Her Odyssey. Partida 1. Día 43. El mar reclama.

Seguimos con la historia con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 43.

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Estadísticas iniciales

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad5Días favorables25
Rapidez2Días desfavorables17
Fortaleza2Esperanza13

El desafío de las cartas

3 de Corazones

Los corazones sugieren tierras de cultivo, prados, páramos. Una clave. Curiosidad. Consecuencias tardías. Un ejército. Una trampa. Una acusación. Un mal funcionamiento. Un reflejo del amor perdido del vagabundo.

Como el valor es 3, el desafío es bajo.

Desarrollo

Cuando los primeros rayos del sol comenzaron a teñir el horizonte de tonos dorados y anaranjados, Veyne finalmente cedió al agotamiento. Su cuerpo ya no podía pelear más contra el vaivén del barco, y se quedó profundamente dormido en el pequeño camarote que compartía con Saria. Ella lo miró por un momento, divertida. El hombre que siempre tenía una respuesta afilada, siempre en guardia, ahora dormía profundamente, con el ceño relajado. Con una sonrisa, se levantó con cuidado y salió del camarote.

Afuera, el aire era fresco, salado, limpio. El sol se alzaba lentamente sobre las aguas, reflejando su luz en la superficie del mar como un espejo en movimiento. No había tierra a la vista, solo agua en todas direcciones. Un vasto mundo de azul y espuma, que se extendía más allá del horizonte, más allá de lo que los ojos podían ver. Inhaló profundamente, dejando que el viento marino llenara sus pulmones. Había pasado demasiado tiempo fuera del mar, y no se había dado cuenta de cómo lo había echado de menos. Todo era tan vasto y libre como lo recordaba.

Una voz interrumpió su momento de paz.

—No esperaba encontrar a otra alma de Aguas Profundas en este viaje.

Saria se giró ligeramente, encontrándose con un hombre de mediana edad, de piel curtida por el sol y ojos agudos de navegante experimentado. Tenía una mirada llena de curiosidad.

—¿Nos conocemos?— preguntó Saria.— El hombre sonrió de lado. — ¿De dónde?

—He pasado un tiempo en Aguas Profundas recientemente —dijo el navegante, apoyándose en la baranda junto a ella—. Y tu nombre aún se murmura en algunos rincones.— el hombre miró al horizonte y suspiró —Las cosas han cambiado.

Saria parpadeó.

—¿Qué quieres decir?

El navegante se quedó en silencio un momento, el viento agitando su cabello salpicado de canas.

—Desde el incidente, la Orden del Mar ha tomado la ciudad.

—¿Cómo de grave es?— la inquietud se dejó entrever en el tono de Saria.

El hombre sacudió la cabeza, con pesar.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

—No es la Aguas Profundas que recuerdas. Ahora todo está bajo estado de sitio. Los soldados patrullan las calles a todas horas y las tabernas ya no son refugios, sino trampas. La gente teme salir de sus casas, y no dejan que los niños jueguen en las calles.

Saria apretó los puños sobre la baranda.

—Es… triste.

—Sí. Lo es.— dijo asintiendo el navegante.

Ese no era el hogar que Saria recordaba. Pero lo peor era que sabía quién tenía la culpa: Dagon y la Orden del Mar. Todo estaba cambiando, y no para bien.

El navegante volvió a mirarla con atención.

—Y dime, ¿es cierto lo que dicen de ti?

Tirada de dados

Saria giró lentamente la cabeza.

—¿Y qué dicen?

El hombre sonrió apenas.

—Que fuiste la única que se atrevió a desafiar a la Orden.

—Sí.— No tenía por qué esconderse…

El navegante sonrió levemente, como si esperara esa respuesta.

—Eso pensé. No muchos pueden decir lo mismo y seguir respirando.

Saria se volvió hacia el mar, su mirada fija en el horizonte.

—No fue valentía. Fue lo que tenía que hacer.

—Eso dicen los héroes.

Saria soltó una risa seca.

—No soy un héroe.

—Bueno, la gente cuenta historias de héroes y villanos. Pero la verdad siempre es más complicada, ¿no? — dijo el navegante encogiéndose de hombros.

—No sé si mi historia es de un héroe o un villano — respondió, con voz baja. Se giró hacia él —¿Y tú? ¿Qué opinas?

El hombre la miró con curiosidad.

—Aún no lo sé. Pero creo que estoy en el mejor lugar para averiguarlo.

La conversación se interrumpió de golpe. La perla ardió contra la piel de Saria. No con calor, sino con una vibración que la atravesó como un pulso de energía.

El navegante notó el cambio en su expresión.

—¿Qué ocurre?

Ella ya no lo escuchaba. Toda su atención se centraba en el latir de la perla, y sin pensarlo, se llevó la mano hacia ella, sintiéndola más aún. Y entonces, todo el barco lo sintió. La cubierta entera sufrió un estremecimiento, leve pero inconfundible. Los marineros se quedaron paralizados, con el miedo reflejado en sus caras, mirándose unos a otros. Y en la lejanía, las aguas comenzaron a moverse de forma extraña. El sonido de unos pasos apresurados en la madera anunció la llegada de Edric, que salió a cubierta con el ceño fruncido.

—¡Es demasiado pronto! —exclamó, mirando a Saria con urgencia—. No deberíamos estar tan cerca.

Pero lo estaban.

Los marineros se acercaron a la borda, asomándose con cautela. Las aguas, que antes eran de un azul profundo, ahora brillaban con un tono verdoso y opaco, como si algo se moviera en su interior. Los que tenían buena vista, pudieron distinguir estructuras allí abajo. A medida que el barco avanzaba lentamente, bajo la superficie comenzaron a revelarse siluetas que no pertenecían al fondo del océano: Torres rotas, caminos de piedra cubiertos de algas, grandes estructuras encadenadas a enormes pilares sumergidos, y figuras, sombras humanoides moviéndose bajo el agua. No nadaban como peces, no se deslizaban como criaturas del mar, sino que parecían caminar por las ruinas sumergidas.

