Vamos a avanzar en el día 1 de la partida 1 al juego Iron Valley. Ianto llega al Valle siguiendo las indicaciones de la carta. Es día de presentaciones y asentamiento en su nuevo lugar temporal de residencia.
Antes de nada, si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va el juego, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va esto. Si prefieres ir directamente a la página oficial del juego, puedes hacer clic aquí (página en inglés)
El personaje

Nombre: Ianto
Raza: Demonkin
Género: Femenino
Cumpleaños: 14 de Primavera
🎒Mochila:
Una almeja
Unos huesitos pequeños
Una llave perdida
Personalidad:
Inteligencia 3: muy perspicaz, intuitiva y con buen razonamiento.
Fortaleza 2: Resistente, capaz de realizar tareas físicas.
Destreza 2: Ágil y con capacidad de reacción.
Compasión 1: Un poco reservada y tímida para conectar.
Oscuridad 1: Poco hábil para engaños o pasar desapercibida.
Habilidades:
Pesca: Habilidad de pesca y manejo de la fauna acuática.
Búsqueda: Habilidad de rastreo, encontrar cosas, localizar objetos perdidos y revisar espacios. (mejorada con +1)
Coqueteo: Habilidad social para coquetear, encantar y conectar de forma juguetona.
Promesa inicial: Investigar quién envió la carta misteriosa (3 casillas de dificultad)
Promesa secundaria: Aprender sobre el pasado del pueblo (2 casillas de dificultad)
Promesa secundaria: Conocer a mi hospedador (1 casilla de dificultad)
La mañana
Movimiento: Dar una vuelta
Intención: Ianto no quiere llegar a casa de su hospedador con las manos vacías y va a buscar algo que llevarle
🎲 Tirada: 1d100 → 33. Cultivo Salvaje (1), tira el oráculo del cultivo para la temporada actual)
🎲 Tirada: 1d100 → 8. Una margarita.🌼
Ianto se detiene justo en el cartel que anuncia la entrada a Sunrise Vale.
El pueblo está ahí, visible entre los árboles y los tejados bajos, pero llegar directamente, sin nada que ofrecer, le parece brusco y un poco incorrecto.
Se desvía por un sendero estrecho que bordea el camino principal. No busca nada concreto, pero camina despacio, observando, por si encuentra algo que pueda llevar a su hospedador como regalo. La primavera está en su punto temprano: verdes suaves, brotes recientes, flores pequeñas recién brotadas de la tierra. Ianto se agacha aquí y allá, examinando los suaves brotes.
Al final se decide por unas flores silvestres sencillas. Parecen margaritas, y no son ni llamativas ni raras, pero corta solo unas pocas, las suficientes para formar un pequeño ramillete que cabe en una mano.
Cuando lo contempla decide que es un regalo perfecto para su llegada.
🎒Mochila:
Una almeja
Unos huesitos pequeños
Una llave perdida
Un pequeño ramillete de margaritas
El mediodía
Movimiento: Compartir es cuidar
Intención: Ianto va a la casa indicada en la carta para presentarse y ofrece el ramillete de margaritas como gesto de agradecimiento
🎲 Tirada: No hay.
La casa está justo donde decía la carta.
No destaca especialmente entre las demás, pero tampoco pasa desapercibida. Tiene ese aspecto de lugar habitado en el que alguien entra y sale a diario, descuidando un poco el mantenimiento de la entrada. Ianto se detiene frente a la puerta un instante, ajusta el pequeño ramillete entre los dedos y respira hondo.
Llama.
Tras unos segundos, la puerta se abre con un leve chirrido. Quien aparece al otro lado es joven, más de lo que Ianto había imaginado. Tiene rasgos élficos finos, piel clara y ojos color avellana atentos, curiosos, que se detienen en ella sin desconfianza. Su complexión es fuerte, casi robusta, y el pelo castaño muy corto le da un aire práctico, casi desaliñado. Viste ropa de trabajo manchada aquí y allá — telas resistentes, gastadas — y lleva un libro bajo el brazo, sujeto con varias cintas de papel que asoman entre las páginas. Parece haber estado absorto en algo cuando ella llamó.
Parpadea una vez al verla, sorprendido, y luego sonríe con una naturalidad fácil. No parece sorprendido, pero sí curioso. La observa un segundo más de lo estrictamente necesario antes de hablar.
Ianto se presenta, explicando que viene de la ciudad y que le dijeron que aquí podría quedarse un tiempo. Antes de que el silencio se alargue, le ofrece el pequeño ramillete de flores silvestres.
—No es mucho —dice—, pero quería traer algo.
Ópalo las toma con cuidado, como si le diese miedo estropearlas, y baja la mirada para observarlas. Una media sonrisa asoma a su rostro.
—Son bonitas —dice, sincero—. Gracias.
Hace un gesto hacia el interior de la casa.
—Pasa, por favor.
Y abre la puerta se abre lo suficiente como para dejar claro que Ianto es bienvenida.
Ianto sube a la que será su habitación y desempaca alguna de sus cosas en el armario que Ópalo le ha vaciado para tal fin.
Luego baja al comedor y comparten una comida sencilla, casi en silencio.

