sostenía con las dos manos, notando el calor filtrarse poco a poco. El té sabía distinto en esa taza. No mejor ni peor, solo distinto. Cualquier otro recipiente no le daba el mismo sabor.

Podría haberla tirado cuando se desportilló, sustituirla por otra más nueva. Pero no quería hacerlo.

Afuera, la nieve caía despacio, copos pequeños que se deshacían contra el cristal y borraban poco a poco los contornos de la calle. No tenía prisa. Nunca la tenía mientras tomaba te.

Le gustaba mirar cómo el mundo se volvía silencioso.

El té humeaba todavía un poco. Silvia dio un sorbo corto, cuidadoso, y dejó la taza sobre la mesa baja. En ese instante, el suelo vibró levemente.

El tren pasó no muy lejos, como lo hacía siempre, con ese rumor grave. La mesa tembló apenas. El líquido onduló con suavidad.

— Silvia.

La voz llegó desde el pasillo.

Su hermano mayor apareció en la puerta del salón mientras se terminaba de comer un plátano, la chaqueta ya puesta, las llaves en la mano. Hablaba con la boca llena, como siempre.

— ¿Pero tú qué haces todavía aquí? — dijo — ¿No tienes que coger el tren?

Silvia sonrió sin girarse.

— Se ha retrasado. —respondió — Cinco minutos más.

Él negó con la cabeza, dio otro bocado al plátano y avanzó un par de pasos hacia ella.

— Ya, claro, cinco minutos… y luego veinte. Venga, muévete o lo pierdes.

Habló demasiado deprisa. Un trozo pequeño de pulpa salió despedido al hablar, imperceptible, y cayó dentro de la taza de té, silencioso.

Ninguno de los dos lo vio.

— Vooooooy — dijo Silvia al cabo de un momento, cogiendo la taza para dar un último sorbo.

Su hermano ya estaba de camino a la puerta.

— ¡No tardes! — añadió desde el recibidor — ¡Que luego dices que es culpa mía!

Silvia dejó la taza sobre la mesa y fue a ponerse el abrigo.

Cuando ambos salieron a la calle, la puerta se cerró y el sonido de la cerradura al girar la llave se amortiguó con el ruido de otro tren.

Afuera, la nieve seguía cayendo.

El té quedó allí, oscureciéndose, enfriándose poco a poco. Un pequeño mosquito sobrevolaba el líquido, sin saber si posarse o no en la superficie del te.

La diminuta partícula de plátano descendió hasta el fondo y se quedó quieta. Y en la quietud del hogar, con las vibraciones de los trenes que iban pasando, una burbuja diminuta se formó dentro del líquido.

Silvia salió de casa pensando solo en no perder el tren. Su hermano bajó las escaleras masticando el último trozo del plátano.

Ninguno supo que, en la taza abandonada junto a la ventana, acababa de nacer Ciliata.

Un mundo pequeño, oscuro y fértil, marcado para siempre por el temblor de los trenes, y nacido gracias a una conversación cotidiana dicha con la boca llena.

Mapa del mundo

Vamos a utilizar la baraja para generar 5 edificios aleatorios que formen parte de nuestra ciudad:

La panadería está en pleno centro. No es un edificio grande, pero tampoco pequeño: ha crecido con el tiempo, capa a capa, como todo en Ciliata.

Sus paredes no son muros sólidos, sino membranas densas, formadas por residuos compactados y sedimentos suaves. De lejos parece blanda; de cerca, firme. Mantiene el calor mejor que cualquier otro lugar de la ciudad.

Dentro, el ambiente está siempre templado. No caliente, no frío. Templado. Es un calor confortable.

La panadería no produce pan como tal, sino alimento base. Cultivos de microorganismos se dejan reposar en cámaras poco profundas. Se remueven con cuidado, se airean, se dividen. El proceso es lento y constante, sin generar desperdicios. Todo se aprovecha.

El olor es inconfundible. Promete saciedad. Por eso, incluso quienes no trabajan allí pasan a menudo cerca, sin necesidad de entrar, solo para sentir el aroma que desprende.

La panadería es uno de los pocos lugares de Ciliata donde el tiempo parece ir un poco más despacio. Cuando el mundo vibra, sus paredes ondulan, absorben el impacto, y dentro apenas se nota. Es un lugar seguro.

Se dice que fue uno de los primeros edificios en aparecer.

La granja ocupa una extensión amplia, más que cualquier otro edificio de la ciudad. No está delimitada por muros claros: se expande en terrazas, capas y zonas de cultivo que se adaptan a lo que allí crece. Está en las afueras de la ciudad, por lo que su crecimiento no estorba a nadie.

