Comencemos con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 5.
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Estadísticas iniciales

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 3 | Días favorables | 4 |
| Rapidez | 1 | Días desfavorables | 0 |
| Fortaleza | 2 |
El desafío de las cartas

Las picas sugieren Bosques, acantilados, desiertos. Un cambio repentino en el clima. Restos. Una emboscada. Un juramento. Un malentendido. Dudas y desesperación. Una extraña bestia. Un enfrentamiento con la sombra del vagabundo.
Como el valor es 6, el desafío es medio.
Desarrollo
Saria camina por el pueblo con la sensación de que su presencia pesa más que el día anterior.
Los rumores no han desaparecido del todo. Algunas personas la miran con desconfianza, otras simplemente la evitan. No es hostilidad abierta, pero es suficiente para hacerle entender que, aunque logró cambiar la historia, no ha sido suficiente para limpiar su nombre por completo.
Está a punto de girar una esquina cuando una voz áspera y familiar la detiene.
—Nunca imaginé volver a verte. Y mucho menos, así.
Saria se gira y encuentra a un anciano de piel curtida por el sol y el salitre, con una barba desordenada y ojos grises que la observan con un brillo severo. Su rostro le resulta vagamente familiar. Él no le da tiempo a hablar.
—Me preguntaba si algún día cumplirías tu palabra. Pero ya veo que la olvidaste en cuanto tocaste tierra firme.
Saria entrecierra los ojos, pero no responde de inmediato. El anciano no parece querer atacarla, pero hay una tensión en su voz.
—¿Nos conocemos? —preguntas con cautela.
El hombre deja escapar una risa amarga.
—¿Así que también olvidaste mi cara? Me llamo Gavron, y hace tiempo me diste tu palabra en un barco que cruzaba las Aguas Profundas.
Saria recuerda. Era un viaje duro, en una embarcación que se dirigía hacia la superficie, cuando ella aún estaba adaptándose a la vida fuera del océano. Gavron era uno de los tripulantes. Un hombre de mar, alguien que confiaba en la palabra dada tanto como en la corriente del agua.
Él cruza los brazos.
—Me prometiste que si alguna vez llegabas a un pueblo con una buena taberna, me pagarías una ronda con la primera moneda que ganaras en tierra firme.
Saria parpadea. No es un juramento de vida o muerte. No es un voto sagrado ni una deuda de sangre. Pero es una promesa que hizo en un momento en el que se estaba aferrando a algo para no sentirse perdida. Y nunca la cumplió. No por malicia, sino porque la vida la arrastró a un torbellino de eventos. Nunca pensó que volvería a cruzarse con alguien de aquel barco.
Pero aquí está Gavron, mirándola con decepción.
Saria prefiere reírse y tomárselo con confianza, llevándolo a la taberna de inmediato para demostrarle que nunca ha sido una mentirosa. Para ello, vamos a utilizar vitalidad.
Tirada de dados: 2, 2 y 3.
Exito parcial.
Saria lanza una carcajada, una risa sincera y fuerte que sorprende a Gavron y a algunos de los presentes en la calle.
—¡Por las mareas, tienes razón! —exclama, golpeando al anciano suavemente en el hombro—. Te debo una ronda y más. Vamos ahora mismo a saldar mi deuda.

Gavron la observa con los ojos entrecerrados, como si buscara signos de burla en su rostro. Pero no los encuentra. Saria habla con la misma energía con la que había hecho la promesa años atrás.
Él resopla y sacude la cabeza.
—Bueno, al menos no intentaste huir de tu palabra.
—Nunca lo haría. Solo necesitaba que alguien me lo recordara.
Los dos se dirigen a la taberna. La atmósfera es más relajada. Se sientan en una mesa de madera junto a la chimenea. Saria paga la ronda y escucha a Gavron contar historias de su tiempo en el mar. Sin embargo, la conversación no tarda en girar en su contra.
—Sabes… —dice Gavron después de un largo trago—. No todos en este pueblo olvidan los rumores tan fácilmente.
Saria levanta una ceja.
—¿A qué te refieres?
El anciano apoya los codos sobre la mesa y la mira con seriedad.
—Pagar una ronda está bien. Aclara que tienes palabra. Pero hay quienes creerán que lo de la taberna es solo un truco para limpiar tu imagen.
Saria siente el peso de sus palabras.
—Algunos aquí aún piensan que eres peligrosa. Que trajiste problemas contigo.
Saria entrecierra los ojos.
—¿Y tú qué piensas?
Gavron se encoge de hombros.
—No lo sé. Pero sé que, en este pueblo, cuando la gente teme algo… actúa.
Saria no responde de inmediato. No ha limpiado su nombre por completo. Solo ha desviado la atención por un momento. Si se queda demasiado tiempo en este pueblo, alguien podría decidir que no vale la pena darle el beneficio de la duda.
Estadísticas finales
Tiradas de dados: 7. Puntuación Omén: 6. Día favorable.

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 2 | Días favorables | 5 |
| Rapidez | 1 | Días desfavorables | 0 |
| Fortaleza | 2 |
Va siendo hora de abandonar el pueblo. Si se queda demasiado tiempo, alguien podría decidir actuar contra ella.
Hasta luego, gente!
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