Hoy os voy a contar mi partida al Roads & Boats que se corresponde con el desafío del mes de octubre de 2025 que se ha publicado en la BGG (podeis acceder al mismo en este enlace), y al que voy a titular «Anillo y Corrupción»
Si queréis ver de qué va este juego, podéis hacer clic aquí para ver mi descripción del mismo, o aquí para ir a la página oficial del juego (que es un poco feota).
¡Y vamos ya con la partida!
Prólogo
El primer día nos hallábamos en el valle, junto al lago, cuando el mensajero descendió desde las cumbres. Su voz temblaba como el viento entre los juncos: el antiguo y olvidado dios de la montaña había despertado. Decía que su aliento podía hacer arder los campos y quebrar la tierra, y que sólo una ofrenda, un anillo forjado por manos mortales, podría contener su furia.
Nos concedió quince jornadas. Quince amaneceres para levantar talleres, domar el fuego y templar el metal. Quince noches para luchar contra el sueño y contra el miedo.
Sabíamos que no habría piedad si fallábamos: o nos dábamos prisa, o todo desaparecería bajo las cenizas.
Pero el peligro no sólo venía del dios. La corrupción se movía entre nosotros, sutil como el humo. Algunos codiciaban el poder del anillo antes siquiera de que existiera; otros dudaban de su propósito. Así, mientras preparábamos hornos y levantábamos altares, ofrecíamos plegarias a los nuevos dioses, rogando que la claridad de espíritu nos mantuviera firmes, porque si el corazón flaqueaba, el anillo nos consumiría incluso antes de ser forjado.
Forjar el anillo y llevarlo a la montaña en quince jornadas.
A veces me pregunto si fue un mandato divino o una trampa tejida por el propio fuego para probar cuánto puede soportar la voluntad de los hombres.
“Quince turnos. Un anillo. Una montaña. Y una voluntad que no debe quebrarse.”
Objetivo del escenario
- Forjar el Anillo: Construye la Pesquería de Perlas en mar, fabrica perlas y fabrica un anillo en un taller.
- Entregar el Anillo: Transporta el Anillo hasta la casilla de Montaña (o prodúcelo directamente en ella).
- Resistir la Corrupción: Debes contribuir a la Maravilla; al final de los 15 turnos, si hay más ladrillos blancos que de tu color en la Maravilla, pierdes por corrupción.
- Condición de Victoria: Antes de que termine el Turno 15, el anillo debe haber llegado a la montaña y se han de haber aportado 15 o más ladrillos a la Maravilla.
Nota para los jugadores que no tienen la expansión &Cetera, hacer las siguientes sustituciones:
– Plataforma petrolífera = Pesquería de perlas
– Oro = Perla
– Edificio de la Bolsa = Taller
– Acciones de bolsa = Anillo
Plataforma Petrolífera = Pesquería de Perlas; Oro = Perla; Bolsa = Atelier; Acción = Anillo.
Os dejo por aquí el mapa que hay que utilizar

La partida
Día 1
Nos dispersamos en tres direcciones, intentando coordinar nuestras acciones.
Al suroeste, donde los pastos verdes se inclinaban ante el aliento salado del mar, dejamos que los gansos anidasen en paz; allí prosperarían, y su número sería nuestra esperanza de alimento y de comercio.
En los bosques del noreste, el eco de los primeros aserraderos comenzó a mezclarse con el canto de los árboles, que caían uno a uno.
Y hacia el sureste, en las mesetas bajas, abrimos la tierra con cinceles y sudor: la cantera nos daría la piedra con la que levantaríamos talleres, puentes y altares.
Entre tanto movimiento y tanta urgencia, no olvidamos a los dioses nuevos. Al caer la tarde, alumbramos los altares y ofrecimos plegarias, agradeciendo la fuerza que nos mantenía en pie y rogando porque nuestras obras fuesen dignas de su mirada.
El viento se llevó nuestras oraciones hacia la montaña, y por un instante, creí sentir que el valle respiraba en paz.