HOSPEDADOR (nuevo Townie)
Nombre: Ópalo
Raza: Elfo oscuro
Edad: Joven
Género: Andrógino
Cumpleaños: 5 de Verano
Trabajo: Alquimista
Aficiones: Crucigramas, modelismo de aviones
Regalos favoritos: Comida, Joyería
Personalidad: Derrochador, Atlético, Ingenuo
Atractivo especial: Siempre lleva un libro
Apariencia: Pelo castaño oscuro, muy corto, Ojos color avellana, Piel clara, Estatura media, Complexión corpulenta
Posible relación: Mentor, Esposo
🎒Mochila de Ianto:
Una almeja
Unos huesitos pequeños
Una llave perdida
Promesa secundaria: Conocer a mi hospedador (1 casilla de dificultad) una de cuatro marcas.
La tarde
Movimiento: ¡Da lo mejor de ti!
Atributo: Corazón = 1
Intención: Ianto charla un poco con su hospedador, y se van conociendo poco a poco.
🎲 Tirada dado personal: 1d6 → 3.
🎲 Tirada dados desafío: 2d6 → 2 y 5.
Resultado: golpe débil.
Tras la comida, Ianto no se va a su habitación de inmediato. Se queda cerca, en las zonas comunes de la casa, intentando no estrobar mientras echa un vistazo a su entorno. Ópalo termina de recoger la cocina y las cosas de la comida y se sienta junto a la mesa del comedor, en un sillón color azul profundo que hace juego con el color de las cortinas. Ianto toma asiento en el sillón gemelo que hay al otro lado de la mesa.
Hablan de cosas simples: del viaje, de lo grande que es la ciudad comparado con el valle, de cuánto tiempo planea quedarse… Pero ninguno de los dos se atreve todavía a hacer preguntas personales. Tampoco ofrecen ningún dato relevante de caracter personal, a lo sumo, hablan de sus gustos, de que a Ópalo le encantan las joyas y la buena mesa, mientras que Ianto se declara un total desastre a la hora de elegir complementos cuando se arregla. Los dos ríen de buena gana con la conversación, y mientras tanto, la tarde sigue avanzando.
En algún momento, la conversación se apaga sola.
Al mirar por la ventana, se dan cuenta de que el sol ya ha descendido y fuera reina la oscuridad.
Promesa secundaria: Conocer a mi hospedador (1 casilla de dificultad) dos de cuatro marcas.
La noche
Movimiento: ¡Da lo mejor de ti!
Atributo: Corazón = 1
Intención: Compartir una cena sencilla.
🎲 Tirada dado personal: 1d6 → 4.
🎲 Tirada dados desafío: 2d6 → 3 y 6.
Resultado: golpe débil.
La cena no es nada especial, y por eso resulta muy cómoda. Se sientan a la mesa sin demasiadas palabras previas. Ópalo sirve algo caliente y sencillo. Hablan del viaje, del tiempo, de lo diferente que se siente el valle comparado con la ciudad.
La conversación fluye a ratos y se detiene en otros, como si ambos estuvieran tanteando el terreno con cuidado. Ianto nota que el cansancio del día le pesa más de lo que esperaba, y en algún momento comienza a bostezar. Ambos rien y deciden que es hora de irse a descansar.
Movimiento: ¡Da lo mejor de ti!
Atributo: Fortaleza = 2
Intención: Recoger antes de acostarse.
🎲 Tirada dado personal: 1d6 → 5.
🎲 Tirada dados desafío: 2d6 → 2 y 4.
Resultado: golpe fuerte.
Ambos se levanta diligentemente y comienzan a recoger las cosas, trabajando conjuntamente, sin hacer ruido, como si fuera lo más natural del mundo. Ópalo no se lo impide. Trabajan un rato en paralelo: platos, mesa, algún resto que guardar. Ianto se mueve con soltura, sin torpeza,
— Gracias — dice él, con naturalidad al finalizar.— ¡Buenas noches!
Ianto sube a su habitación cuando la casa ya está en silencio. Se queda un rato sentada en la cama, ya a oscuras, escuchando los sonidos de la casa que poco a poco se apagan. La madera cruje con los cambios de temperatura. Algún insecto nocturno canta afuera. No es silencio absoluto… pero tampoco es la ciudad.
Piensa en Ópalo: en su forma directa de hablar, en cómo aceptó las flores sin preguntas, en el libro siempre bajo el brazo. No sabe todavía qué lugar ocupa él en su vida… pero sabe que puede confiar en él.
Antes de dormir, coloca con cuidado la mochila cerca de la cama. La llave perdida tintinea suavemente al moverse.

Primer día en el Valle. Nuestro hospedador parece buena persona, así es que todo bien.
Mañana supongo que iremos a dar una vuelta para conocer la población y ver si podemos averiguar algo sobre la carta…
Hasta luego, gente!
Iron Valley. Partida 1. Preparación.
La ciudad nunca dormía del todo. Incluso a esas horas, cuando el cielo apenas comenzaba a aclararse entre los tejados,…