Seguimos con la historia con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 41.
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Estadísticas iniciales

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 5 | Días favorables | 23 |
| Rapidez | 4 | Días desfavorables | 17 |
| Fortaleza | 2 | Esperanza | 13 |
El desafío de las cartas

Los corazones sugieren tierras de cultivo, prados, páramos. Una clave. Curiosidad. Consecuencias tardías. Un ejército. Una trampa. Una acusación. Un mal funcionamiento. Un reflejo del amor perdido del vagabundo.
Como el valor es 2, el desafío es bajo.
Desarrollo
El amanecer llegó demasiado rápido. Saria se levantó con la salida del sol, sin necesidad de ser despertada. Veyne se estiró con un quejido.
—Demonios… podrías haberme dicho que las mantas de la mujer sabia venían con maldiciones para la espalda.
Ninguno de los dos se había percatado de la presencia de la anciana, que estaba en un rincón de la sala observándolos.
—Tu espalda no está maldita. Solo eres débil.— dijo la anciana.
—Es hora de partir. Muchas gracias por todo.— le dijo Saria mientras se ajustaba su equipo.
—No os desearé suerte.
Saria se detuvo.
—¿Por qué?
La anciana se inclinó un poco más hacia ellos.
—Porque si necesitáis suerte en Bahía de los Condenados… entonces ya estáis muertos.
La anciana los observó desde su mesa, tranquila pero atenta. Cuando Saria y Veyne se acercaron a la puerta para marcharse, la mujer habló por última vez.
—Recordad lo que os dije.
—¿Algo más? ¿O solo estás intentando que tengamos pesadillas en el camino?— dijo Veyne con su habitual sarcasmo.
La anciana soltó una leve risa.
—Ya os dije suficiente. Pero tened cuidado en Bahía de los Condenados.— Sus ojos se oscurecieron por un instante.— No todo el que os ofrece un barco… espera llevaros de vuelta.
—Lo sabemos.— dijo Saria.
La anciana asintió, como si hubiera esperado esa respuesta.
Y entonces, salieron.

El camino hacia el siguiente puerto se extendía frente a ellos, largo y solitario. Avanzaban sin prisa, pero sin pausa. La Bahía de los Condenados aún estaba a dos jornadas de distancia, por lo que tendrían que pasar alguna noche en el camino.
Cuando el sol comenzó a descender, encontraron un claro lo suficientemente apartado del camino para evitar miradas indeseadas. Encendieron un fuego pequeño, lo justo para calentarse sin llamar la atención. La noche cayó sobre ellos, envolviendo el campamento en sombras y en un fuego que ardía con suavidad.
Saria miraba las llamas, pero su mente estaba en otro lugar, o más bien, con otra persona: Aren. No importaba cuánto tratara de ignorarlo, convenciéndose de que la decisión estaba tomada, porque seguía ahí, pesando en su conciencia como una piedra. Finalmente, no pudo más.
—Me siento fatal por haberlo dejado. — Veyne, que estaba acostado con los brazos detrás de la cabeza, se tensó de inmediato. Saria continuó, a media voz. —Deberíamos haber intentado algo. Quizás podríamos haber…
—No.
La dureza de su voz le cortó las palabras de golpe. Veyne se incorporó con el ceño fruncido.
—Ya está hecho, Saria. No lo volvamos a hablar del tema, por favor.
—Pero…
—¡No!
Saria se calló. Veyne no solo estaba enfadado, sino también dolido. Se pasó una mano mesándose los cabellos y respirando hondo. Cuando volvió a hablar, su voz era más baja, no tan hiriente.
—¿Sabes qué habría pasado si hubiéramos ido tras él?
Silencio.
—Estaríamos muertos los tres.— dijo Veyne mientras la miraba fijamente y negaba con la cabeza. Saria desvió la mirada, con la mandíbula apretada. Eso ya lo sabía, pero lo lo hacía más fácil. — No quiero volver a hablar de esto. Aren está muerto para nosotros.
Y con esas palabras, se dio la vuelta y cerró los ojos. Saria se quedó quieta. Sabía que Veyne también lo extrañaba aunque no lo dijera en voz alta. Él ya lo había enterrado en su corazón, pero ella no estaba segura de poder hacerlo. Se abrazó a sí misma mirando el fuego danzar. Al cabo de unos minutos, sintió un leve movimiento a su lado, y entonces, Veyne se acercó.
Vamos a intentar reconciliarnos con Veyne haciendo una tirada de vitalidad.
Tirada de dados: 1, 2, 3, 3 y 4.
¡Éxito absoluto!
—Lo siento. — Saria giró la cabeza y lo miró con sorpresa. Veyne suspiró, pasando una mano por su rostro. —Fui un idiota. No tenía que hablarte así.— Saria parpadeó, sin saber qué decir. —Yo solo… —Veyne dudó, buscando las palabras—. Yo también estoy hecho polvo por lo de Aren.
Saria sintió un nudo en la garganta.
—Pero no lo dices.
—Porque no sirve de nada. —Veyne la miró con sinceridad—. No podemos hacer nada por él ahora.
—Pero eso no hace que duela menos.
—No. No lo hace.— respondió Veyne, mirando las llamas.

Entonces, Veyne se acercó más a ella, sin decir nada, sin intentar consolarla con palabras vacías. Simplemente se quedó allí, cerca. Y Saria, por primera vez en días, sintió que no estaba sola con su dolor. Se dejó caer contra Veyne, apoyando la cabeza en su hombro. Él no se apartó, sino que suspiró y la abrazón con fuerza.
—¿Crees que encontraremos un barco en esa maldita bahía?
Saria tardó en responder.
—No lo sé.
—Fantástico.
Silencio.
Se abrazaron y descansaron juntos. Kaelthar, que había permanecido en silencio, se acomodó junto a ellos, ofreciendo su calor y su cuerpo como almohada.
Saria cerró los ojos por un instante, solo un segundo, y entonces, sintió el agua. Agua fría, oscura, llena de susurros. Abrió los ojos y vio en océano extendiéndose ante ella. Las olas eran negras, y bajo su espuma, algo se movía. Era una sombra inmensa, con un ojo abríendose desde las profundidades y clavando su vista en ella. Y luego llegó la risa, una risa ya conocida, la risa de Lysandre.
Saria despertó con un jadeo, el pulso acelerado. El fuego aún ardía, tenue y parpadeante, y Veyne seguía dormido. Todo había sido una pesadilla.
Volvió a quedarse dormida en poco tiempo, esta vez sin sueños.

Estadísticas finales
Tiradas de dados: 13. Puntuación Omén: 2. Día favorable.

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 4 | Días favorables | 24 |
| Rapidez | 4 | Días desfavorables | 17 |
| Fortaleza | 2 | Esperanza | 13 |
No vamos muy bien de ánimos… y eso que ya están a punto de encontrar su objetivo…
Hasta luego, gente!
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