Día 2
El segundo día, dejamos a las ocas en soledad, confiando en que el mar y la brisa velaran por ellas mientras cumplían su ciclo de vida.
Su canto lejano, suave y constante, acompañó nuestro trabajo.
Mientras tanto, nuestras manos y nuestros bueyes se ocuparon de unir la cantera con la población principal mediante una carretera. La piedra se abría paso entre el barro, y cada tramo completado era un hilo más que cosía las partes dispersas de nuestro naciente asentamiento. Con aquel camino, los mineros podrían traer su carga al corazón del valle, y las caravanas avanzarían con mayor celeridad en los días por venir.
Pero aquel día, no hubo fuego en los altares ni plegarias al caer la tarde. El trabajo nos absorbió por completo, y aunque algunos levantaron la vista hacia el cielo, ninguno pronunció palabra alguna.
Así comenzó el olvido.




Día 3
El tercer día, una explosión de vida recorrió el valle. Los gansos tuvieron su primera camada, y el aire se llenó de su bullicio alegre. Los burritos, no queriendo quedarse atrás, también trajeron crías al mundo, y con ellas nació la posibilidad de una cuarta caravana, un nuevo pulso de fuerza para nuestro pueblo.
De aquellas bestias, separamos una pareja más, confiando en que la abundancia no fuera solo un regalo pasajero, sino el inicio de una prosperidad duradera.
Otra caravana se dirigió hacia los pastos del suroeste, donde los gansos se multiplicaban bajo el reflejo del mar, para vigilar su crecimiento y protegerlos de los depredadores.
Desde la cantera, los hombres regresaron al hogar cargados de piedra. Con ella, y con el vigor de los recién nacidos, construimos una nueva carretera, que unió nuestro hogar con los bosques y la cabaña de tala.
El valle entero empezaba a enlazarse.
Pero mientras los caminos crecían, también crecía el olvido de los dioses. Por segundo día consecutivo, los altares permanecieron fríos. Y entre los nuestros, la codicia comenzó a despertar, insinuándose en miradas y pensamientos: algunos hablaban del provecho que podrían sacar de las rutas recién trazadas, olvidando que el trabajo era de todos y para todos.
Así, sin darnos cuenta, el valle florecía mientras el alma de algunos comenzaba a marchitarse…




Día 4
En el cuarto día, la vida volvió a multiplicarse.
Nuestros burros se reprodujeron una vez más, y con su descendencia nació una quinta caravana, ampliando la fuerza de nuestra civilización. Llevamos a la madre y al hijo hasta la cabaña del bosque, donde la sombra de los árboles ofrecía abrigo y descanso, mientras el padre regresó al valle, fiel al trabajo que lo esperaba.
La caravana enviada a los gansos regresó trayendo consigo una nueva bandada, mientras dejaba atrás población suficiente para que el ciclo de la vida continuase sin interrupción.
Y desde la cantera, una de las caravanas marchó por la carretera recién trazada, cargando piedra hasta el corazón de la ciudad.
Pero lo más importante sucedió en silencio: aquellos cuyos corazones habían sido tocados por la codicia despertaron a tiempo. Miraron lo que habíamos construido y comprendieron lo efímero de la ambición.
Al caer la tarde, volvimos a honrar a los nuevos dioses, encendiendo las llamas que habíamos dejado morir. Les agradecimos el don de la visión y de la verdad, y en el resplandor del fuego sentimos que el valle respiraba de nuevo en armonía.



Día 5
En el quinto día, la vida continuó su curso generoso. Los gansos volvieron a reproducirse, llenando de alboroto el aire del amanecer. Una de nuestras caravanas partió para inspeccionar el valle costero, asegurándose de que el nuevo ciclo de crías prosperara sin peligro.
Las caravanas de la madre y el hijo regresaron al hogar desde el bosque, cargadas de madera, mientras los mineros completaban su propio recorrido, trayendo piedra fresca de la cantera.
Con tanta madera acumulada, supimos que había llegado el momento: construimos nuestro primer aserradero, junto a la ciudad. Allí, los troncos se transformarían en tablones, y los tablones en puentes, hogares y herramientas. El olor de la savia se mezcló con el del polvo de piedra.
También trazamos una carretera hacia el valle de los gansos, como lo llamamos finalmente, uniendo la costa y la ciudad con un sendero firme que facilitaría el transporte de las nuevas crías.
Pero en medio del trabajo y del júbilo, olvidamos otra vez a los dioses. Ninguna llama ardió aquella noche, y el viento sopló frío entre los altares. El valle dormía, satisfecho y ciego, sin saber que cada día de olvido alejaba un poco más la bendición del cielo.