No existe el orden ni las parcelas definidas. El crecimiento es orgánico, irregular, guiado más por la respuesta de los cultivos que por un diseño previo. Donde algo prospera, se deja crecer. Donde no, se abandona.

Aquí se cultivan formas de vida simples, adaptadas al entorno de Ciliata. Algas, colonias bacterianas, tejidos vivos que se regeneran con facilidad. No todo es comestible, pero todo cumple una función.

El trabajo es constante y silencioso. Se vigilan los cambios mínimos: una alteración en el color, una densidad distinta, una reacción inesperada. Nada se fuerza. Cuando algo deja de ser útil, se integra en otro ciclo.

La granja sí siente las vibraciones del mundo. Cuando llegan, las superficies tiemblan y los cultivos se mecen. No es peligroso, pero a veces, algún cultivo sufre las consecuencias del movimiento.

El edificio flotante no está en un lugar fijo. No pertenece al centro ni a las afueras. Está donde las corrientes lo llevan, suspendido en una zona de Ciliata donde el líquido es menos denso y las vibraciones se sienten antes que en ningún otro sitio.

No flota libremente: se mantiene unido a la ciudad por filamentos flexibles, extensiones vivas que lo anclan sin inmovilizarlo. Cuando el mundo tiembla, esos filamentos se tensan, ceden y vuelven a relajarse.

Su forma cambia con el tiempo. A veces es más compacto, otras más extendido. Sus límites nunca están del todo claros. Desde lejos parece inestable; desde dentro, extrañamente equilibrado.

Cuando los temblores llegan, el edificio entero se desplaza suavemente. Las superficies se ondulan, los espacios se reorganizan por un instante, y luego todo vuelve a asentarse, aunque nunca exactamente igual que antes.

Por eso este lugar no se usa para vivir ni para producir alimento. Se usa como observatorio. Quienes acuden al edificio flotante lo hacen para sentir antes que nadie el pulso del mundo. Para notar variaciones mínimas, cambios en la frecuencia, intervalos que se acortan o se alargan. Aquí se aprende a leer el pulso del tiempo como otros leerían el cielo.

La forja se extiende en el límite entre la ciudad y la granja. No es un edificio compacto, sino un conjunto de espacios conectados, alineados según el flujo del trabajo.

Aquí llegan materiales vivos, residuos densos, fragmentos endurecidos que no pueden integrarse directamente en la ciudad. Todo lo que entra cambia. Todo lo que sale es distinto a su origen.

Las superficies son más firmes que en cualquier otro lugar de Ciliata. Están diseñadas para resistir procesos. Cuando llega La Vibración, la forja no absorbe el movimiento: lo tolera, ajustándose al movimiento para que el trabajo continúe.

En este lugar no hay fuego. La transformación ocurre mediante presión, fricción y tiempo controlado. Los materiales se compactan, se afinan, se estabilizan. Se convierten en soportes, anclajes, herramientas. Piezas que permiten que la ciudad mantenga su forma y se amplíe.

El ritmo aquí lo marcan las vibraciones. Hay trabajos que deben terminar antes del siguiente temblor y otros que solo pueden empezar después. La planificación es parte del oficio.

La playa se extiende en uno de los bordes de la ciudad, allí donde el suelo empieza a perder consistencia y el líquido se vuelve progresivamente más denso. No es un límite exacto, sino una franja amplia, cómoda, fácil de habitar.

El terreno es blando y estable a la vez. Cede un poco al peso, pero nunca del todo. Es un lugar donde moverse resulta sencillo, casi ligero, y por eso la ciudad lo usa para descansar.

Se viene a la playa a descansar, a divertirse. Hay zonas abiertas, superficies suaves donde tumbarse, dejarse llevar por el movimiento del mundo.

Más allá de la playa empieza el mar. El líquido allí es mucho más denso, tanto que cuesta mantenerse. Todo flota demasiado. Los movimientos se alargan, se vuelven torpes. Por eso casi nadie se adentra mucho en el mar. Basta con acercarse, sentir cómo el cuerpo pierde peso, y volver.

La Vibración también llega hasta la playa, pero aquí se vive como un juego. El suelo se mece suavemente, el cuerpo acompaña el movimiento. Durante esos momentos, la playa se llena.

Otros ajustes

Deidad guardiana: La que Sobrevuela.

Cuando aparece, ocupa el cielo. No todo el cielo, pero sí una parte imposible de ignorar. Una presencia enorme, fragmentada, compuesta de formas alargadas que se cruzan y se separan sin tocar nunca el mundo. Su movimiento no es continuo: avanza, se detiene, vuelve atrás, describe arcos amplios que atraviesan regiones enteras de Ciliata en un instante.

Los habitantes no tienen palabras para describir su tamaño. Solo saben que está por encima de todo.

