Comencemos con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 7.
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Estadísticas iniciales

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 2 | Días favorables | 5 |
| Rapidez | 2 | Días desfavorables | 1 |
| Fortaleza | 3 |
El desafío de las cartas

Los corazones sugieren tierras de cultivo, prados, páramos. Una clave. Curiosidad. Consecuencias tardías. Un ejército. Una trampa. Una acusación. Un mal funcionamiento. Un reflejo del amor perdido del vagabundo.
Como el valor es 10, el desafío es grande.
Desarrollo
La humedad del túnel aún se aferra a la piel de Saria cuando finalmente sale al exterior.
El sol se ha levantado, pero su calor no llega hasta el bosque en el que se encuentra. Los árboles son altos y retorcidos, con raíces nudosas que emergen de la tierra como manos atrapadas en una pesadilla. El camino que ha tomado es irregular, apenas un rastro dejado por viajeros que pasaron hace mucho tiempo.
Saria avanza entre los árboles. El bosque es denso, con una humedad pegajosa que se aferra a su piel. Las hojas crujen bajo sus pies, y el sonido de la brisa entre las copas de los árboles es lo único que la acompaña. Ha dejado atrás el pueblo, la niebla y las miradas sospechosas. Pero no el peligro. La bestia sigue ahí, en algún lugar.
Y entonces, todo cambia. El aire se vuelve más ligero. El suelo se siente distinto.
Cuando parpadea, ya no está en el bosque.

Azul Profundo la envuelve como un sueño imposible. Las estructuras de coral relucen bajo la luz dorada del océano. Las calles se extienden como siempre lo hicieron, con el agua salada reflejando las luces de los templos y mercados.
Saria se queda inmóvil. No puede ser. No puede estar aquí.
Entonces, una voz la llama.
—Saria…
Ella gira con brusquedad.
Y ahí está él. El hombre que dejó atrás. El hombre al que abandonó cuando tuvo que huir.
Su expresión es de pura alegría, su voz vibrante con emoción. No hay ira en sus ojos, ni resentimiento.
—Por fin has vuelto. —Se acerca con calma, con ternura—. Te he esperado.
Saria no puede moverse. Su mente le dice que es imposible, pero su corazón se tambalea.
Él toma sus manos, con la misma calidez de siempre. Es real.
—No pasó nada, Saria. Nada ha cambiado. —Le sonríe con dulzura—. Podemos seguir desde donde lo dejamos.
Saria siente su mundo tambalearse. Su mente le dice que algo no está bien. Pero su corazón… Su corazón quiere creer.
Entonces, la perla en su bolsillo late.
Bum.
El golpe la sacude. Su piel se eriza.
Bum.
Una advertencia.
Vamos ha hacer una tirada de fortaleza, para ver si Saria consigue resistir la emoción y mantenerse firme a la realidad.
Tirada de dados: 4, 2 y 3.
¡Éxito absoluto!
Saria ignora la advertencia de la perla. No quiere dudar. No esta vez. El hombre frente a ella es él. Su amado. Aquel que dejó atrás en Azul Profundo. Aquel que nunca pensó volver a ver.
Da un paso adelante. Luego otro. Hasta que él la envuelve en sus brazos, con un abrazo cálido, fuerte, real.
—Ya puedes quedarte. —susurra contra su oído—. Nada más importa.
Saria cierra los ojos por un instante, permitiéndose el alivio, la paz, la ilusión.
Pero entonces…
Bum.
La perla vuelve a latir.
Bum.
Más fuerte esta vez. Como un latigazo.
Saria siente una punzada de incomodidad y abre los ojos para mirarlo a él. Y entonces lo ve. Su rostro es el mismo. Su voz es la misma. Pero sus ojos… Sus ojos están vacíos. No hay emoción. No hay vida. No son sus ojos.
La frialdad la golpea de inmediato. El calor de su abrazo ya no es reconfortante. Es una prisión.
Saria se aparta con violencia y da un paso atrás, con el corazón martilleándole en el pecho. Sus manos tiemblan.
—Tú… no eres él.
Él sonríe.
—¿De que estás hablado? —pregunta con dulzura.
Pero ahora su voz suena hueca.
El mundo se distorsiona.
El agua reluciente de Azul Profundo se oscurece. Las luces se apagan una a una. Las pasarelas flotantes se desmoronan en la nada. Y en un parpadeo… Saria está de vuelta en el bosque. Está sola.
Mira a su alrededor. El suelo a su alrededor está cubierto de hongos, formando un círculo perfecto. Un Círculo de Hadas. Un antiguo lugar de magia. Una trampa para quienes no saben ver más allá de las ilusiones. Las diminutas setas parecen parpadear débilmente, como si fueran un eco de la ilusión de la que acaba de escapar.
Si hubiera caído en la trampa…
No quiere pensarlo.
Da un paso atrás, sintiendo que algo invisible la empuja hacia afuera, como si la magia del Círculo la dejara ir ahora que ha rechazado la ilusión.

El bosque se cierra a su alrededor, oscuro y húmedo, pero real. Cada paso sobre el suelo cubierto de hojas y raíces le devuelve la sensación de estar en su propio cuerpo. De estar despierta.
Pero su mente sigue atrapada en lo que vio. No era él… pero se sentía como él. ¿Tanto lo añora que quiso creer esa mentira? El pensamiento le pesa en los hombros, pero no tiene tiempo para lamentarse.
Tiene que encontrar un lugar donde descansar.
Camina un buen rato.
No sabe si la bestia sigue cerca. No escucha nada más que el sonido de sus propios pasos y el canto lejano de alguna criatura nocturna. La niebla sigue allí, pero menos densa. Solo una bruma fría que roza la piel.
Y entonces, lo ve. Un árbol. Un árbol perfecto para descansar: enorme, antiguo y hueco. Sus raíces gruesas se retuercen sobre el suelo y su tronco es tan ancho que podría caber dentro de él con facilidad. El hueco en su base es oscuro, pero seco.
Saria se acerca lentamente, asegurándose de que no haya peligro.
Mete la cabeza en el interior. Solo tierra, algunas hojas secas y el aroma a madera vieja. Y por primera vez en todo el día, siente alivio. Entra, acomodándose contra la pared rugosa del árbol. Se abraza las rodillas, cerrando los ojos por un momento. Siente la respiración de bosque a su alrededor, cómo el viento sopla suavemente entre las ramas. El gran árbol la protege del frío.
No sabe cuánto tiempo tiene antes de que algo más la encuentre. Pero por ahora, solo por esta noche… está a salvo.

Estadísticas finales
Tiradas de dados: 9. Puntuación Omén: 10. Día desfavorable.

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 3 | Días favorables | 5 |
| Rapidez | 3 | Días desfavorables | 2 |
| Fortaleza | 3 |
Saria tiene morriña de su pasado. Supongo que esto no le viene bien a su cabecita…
Hasta luego, gente!
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