Día 6
En el sexto día, el aserradero rugió como un corazón recién encendido. Los hombres trabajaban sin descanso, y los troncos se transformaban en tablones bajo el filo de las sierras.
Las caravanas mineras regresaron con su carga de piedra, sólida y fría. Y a continuación, las caravanas de la madre y su hijo partieron hacia las praderas del norte, transportando tablones y piedra para nuevas construcciones.
Del valle llegaron nuevos gansos, recién llegados a este mundo.
Y cuando el sol se ocultó tras los montes, los dioses nuevos fueron honrados dos veces. Encendimos dos hogueras: una por el trabajo, otra por la gratitud. El fuego danzó en los rostros cansados pero felices.



Día 7
En el séptimo día, una sombra cayó sobre el valle.
Fue una época oscura, en la que la superstición se adueñó del corazón del pueblo, y la devoción, antes nacida del amor y la gratitud, se tornó en temor y obediencia ciega.
Apenas quedaron registros de aquellos días; los escribas callaron, los talladores dejaron sus herramientas, y hasta los pájaros parecieron evitar nuestras plazas.
Sabemos, sin embargo, que caravanas partieron desde el bosque hacia el norte, cargadas de madera, y que los gansos siguieron fieles a su ciclo, multiplicándose en silencio, ajenos al desconcierto de los hombres.
Se dice que con los materiales transportados, en el norte, junto a las aguas tranquilas, se levantó un astillero, donde los hombres comenzaron a construir balsas de troncos.
Aquella jornada, honramos doblemente a los dioses, pero no por gratitud, sino por miedo al castigo. El fuego crepitó en los altares, con las hogueras ardiendo más altas, pero su luz parecía menos pura.
La fe, cuando nace del miedo, no alumbra… solo arde.

Día 8
En el octavo día, el valle volvió a respirar con serenidad.
Los gansos se reprodujeron una vez más, llenando el aire con su canto, mientras los hombres y las bestias regresaban al ritmo del trabajo.
Ese mismo día, la primera balsa fue terminada, y su botadura sobre el agua marcó el inicio de un nuevo impulso.
Las caravanas fueron regresando poco a poco al entorno de la ciudad, trayendo consigo los materiales de sus lugares de origen. La madera del bosque, la piedra de la cantera, el eco de las herramientas y de las voces: todo volvió a confluir en el mismo corazón.
La balsa, ligera y segura, se internó luego en las aguas profundas para levantar el criadero de perlas. No fue tarea difícil; las manos trabajaron con precisión y el viento permaneció en calma.
Al caer la tarde, el criadero estaba terminado, y las aguas reflejaban el fuego del ocaso.
Esa noche, volvimos a honrar a los dioses, con una sola ofrenda, sencilla y pura. El fuego ardió tranquilo, y el miedo desapareció de nuestros corazones.




Día 9
En el noveno día, el valle entero trabajó al unísono. Los materiales necesarios para forjar una perla fueron transportados hasta la factoría recién abierta, donde las manos expertas aguardaban para transformar la piedra y el esfuerzo en promesa de belleza. Desde la cantera, una caravana llegó cargada de su tesoro, y la barca tomó el relevo, surcando el agua para entregar su carga al taller sobre el mar.
Al mismo tiempo, la caravana de los gansos regresó a la ciudad, trayendo nuevos ejemplares, fuertes y sanos, que llenaron los patios de vida y ruido. Todo parecía prosperar.
Sabíamos que el final del viaje se acercaba, y que cada jornada contaba. Por eso, no olvidamos a los dioses. Al caer el sol, los honramos con dos ofrendas, una por la obra cumplida y otra por la esperanza de concluir el destino que nos había sido impuesto.
El fuego ardió alto esa noche, y su reflejo danzó sobre el lago como una perla recién nacida.



Día 10
En el décimo día, la primera perla vio la luz del amanecer. Brillaba con un fulgor suave, como si guardara en su interior el reflejo de todas nuestras jornadas. Fue el primer fruto tangible de nuestra misión, y su resplandor devolvió la esperanza a quienes habían dudado.
Con ese éxito, las caravanas emprendieron el ascenso hacia la montaña, cargadas de piedra, tablones y determinación. Allí, en la cumbre donde moraba el dios, levantaríamos el taller sagrado, el lugar donde la perla se transformaría en anillo, y la obra se acercaría a su destino final.
En el valle, los gansos siguieron su ciclo tranquilo, ajenos todo lo demás.
Aquella noche, honramos nuevamente a los dioses, no por temor ni por costumbre, sino con alegría serena. Las llamas danzaron sobre los altares, y en cada rostro se reflejaba la certeza de que la corrupción había abandonado nuestros corazones.



