32%. Partida1. Día 6. De 10% a 5% de Oxígeno.

Cartas y tiradas

Vamos con la crónica de la Partida 1 del juego 32% del día 6.

Si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va el juego 32%, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va esto, y si quieres descargarte directamente las instrucciones, puedes hacer clic aquí.

La carta es un 2 (un cuerpo de agua: un río, lago, mar, arroyo, riachuelo, mar subterráneo, pantanos, ciénagas, oasis, playa, etc.) de tréboles (negro: te encuentras con)

La tirada es un 5 (objetos fabricados por humanos: telas, ropa, partes de viejos trajes espaciales, cuchillas, armas, un refugio, etc..) y con los tréboles de la carta de antes, de repente encuentras.

Desarrollo

Hoy era mi último día para encontrar la batería.

Spoiler: no la he encontrado.

Partida 1 del juego 32% del día 6. El mar turquesa

Me desperté sintiendo el peso de la derrota antes incluso de abrir los ojos. Pero cuando finalmente los abrí, lo que vi me dejó sin palabras.

Frente a mí se extendía un mar turquesa.

Las aguas eran claras, tan cristalinas que casi podía ver el fondo, pero a la vez tenían algo extraño… un leve brillo, un reflejo que no era natural. Como si el mar estuviera vivo, como si me estuviera observando.

No tuve tiempo de detenerme a analizarlo. No me lo permití.

Me puse en marcha casi de inmediato, con una determinación que se sentía más como desesperación. Necesitaba encontrar la batería.

Pero, en el fondo, ya sabía la verdad.

Parece que es la historia de mi vida: hago las cosas con prisas, sin detenerme a disfrutar del momento, y al final me arrepiento de no haber valorado lo que tenía.

Hoy no ha sido diferente. Corrí sin mirar a mi alrededor, sin admirar el mar que apareció ante mí, sin detenerme a apreciar lo que este planeta tiene para ofrecer. Solo me centré en buscar, en escarbar, en revisar cada rincón. En pelear contra lo inevitable.

Y lo único que encontré fueron más de esos malditos cuencos.

Ya no me importa quién los fabricó. Ya no me importa su propósito. Son inútiles, insignificantes, como yo en este mundo. Los pisoteé con rabia. Los hice pedazos. No sirvió de nada, pero al menos me desahogué.

Me siento impotente. No es justo. No sé por qué esto me ha tenido que pasar a mí. No sé qué hice para merecer este final.

El oxígeno sigue bajando. Casi puedo sentir cómo se va agotando, cómo cada respiro me roba unos segundos más de vida. Y no puedo hacer nada para remediarlo.

Ya no hay más intentos. Mañana… no buscaré más. ¿Para qué? Para encontrar lo que necesito sabiendo que ya es inútil, y que un puñado de desconocidos vengan a buscar mi cuerpo inerte. No, no pienso hacerlo.

Mañana me dedicaré a pasear, a contemplar este mundo. Intentaré buscar la belleza en sus rarezas, en sus anomalías, en todo lo que me ha aterrorizado desde que llegué.

No quiero que mis últimos momentos sean solo desesperación.

Voy a intentar dejar algo bonito aquí escrito mañana, por si alguien lo encuentra.

Pero por hoy… ya no puedo más.

Voy a dejar de escribir.

Voy a intentar dormir.

Solo queda mañana. Estoy con los ánimos por los suelos…

Hasta luego, gente!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *