Comencemos con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 8.
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Estadísticas iniciales

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 3 | Días favorables | 5 |
| Rapidez | 3 | Días desfavorables | 2 |
| Fortaleza | 3 |
El desafío de las cartas

Los corazones sugieren tierras de cultivo, prados, páramos. Una clave. Curiosidad. Consecuencias tardías. Un ejército. Una trampa. Una acusación. Un mal funcionamiento. Un reflejo del amor perdido del vagabundo.
Como el valor es 12, el desafío es grande.
Desarrollo
Saria despierta dentro del tronco hueco del viejo árbol. La luz tenue del amanecer comienza a filtrarse entre las hojas, trayendo consigo el suave cantar de las aves.
Por un instante, el mundo parece normal. Pero cuando Saria sale del árbol y observa el entorno, algo la detiene bruscamente.

Entre la vegetación húmeda del bosque, Saria ve algo que no vio la noche anterior con el nerviosismo que le había causado su visión: un pequeño altar de piedra pulida, cubierto de musgo, que parece demasiado antiguo y demasiado perfecto para estar perdido en este lugar olvidado. Sobre el altar, cuidadosamente colocado, reposa un pequeño objeto de coral tallado, adornado con perlas diminutas. Un objeto que ella misma había regalado a alguien hace mucho tiempo.
A su mente vuelve una imagen clara y dolorosa: su amor perdido. El hombre que amó en Azul Profundo. La persona que tuvo que abandonar cuando todo colapsó.
El altar parece colocado expresamente para ella, como si alguien hubiese anticipado que pasaría justo por este lugar exacto.
Se acerca lentamente, con la respiración contenida.
Voy a hacer una tirada de rapidez, intentando alejarme rápidamente del altar antes de caer nuevamente en una trampa.
Tirada de dados: 1, 1 y 2.
Fracaso parcial.
¿El altar estaba allí anoche y no lo vio o realmente no estaba allí? El objeto que descansa sobre la piedra es demasiado familiar, demasiado personal para ser una coincidencia. Saria lo reconocería en cualquier parte: un pequeño adorno de coral, con perlas diminutas incrustadas a lo largo de su superficie. Ella misma lo talló hace años. Lo regaló con sus propias manos.
A él. A su amor. Al hombre que perdió cuando tuvo que huir. Saria se niega a recordar su nombre.
El mundo a su alrededor se vuelve extrañamente silencioso.
«¡Corre!»
Su instinto le grita que huya. Se gira y da un paso atrás, luego otro. Pero en el momento en que sus pies tocan la hierba fuera del altar… el suelo cede ligeramente, como si algo hubiese cambiado en la realidad misma. Se oye un sonido, un murmullo en el viento y la tierra exhala una niebla oscura, espesa y fría. Saria siente cómo la niebla se aferra a sus piernas, como manos invisibles que intentan detenerla.
Y entonces, lo escucha. Su voz.
—Saria… ¿por qué huyes?
Saria se congela.
La voz es real. No un eco, no un susurro en su mente. Es su voz. El tono exacto. La forma exacta en que pronunciaba su nombre.
«No. No puede ser. ¡Corre!».
Pero su cuerpo se siente pesado. Cada paso se vuelve más difícil. Y cuando parpadea… el bosque desaparece. Vuelve a estar en Azul Profundo. Las pasarelas flotantes reflejan la luz. Las estructuras de coral se alzan imponentes a su alrededor. Es real. Está allí, de regreso, como si nunca se hubiese ido. Y frente a ella, en la orilla de las pasarelas, él la mira con tristeza. El mismo rostro, la misma mirada, pero sus ojos…
—¿Por qué me dejaste? —pregunta, su voz llena de una pena infinita.
Saria cierra los ojos con fuerza. «No es real. No es real.» —¡NO ES REAL! — y con un grito desgarrador, rompe la ilusión.

El bosque regresa y la niebla se dispersa. Saria jadea, con el corazón latiendo desbocado en su pecho. En algún momento ha caído al suelo sobre sus manos. Su piel está fría. Ya no está en Azul Profundo. Ya no está con él. Nunca lo estuvo. Y sin embargo…
La voz sigue resonando en su mente.
—¿Por qué me dejaste?
El eco de la pregunta sigue resonando en su mente.
—¿Por qué me dejaste?
Y esa pregunta, ahora, le duele más que nunca. Saria quiere ignorarlo. Quiere seguir adelante, olvidar la visión y fingir que no ha sucedido nada. Pero no puede. No puede simplemente dejar ese altar atrás sin saber quién lo puso allí. No puede permitir que su pasado la atrape en la confusión sin buscar respuestas. Así que vuelve.
Camina despacio hacia el altar, con los sentidos en alerta. El pequeño objeto de coral y perlas sigue allí, tal y como lo vio antes. Pero ahora nota algo más: hay un símbolo grabado en la piedra, uno que reconoce al instante: el símbolo de la Orden del Mar.
Su corazón se acelera.
La Orden. Los guardianes del conocimiento más antiguo de Azul Profundo. Los mismos que protegían el secreto del Artefacto de las Mareas. Los mismos que quizás no quieren que Saria lo encuentre. No puede ser una coincidencia.
Saria inspira profundamente. Por primera vez en mucho tiempo, siente que las piezas comienzan a encajar. Extiende la mano y toma el objeto de coral del altar. Al contacto con su piel, el frío del coral la recorre como un escalofrío, real, tangible. Lo gira entre sus dedos, sintiendo las marcas dejadas por el tiempo.
Lo guarda y se marcha. No puede quedarse más tiempo aquí. Desaparece entre los árboles.
Ahora no es la misma. Un dolor pesa en lo más profundo de su corazón. Una duda se ha instalado en su mente. ¿Y si nunca debió de dejar Aguas Profundas?¿Tan importante fue aquello por lo que partió?

Estadísticas finales
Tiradas de dados: 4. Puntuación Omén: 12. Día desfavorable.

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 4 | Días favorables | 5 |
| Rapidez | 3 | Días desfavorables | 3 |
| Fortaleza | 4 |
Saria tiene morriña de su pasado. Supongo que esto no le viene bien a su cabecita…
Hasta luego, gente!
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