Her Odyssey. Partida 1. Día 25. Nada más importó.

El traqueteo del carromato hacía que cada pequeña piedra en el camino se sintiera como un golpe seco contra la madera. Saria no recordaba haber dormido, aunque debía haberlo hecho en algún momento, pues el amanecer la sorprendió con los ojos hinchados y el cuerpo entumecido. La jaula en la que estaban encerrados sobre la parte superior del carromato era estrecha y fría, con barrotes gruesos que les impedían cualquier movimiento brusco.

Her Odyssey. Partida 1. Día 22. La Tormenta.

El aire helado les azotó el rostro en cuanto salieron de la cueva. Al cabo de unas horas, lo que al principio había sido solo una ligera ventisca ahora se había transformado en una tormenta de nieve que cubría la tierra con un manto blanco y cegador. La temperatura había descendido de manera drástica, y el viento silbaba entre las rocas y los árboles desnudos, llevándose consigo cualquier rastro de calor.

Her Odyssey. Partida 1. Día 21. El desertor.

Saria fue la primera en despertar a la mañana siguiente. A su lado, Veyne todavía dormía, el cansancio de los últimos días reflejado en su rostro. Kaelthar, por su parte, estaba inquieto, sus orejas erguidas y sus ojos fijos en la salida de la cueva. Se incorporó lentamente, tratando de no hacer ruido, y entrecerró los ojos en la penumbra. Algo se movía entre las sombras, algo que respiraba. No estaba solos.