No proyecta sombra, pero oscurece ligeramente las capas más altas del mundo. El líquido superior se agita cuando pasa, como si algo inmenso desplazara el entorno sin llegar a penetrarlo. Las corrientes cambian. Las superficies se tensan.

Para Ciliata, esta presencia es La que Sobrevuela.

Cuando cruza el mundo, no ocurre nada extraordinario. Su aparición no marca el comienzo ni el final de un intervalo. No anuncia La Vibración ni la detiene.

No siempre aparece en el mismo lugar. A veces cruza la ciudad de un borde a otro. Otras, se detiene durante varios intervalos sobre una misma zona, suspendida, como observando algo que nadie más percibe.

La que Sobrevuela nunca ha interferido en Ciliata. Simplemente la cuida.

Puntuación de supervivencia: 31

Dificultad: Media

Estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.

Especies

Para la creación de especies, se tienen que robar 4 cartas por especie que determinen los rasgos que tiene cada una de ellas. Vamos a crear tres especies en nuestro mundo:

Primera especie

Múrido
  • Piel resistente
  • Membranas / aletas
  • Capa de fibras o pelaje
  • Extremidades de apoyo blando

📜Puntuación de supervivencia: 26

Índice de supervivencia: -5

Nombre: Múridos

Descripción:

Los múridos viven cerca de los bordes: entre la ciudad y la granja, en zonas donde el terreno cambia, donde nada es del todo firme ni del todo inestable.

Su cuerpo pequeño y resistente les permite moverse con facilidad, pero Ciliata no es un entorno hecho a su medida. El líquido es ligeramente más denso de lo que su fisiología natural toleraría durante intervalos prolongados. Por eso, bajo sus fibras externas, los múridos desarrollaron una adaptación particular: una fina membrana respiratoria que se despliega alrededor del hocico y parte del torso cuando permanecen demasiado tiempo en zonas centrales. Es ligera, flexible, casi invisible, pero si los observas durante un tiempo prolongado, puedes ver cómo se les hace necesario su uso de ven en cuando.

En las zonas de transición – donde el flujo es más irregular – pueden moverse sin desplegarla. En el centro o en espacios más compactos, la activan de forma casi inconsciente.

Durante los intervalos tranquilos, se agrupan en cavidades poco profundas donde el entorno resulta más amable para su respiración.

Cuando La Vibración se acerca, extienden tanto sus membranas laterales como la respiratoria, ajustando el cuerpo al pulso del mundo. No luchan contra el movimiento; lo acompañan.

No suelen permanecer mucho tiempo en zonas excesivamente firmes como la forja. En la playa se sienten mejor: el entorno es más ligero, más respirable, y pueden moverse entre cuerpos mayores, aprovechando los huecos que siempre existen.

Son una especie adaptable, pero no dominante. Sobreviven gracias a su prudencia.

Segunda especie

Sifón
  • apéndices finos y rígidos
  • vibrisas sensibles, filamentos largos conectados al sistema sensorial.
  • hocico de succión
  • cola grande y frondosa, con abundante volumen.

📜 Puntuación de supervivencia: 31

Índice de supervivencia: 0

Nombre: Los Sifones

Descripción:

Los sifones están exactamente en equilibrio con Ciliata. Su fisiología encaja con la densidad y composición del entorno, siempre que no haya variaciones bruscas.

Su forma alargada termina en un hocico de succión con el que se fijan al entorno. Allí permanecen, absorbiendo lo necesario poco a poco. No toman más de lo que necesitan.

En condiciones normales, pueden permanecer anclados sin dificultad. Pero cuando el pulso del mundo se acelera o cuando el líquido cambia ligeramente de composición, deben activar un sistema interno de filtración más intenso. No es visible, sino que consiste en una contracción de sus tejidos alrededor del hocico de succión, reforzando el intercambio.

Las vibrisas que rodean su cabeza están siempre activas. A través de ellas perciben cambios mínimos: una corriente distinta, una Vibración que se aproxima, la presencia de otros cuerpos cerca. Gracias a eso, los sifones rara vez son sorprendidos.

Cuando llega La Vibración, no se mueven si no es necesario. Refuerzan sus anclajes, ajustan la cola frondosa para equilibrarse y esperan.

Suelen habitar zonas cercanas al centro. No frecuentan la playa: demasiado movimiento sin propósito. Tampoco el mar.

No dominan el entorno. Lo toleran.

Tercera especie

Trísono
  • escamas
  • apéndices en forma de aleta
  • órganos auditivos de gran tamaño
  • tres órganos visuales

📜 Puntuación de supervivencia: 33

Índice de supervivencia: 2

Nombre: Los Trísonos

Descripción:

Los trísonos perciben el mundo de forma amplia y simultánea. Sus tres ojos no se enfocan en lo mismo: uno suele atender al movimiento cercano, otro a lo que ocurre más lejos, y el tercero a los cambios generales del entorno. Cada uno de sus ojos se mueve independientemente del resto.

