32%. Partida1. Día 2. De 28% a 23% de Oxígeno.

Cartas y tiradas

Comencemos con la crónica de la Partida 1 del juego 32% del día 2.

Si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va el juego 32%, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va esto, y si quieres descargarte directamente las instrucciones, puedes hacer clic aquí.

La carta es un 3 (un grupo de plantas y árboles: brillantes, altos, viscosos, oscuros, coloridos, puntiagudos, densos, muertos, vivos, etc) de corazones (rojo: ves a lo lejos)

La tirada es un 6 (partes del equipo de comunicación: antenas, cables, baterías, alambres, etc.) y con los corazones de la carta de antes, me paso parte del día recolectando.

Desarrollo

He dormido mal. Otra vez.

La luz constante es molesta, pero el ruido es lo peor. No para. No baja de intensidad, no cambia, no descansa. Y por mucho que lo intente, yo tampoco puedo descansar. Desperté varias veces y cada vez que lo hacía, el paisaje era exactamente el mismo: ninguna pista de si es de día o de noche.

Para no perder la noción del tiempo, he decidido que si divido el día en cuatro partes, cada vez que duerma una de esas partes equivaldrá a un 1% del oxígeno de mi traje. Es lo mejor que se me ocurre para llevar la cuenta.

Al menos sigo vivo.

Cuando me incorporé, lo primero que hice fue comprobar mi estado. No sentía mareos, náuseas ni debilidad. Las plantas que comí ayer no eran tóxicas. Me terminé lo que quedaba, aunque ya estaba un poco pocha, y decidí salir en busca de más.

Pero no pensaba volver sobre mis pasos. No quería acercarme a ese maldito enjambre. Así que tomé el camino opuesto y avancé, esperando encontrar algo parecido a lo que ya había probado.

Fue entonces cuando lo vi.

Día 2 de la partida 1 del juego 32%. El bosque

En la distancia, una masa densa de árboles y plantas formaba un muro oscuro y cerrado en el horizonte. A medida que me acercaba, el aire parecía volverse más pesado. Los árboles eran altísimos, con troncos rugosos y nudosos, cubiertos de lo que parecían raíces colgantes. Sus hojas eran inmensas, grandes como mis brazos, de un tono grisáceo y brillante. Parecían absorber la luz en lugar de reflejarla, lo que hacía que todo debajo de ellos pareciera más oscuro de lo que debería ser en este mundo sin sombras.

No me gustaba ese lugar.

El ruido seguía ahí, pero en la espesura sonaba diferente. Más apagado, más profundo. Como si algo estuviera dentro de la selva, resonando desde su interior.

Aceleré el paso. Quería encontrar algo comestible y salir de ahí lo más rápido posible. Pero mientras rebuscaba entre la vegetación, mis dedos rozaron algo duro y frío.

Algo metálico.

Cavé con las manos hasta que logré sacarlo del suelo. Un transmisor.

Por un instante, sentí una chispa de esperanza. Tal vez con esto podría pedir ayuda. Tal vez esto significaba que no estaba atrapado aquí para siempre.

No me quedé a celebrar. Agarré el aparato y salí corriendo de la espesura. No quería estudiar el transmisor en medio de ese lugar opresivo. Cuando me sentí en un sitio seguro, lo examiné con más calma. Era un buen hallazgo, pero tenía un problema grave: no tenía energía.

Necesito una batería. Sin ella, esto es solo un pedazo de metal inservible.

32%. Transmisor!

Por un momento, la emoción de encontrarlo se convirtió en frustración. Pero no puedo permitirme perder la esperanza. Si me rindo ahora, estaré muerto antes de que se me acabe el oxígeno.

Hoy he comido barritas energéticas. Mañana… encontraré una batería.

¡Hemos mejorado! ¡Tengo un transmisor! Ahora, a por la batería!!

Hasta luego, gente!

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