Se oyó la voz de uno de los marineros con voz temblorosa:

—Dioses… eso es una ciudad.

Edric apretó la mandíbula, mirando el agua con ojos afilados.

—No… eso es un cementerio.

Los gritos de socorro cortaron el silencio de la tripulación. Un marinero se persignó rápidamente. Otro murmuró una oración en voz baja.

—Son espíritus. —susurró uno de los más ancianos—. Almas que buscan arrastrarnos con ellas.

Algunos comenzaron a hacer gestos de protección contra el mal, evitando mirar el agua directamente.

—¡No vienen de la ciudad! —gritó el vigía, bajando del mástil con rapidez—. ¡Por el otro lado del barco, tablones a la deriva!

La tripulación se giró de inmediato. A la deriva, flotaban restos de madera astillada y trozos de embarcación destrozada, y entre ellos había cuerpos. Algunos yacían inmóviles sobre los tablones, como si el mar ya los hubiera reclamado.Pero otros se aferraban con desesperación, pidiendo ayuda.

—¡Maldita sea, son supervivientes! —exclamó Edric—. ¡A trabajar, todos!

Los marineros reaccionaron al instante, lanzando cabos y bajando en botes de la embarcación para rescatarlos. El viento soplaba fuerte sobre la cubierta, haciendo ondear las velas y trayendo consigo el olor salado del mar… y de la muerte. Los marineros trabajaban con rapidez, sacando del agua a los náufragos, sin fijarse demasiado en quiénes eran. Eric y Saria se quedaron paralizados un instante al ver los colores de sus uniformres: los colores de la Orden del Mar.

No había tiempo para titubear. Los soldados estaban en un estado deplorable. Ateridos de frío, con los labios azulados, las miradas perdidas, los cuerpos temblando sin control. No podían ni hablar. El miedo en sus ojos era demasiado real para ignorarlo.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

Y entonces, Saria lo vio tumbado en la cubierto, entre los cuerpos rescatados.

—¡Aren!—El grito de Saria rompió el caos.

Corrió hacia él sin pensarlo. Su piel estaba fría como el hielo, pero todavía respiraba, de una forma apenas perceptible, pero era él, era Aren, y estaba vivo.

—¡Necesito ayuda! —gritó, su voz temblando entre la desesperación y el alivio.

Varios marineros se apresuraron a levantarlo. Saria les indicó su camarote.

—Llevadlo allí. ¡Ahora!

Edric miró la escena con incredulidad.

—¿Cómo diablos terminó aquí?

Saria no tenía respuestas, pero ahora mismo, no le importaban. Aren estaba vivo.

Los marineros llevaron a Aren con cuidado al camarote de Saria. Cuando entraron, Veyne se despertó de golpe.

—¿Qué demonios…? —Su voz aún estaba ronca por el cansancio, pero cuando vio a Aren, sus ojos se abrieron de par en par.

—¡Mierda!

Se levantó de inmediato, ayudando a acomodarlo en el catre. Saria se inclinó sobre él, tocándole el rostro. Su piel seguía helada. Pero estaba vivo, débil e inconsciente, pero vivo. Veyne miró a Saria, aún en shock.

—¿Cómo…?

—No lo sé.

Mientras tanto, en la cubierta, los soldados de la Orden que habían sido rescatados estaban envueltos en mantas, sosteniendo tazas de caldo caliente. Las cocinas del barco habían preparado algo rápido para hacerlos entrar en calor. El líquido caliente devolvió algo de color a sus rostros, pero no su cordura. No hablaban, no reaccionaban a las preguntas. Solo temblaban. Algunos apretaban las mandíbulas con tanta fuerza que parecía que sus dientes fueran a romperse. Algunos de ellos ni siquiera bebían su caldo, solo miraban hacia el mar, como si vieran algo que los demás no podían ver.

Edric se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—Esto no me gusta nada.

Veyne se sentó junto a Aren, observando su respiración débil.

—Saria… ¿y si él tampoco despierta?

Saria apretó los labios.

—Lo hará. Tiene que hacerlo.

Pero Aren no despertó. Saria lo vigiló durante horas, esperando, suplicando que abriera los ojos. Pero nada. Su respiración era débil, constante, pero su piel seguía fría. En su rostro no había expresión alguna, como si estuviera atrapado en algún lugar al que ella no podía alcanzarlo.

Mientras tanto, el barco continuaba su rumbo, persiguiendo a la Ciudad Hundida, pero sin acercarse demasiado. Porque la ciudad se movía. Era como una bestia dormida que se deslizaba bajo el agua, sus torres hundidas apenas visibles entre las sombras del mar. No era un naufragio antiguo ni ruinas muertas. Era algo vivo, algo que respiraba.

El resto de los soldados rescatados seguían sin decir una palabra. Algunos incluso murieron con la mirada fija en el mar, sin soltar un grito o un suspiro final, sin luchar. Solo se desplomaron. Los cuerpos fueron arrojados por la borda con solemnidad. Pero ni siquiera eso hizo reaccionar a los supervivientes. Era como si ya estuvieran muertos.

Estadísticas finales

Tiradas de dados: 5. Puntuación Omén: 3. Día favorable.

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad5Días favorables26
Rapidez2Días desfavorables17
Fortaleza1Esperanza13

¿Y estos jinetes que la buscan? No hay duda que iban tras de ella… ¿y la visión del anciano de la perla?

Hasta luego, gente!

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