Día 11
En el undécimo día, las caravanas continuaron su lento ascenso hacia la montaña. Los caminos, antes de tierra y polvo, comenzaban a volverse más ásperos y fríos, y cada paso costaba el doble, como si la propia tierra resistiera el cumplimiento del destino. Al mismo tiempo, las perlas terminadas fueron cuidadosamente trasladadas, envueltas en telas y esperanzas, hacia las alturas donde pronto serían fundidas en algo mayor.
En el valle, los gansos siguieron su vida simple y serena, ajenos al peso de los presagios. Su inocencia era una forma de sabiduría que nosotros ya habíamos olvidado.
Al caer la noche, honramos de nuevo a los dioses. No hubo grandes ceremonias, solo el fuego, las manos levantadas y el silencio de quienes saben que el final se acerca. El humo subió recto hacia el cielo.



Día 12
Durante el duodécimo día, las caravanas continuaron su marcha hacia la montaña. El polvo del camino se mezclaba con la fe y el cansancio. Al llegar al desierto, detuvimos el avance: allí descansamos y descargamos los materiales que habíamos transportado durante tantas jornadas.
Con esfuerzo y devoción, levantamos el taller en aquella tierra árida, y lo hicimos bajo la mirada complacida de los dioses, que parecían aceptar nuestras ofrendas con benevolencia.
En el valle, los gansos siguieron su ciclo vital, y la ciudad respiró en paz; la vida cotidiana continuaba mientras el destino se cumplía paso a paso.
Esa noche, honramos a los dioses por duplicado.
NOTA: según las reglas del juego no se puede construir en desierto, pero no me di cuenta. Debería haber construido en la montaña, lo que hubiese supuesto un turno más de la partida.




Día 13
En el decimotercer día, el taller despertó con el canto del fuego. Las perlas fueron llevadas al horno sin demora, y los artesanos trabajaron con la urgencia de quienes saben que están trabajando contra el tiempo. El metal ardió, las piedras brillaron… y al fin, entre el humo y el resplandor, el anillo fue forjado.
Apenas enfriado, una caravana aguardaba a las puertas del taller. Sin palabra alguna, el conductor tomó el anillo y emprendió el camino final hacia la montaña, donde el aire era fino y el tronar de la montaña rompía el silencio. Cuando llegó a la cima, lo depositó en el altar de roca, y el valle entero pareció contener la respiración.
La misión estaba cumplida. El anillo descansaba donde debía, y el dios de la montaña, saciado y sereno, cesó su rugido.
Solo quedaba un acto pendiente: honrar a los dioses. Lo hicimos por duplicado, con fuego, con canto y con lágrimas, agradeciendo su generosidad infinita y su paciencia con nuestros errores.El humo se alzó al cielo y su sombra cubrió todo el valle.
Así terminó nuestra empresa. El anillo fue forjado, la corrupción se disolvió y el vallo, que una vez temió al fuego del dios, por fin descansaba en silencio.



Galería de imágenes

Esta partida me ha resultado relativamente sencilla de superar.
Es cierto que desde el primer momento has de ir aportando materiales a la maravilla para evitar que se encarezcan demasiado, y que los gansos son la mejor solución para «dar de comer» a la maravilla. (Hubo un primer intento no superado de la partida en la que no le presté mucha atención a la maravilla hasta la mitad, más o menos, y fue un desastre total).
Yo creo que el reto de esta partida es la gestión óptima del tiempo. Yo he tardado 13 turnos en completarla (14 si tenemos en cuenta que construí el taller donde no debía), pero ha habido personas que lo han conseguido en siete turnos… ¡Siete! Me parece una pasada, pero supongo que si le diera más oportunidades al escenario, lo haría en muchos menos turnos.
Hasta luego, gente!
Roads & Boats. Con mi burrito sabanero.
Transporta mercancías de un lugar a otro y fabrica artículos de valor. Pero cuidado, todo es de todos y cualquiera puede hacerse con la producción… Roads & Boats
30/03/2024. Roads & Boats. El burrito perdido.
En Villa Esperanza, una pequeña aldea, sus habitantes están apenados por la desaparición de Pancho, el tercer burrito. Roads & Boats.





