Seguimos con la historia con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 37.
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Estadísticas iniciales

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 5 | Días favorables | 21 |
| Rapidez | 4 | Días desfavorables | 15 |
| Fortaleza | 3 | Esperanza | 13 |
El desafío de las cartas

Los tréboles sugieren tierras baldías, montañas, mar. Una maldición. Un cambio repentino de terreno. Un crimen. Un umbral. Codicia. Un extraño necesitado. Un idioma desconocido. Un desastre natural.
Como el valor es 13, el desafío es el máximo.
Desarrollo
Saria se despertó con la determinación de contarle todo a Edric. La existencia de la perla, Kaelthar, su fiel protector, qué es lo que estaban buscando y como habían conseguido reunir toda esa información… Ya no había vuelta atrás. Si iban a seguir con él, debía conocer cada parte de la historia.
Cuando salió al pasillo, vio a un sirviente pasar y le preguntó con calma:
—¿Dónde se sirve el desayuno?
El hombre, muy educado, se inclinó con respeto y la guió a través de la casa. Cuando entró en la sala del desyuno, sus ojos se desviaron irremediablemente a algo que había colgado en la pared… el distintivo de la Orden del Mar, colgado, como si fuese un trofeo.
El gobernador de Velmanar tenía conexiones con la Orden, por lo que su llegada seguramente ya había sido puesta en conocimiento de la Orden. No podían quedarse. Debía avisar a Veyne y a Aren de inmediato.
Antes de que pudiese moverse, le llegaron voces desde la entrada de la casa, un estruendo de puertas golpeando paredes, botas resonando sobre los suelos de mármol, y luego, una voz que Saria conocía demasiado bien.
—¡Edric Velhart!— La voz estridente, seductora y venenosa de Lysandre retumbó por toda la casa. —¡Pensaste que podías escaparte de mí tan fácilmente?!
Tenía que encontrar a Aren y Veyne, pero si dejaba la habitación la verían de inmediato, pero si no lo hacía, puede que Aren y Veyne no hubiesen oído a Lysandre y los capturarían…
Estaba atrapada.
Desde la entrada, la voz de Lysandre se alzó con su tono descarado y dominante.
—¡Vamos, Edric! No te hagas el difícil. Sabemos que estás aquí.
Un silencio tenso.
Luego, la voz de Edric, más controlada.
—Lysandre. Qué sorpresa… pensé que te habías quedado en el pueblo.

¿Edric se lo esperaba? ¿Los había traicionado? No podía ser, Edric no era estúpido, aunque tampoco era un héroe y, por supuesto, no eran amigos. Si lo acorralaban… haría lo que mejor sabía hacer: salvar su pellejo.
Desde la entrada, la voz de Edric resonó con su tono relajado, como si nada fuera anormal.
—Lysandre, querida… ¿por qué no nos sentamos a desayunar y hablamos como personas civilizadas?
Vamos a hacer una tirada de rapidez, a ver si Saria consigue escabullirse antes de que lleguen Lysandre y Edric a la sala del desayuno.
Tirada de dados: 1, 2, 2 y 4.
¡Éxito absoluto!
Edric no sabía que ella estaba en la sala del desayuno, pero estaba guiando a Lysandre directamente hacia ella. Se giró rápidamente y corrió hacia la ventana más cercana. Sus manos encontraron el pestillo. Lo levantó con cuidado para no hacer ruido. El cristal se deslizó con un chirrido bajo. Saria apretó los dientes y se deslizó fuera antes de que alguien pudiera notar el movimiento. La casa del gobernador era alta, pero no tanto como para que un salto fuera letal. Aun así… el suelo estaba lo suficientemente lejos como para que una caída mal calculada le costara caro. Pero no tenía opción. Se giró, tomó aire y saltó. Rodó sobre sí misma para absorber el golpe, sus manos rascándose contra la piedra del patio trasero de la casa. Pero estaba viva.
Se incorporó con rapidez y se ocultó en la sombra de un muro. Desde el interior de la casa, las voces de Edric y Lysandre seguían sonando. Aren y Veyne estaban atrapados allí. Ella tenía que salir de la ciudad para ponerse a salvo y confiar que ellos también lo hiciesen. También podría volver a por ellos más tarde, cuando tuviese alguna oportunidad.
No miró atrás. No podía. Cada paso fuera de la ciudad era un paso más lejos del peligro… y de Aren y Veyne. Se dirigió al bosque, con Kaelthar. Aren y Veyne sabrían donde encontrarla cuando escaparan. Él era su único punto de encuentro seguro. Corrió hasta que las calles de Velmanar quedaron atrás, hasta que los muros de la ciudad se perdieron en la distancia, hasta que el bosque la envolvió en su manto de sombras.
Kaelthar ya la estaba esperando cuando apareció entre los árboles. Se abalanzó sobre ella, no con violencia, sino con un entusiasmo salvaje. Su gran cuerpo la empujó hacia atrás con suavidad, su hocico presionando contra su rostro, su cola agitándose como un cachorro emocionado.
—Ya, ya… —Saria sonrió levemente, acariciando su pelaje grueso—. Estoy bien.
Pero entonces, Kaelthar se detuvo. Olisqueó alrededor de Saria, dio unas cuantas vueltas, buscando…
—Vendrán. —Saria le susurró, sin estar segura de si intentaba tranquilizarlo a él o a sí misma—. Vendrán.
El bosque se volvió un refugio inquieto. Saria intentó dormir, pero tuvo una noche cargada de pesadillas, en las que Lysandre, envuelta en un humo violáceo, con una sonrisa que no pertenecía a este mundo, reía. Su risa llenaba el aire como un veneno dulce, como si ya hubiese ganado.

Estadísticas finales
Tiradas de dados: 9. Puntuación Omén: 13. Día desfavorable.

| Estadísticas | Contadores | ||
|---|---|---|---|
| Vitalidad | 5 | Días favorables | 21 |
| Rapidez | 3 | Días desfavorables | 16 |
| Fortaleza | 4 | Esperanza | 13 |
Pues se acaba de quedar sola la moza…
Hasta luego, gente!
Her Odyssey. Partida 1. Día 36. La decisión.
Cuando el sol comenzó a despuntar en el horizonte, Edric aún no había llegado. Saria despertó con los primeros rayos…
Her Odyssey. Partida 1. Día 38. Decisiones difíciles.
Saria despertó sobresaltada, con la risa de Lysandre aún resonando en su mente. Aren y Veyne no habían acudido, no…