32%. Partida 1. Día 4. De 19% a 14% de Oxígeno.

Cartas y tiradas

Vamos con la crónica de la Partida 1 del juego 32% del día 4.

Si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va el juego 32%, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va esto, y si quieres descargarte directamente las instrucciones, puedes hacer clic aquí.

La carta es un 3 (ruinas – de edificios, naves espaciales, esqueletos de animales, esqueletos humanos, descomposición natural, montañas, etc.) de tréboles (negro: te encuentras con)

La tirada es un 4 (restos de nave espacial: láminas de metal, tuberías, tablones de madera, pantallas, asientos, etc.) y con los tréboles de la carta de antes, desentierras.

Desarrollo

Hoy desperté con el mismo cansancio de siempre. Dormir aquí sigue siendo un infierno.

El ruido sigue ahí. No cambia. No sube ni baja. Solo está, como una presencia inquebrantable en mi cabeza, perforándome los pensamientos. Es tan constante que ya no sé si mi mente lo está empezando a ignorar… o si me estoy volviendo loco.

Lo peor es la luz. Sigo sin acostumbrarme. Por un momento, cuando abrí los ojos, mi cerebro trató de engañarme. Creí que era un nuevo amanecer. Pero aquí no hay amaneceres. Solo este cielo pálido, eterno e inmutable.

Hoy me levanté con un propósito claro: encontrar la batería.

Sin ella, el transmisor que encontré en el bosque no es más que un peso inútil en mi inventario. No puedo permitirme más días desperdiciados. Así que agarré mis cosas y caminé.

Pero pronto me di cuenta de algo preocupante.

El paisaje había cambiado.

No sé si caminé en círculos, si este planeta es un laberinto vivo o si simplemente mi sentido de la orientación ya no sirve de nada sin un cielo que me guíe. Pero el bosque al que llegué no era el mismo.

Era más denso. Más cerrado.

Partida 1 del juego 32% Día 4. Inmensos árboles

Los árboles no eran simplemente altos; parecían fusionarse unos con otros, entrelazando sus ramas y raíces en una maraña que bloqueaba la vista. Las hojas no reflejaban la luz de forma normal; algunas la absorbían como si fueran sombras vivas, otras brillaban con un resplandor antinatural.

Este bosque no quería que pasara.

Lo sentí en el aire pesado, en la humedad pegajosa que se adhería a mi piel, en la forma en la que cada paso parecía arrastrarme más adentro. Aquí el sonido era distinto. Más bajo, más profundo. Como si algo dentro del bosque estuviera respirando.

Me aseguré de no perder la calma. No tengo tiempo para delirios.

Seguí caminando, esquivando raíces que sobresalían del suelo, apartando hojas gruesas como cuero. La sensación de que algo me observaba no desaparecía.

Entonces lo vi: un destello metálico entre las raíces. Mi corazón se aceleró. Algo en mi interior me dijo que esto no era natural, que no pertenecía a este bosque. Me arrodillé y aparté la tierra con las manos. Tiré de raíces, removí hojas muertas, hasta que mis dedos sintieron algo sólido y frío. Lo saqué con cuidado y lo sostuve ante mis ojos.

Era un pedazo de nave espacial: un panel destrozado, cables sueltos, lo que quedaba de una consola de control corroída por el tiempo. Pero lo más importante no era lo que tenía en las manos. Lo importante era lo que esto significaba. Esto no era de mi nave. Esto era de otra.

Cerré los ojos y respiré hondo. Algo se agitó en mi pecho, una mezcla de terror y alivio. «No soy el primero en caer aquí».

Me quedé un rato con la pieza en la mano, observando el bosque a mi alrededor. Intenté imaginar qué le pasó a la persona que llegó aquí antes que yo. ¿Sobrevivió? ¿Murió en este planeta? ¿Sigue aquí? Ese pensamiento me removió el estómago.

Finalmente, guardé el fragmento y decidí salir de la espesura. No iba a seguir explorando ese bosque hoy.

Mañana tendré que seguir buscando la batería, y de paso podría tratar de encontrar más señales de otras personas ¿Dónde están los que llegaron aquí antes que yo?

¿Habrá alguien que me pueda echar una mano?

Hasta luego, gente!

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