Sus grandes órganos auditivos están siempre abiertos. A través de ellos no solo oyen, sino que sienten el pulso del mundo.

No necesitan ayuda respiratoria en condiciones normales. Su estructura escamada y sus órganos auditivos amplificados les permiten adaptarse con soltura a la mayoría de las variaciones del entorno. Sin embargo, incluso ellos perciben que Ciliata no es un mundo completamente benigno. En zonas de mayor compactación o cuando la Vibración se prolonga más de lo habitual, deben ralentizar el intercambio y modificar la orientación corporal para evitar sobrecarga.

Se desplazan mediante aletas anchas, con movimientos amplios y seguros. No son rápidos, pero sí constantes. Sus cuerpos cubiertos de escamas resisten bien el roce y el movimiento prolongado, lo que les permite atravesar zonas abiertas sin detenerse con frecuencia.

Los trísonos prefieren los espacios abiertos, como zonas cercanas a la playa y regiones amplias entre edificios.

No suelen quedarse fijos mucho tiempo.

Cuando llega La Vibración, los trísonos cambian el ángulo del cuerpo, modifican la dirección, ralentizan o amplían el movimiento. Para otros habitantes puede parecer improvisación; para ellos es simplemente normalidad.

Esta especie es la más adaptada al entorno, aunque tampoco prosperan de forma exhuberante.

Personajes

Solo vamos a crear un individuo para esta partida, de la expecie Múrido, que es la que me parece más entrañable de las tres que han salido.

Ixel

Nombre: Ixel

Especie: Múrido

Ixel es pequeño incluso para un múrido, aumque de patas más altas. Su cuerpo compacto está cubierto de fibras finas que retienen partículas del entorno, dándole un aspecto siempre ligeramente moteado. Bajo ellas, su piel resistente ha pasado por más fricciones de las que podría contar.

Se desplaza con apoyos blandos, casi silenciosos. Sus membranas laterales suelen ir plegadas, pero se abren de inmediato cuando el terreno se vuelve inestable o cuando La Vibración se aproxima.

Rol en Ciliata: Mensajero entre zonas

Ixel se mueve entre la ciudad y la granja. No trabaja para ninguna institución concreta, pero muchos confían en él cuando hace falta llevar información que no puede esperar.

Personalidad:

  • Atento: Ixel rara vez mira un solo lugar. Observa lo que otros pasan por alto.
  • Prudente: No confunde valentía con insistencia. Retirarse a tiempo es una forma de seguir vivo.
  • Curioso: Siempre quiere saber qué acaba de pasar.
  • Leal: Cumple lo que promete.
  • Reservado: Habla poco, pero cuando lo hace suele ser porque algo importa.

Habilidades Especiales:

  • Acompañar la Vibración: Ixel sabe ajustar su cuerpo y su trayectoria para dejarse llevar sin perder el control cuando el mundo tiembla.
  • Movimiento sin rastro: Puede atravesar zonas delicadas sin alterar apenas las superficies, algo muy valorado en ciertos encargos.
  • Lectura de transiciones: Reconoce cuándo un lugar está a punto de cambiar, incluso antes de que sea evidente para otros habitantes.
  • Refugio improvisado: Encuentra o crea cobijos temporales en pliegues y cavidades que otros no considerarían habitables.

Trasfondo:

Ixel nació en una zona de transición que ya no existe. Con el tiempo, el terreno se compactó, los flujos cambiaron y el lugar dejó de ser hogar para los múridos. Desde entonces, Ixel no se ha asentado del todo en ningún sitio.

Ha recorrido gran parte de Ciliata, aprendiendo qué zonas resisten, cuáles ceden y cuáles solo parecen estables. Conoce la granja, evita la forja salvo necesidad, y en la playa suele quedarse más tiempo del previsto, observando cómo otros cuerpos juegan con el movimiento.

Ixel ha visto pasar a La que Sobrevuela más de una vez. Nunca de cerca. Nunca el mismo trayecto. No sabe qué significa, pero recuerda cada aparición.

En los últimos intervalos, Ixel ha notado algo extraño: algunos bordes que solían ceder con facilidad ya no lo hacen, y otros empiezan a moverse antes de tiempo.

Además, hace demasiado que no ve sobrevolar a La que Sobrevuela.

Ixel se encuentra ahora cerca del límite entre la ciudad y la granja, justo antes del próximo intervalo largo.

¡Y con esto ya está todo generado y preparado para comenzar a jugar! Es un mundo sin colores y oscuro, pero creo que me ha quedado genial.

Hasta luego, gente!

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