Her Odyssey. Partida 1. Día 29. Ni bestia, ni hombre.

El viento aullaba con una ferocidad implacable, sacudiendo el viejo puesto de vigilancia como si intentara arrancarlo de la ladera de la montaña. El crujir de la madera y el ulular del vendaval eran los únicos sonidos que rompían el silencio de la madrugada. Saria despertó sobresaltada, con el eco de una pesadilla aún en su mente. Sus dedos buscaron a tientas su espada antes de que su conciencia terminara de anclarse a la realidad. Afuera, la tormenta continuaba su asedio sobre la montaña, y en el interior del refugio la oscuridad era apenas disipada por las brasas moribundas de la hoguera.

Her Odyssey. Partida 1. Día 28. Ecos en la tormenta.

El viento azotaba la costa con una ferocidad inusual. Las olas se rompían contra las rocas, lanzando espuma y sal en todas direcciones. El cielo, oscurecido por nubes pesadas, prometía tormenta. Saria, Veyne y Aren avanzaban con cautela, sabiendo que no podían arriesgarse a quedar atrapados en medio de aquella furia natural. Kaelthar caminaba a su lado, su pelaje erizado, inquieto.

Her Odyssey. Partida 1. Día 25. Nada más importó.

El traqueteo del carromato hacía que cada pequeña piedra en el camino se sintiera como un golpe seco contra la madera. Saria no recordaba haber dormido, aunque debía haberlo hecho en algún momento, pues el amanecer la sorprendió con los ojos hinchados y el cuerpo entumecido. La jaula en la que estaban encerrados sobre la parte superior del carromato era estrecha y fría, con barrotes gruesos que les impedían cualquier movimiento brusco.

Her Odyssey. Partida 1. Día 22. La Tormenta.

El aire helado les azotó el rostro en cuanto salieron de la cueva. Al cabo de unas horas, lo que al principio había sido solo una ligera ventisca ahora se había transformado en una tormenta de nieve que cubría la tierra con un manto blanco y cegador. La temperatura había descendido de manera drástica, y el viento silbaba entre las rocas y los árboles desnudos, llevándose consigo cualquier rastro de calor.

Her Odyssey. Partida 1. Día 21. El desertor.

Saria fue la primera en despertar a la mañana siguiente. A su lado, Veyne todavía dormía, el cansancio de los últimos días reflejado en su rostro. Kaelthar, por su parte, estaba inquieto, sus orejas erguidas y sus ojos fijos en la salida de la cueva. Se incorporó lentamente, tratando de no hacer ruido, y entrecerró los ojos en la penumbra. Algo se movía entre las sombras, algo que respiraba. No estaba solos.