Her Odyssey. Partida 1. Día 36. La decisión.

Seguimos con la historia de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 36.

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Estadísticas iniciales

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad4Días favorables21
Rapidez3Días desfavorables14
Fortaleza4Estadísticas13

El desafío de las cartas

K de Diamantes

Los diamantes sugieren pueblos, ciudades. Una enfermedad. Una vivienda abandonada. Un falso amigo. Un espejismo o ilusión. Desconfianza. Rumores y mentiras. Un accidente. Una revelación.

Como el valor es 13, el desafío es extremo.

Desarrollo

Cuando el sol comenzó a despuntar en el horizonte, Edric aún no había llegado. Saria despertó con los primeros rayos de luz y, tras estirarse, miró el camino vacío.

—No apareció. —Veyne se acercó a ella, con los ojos aún algo pesados por el sueño.

Aren suspiró mientras estiraba los brazos.

—Bueno… supongo que eso significa que nos toca volver al pueblo.

Kaelthar se levantó y sacudió su pelaje, como si también supiera lo que venía.

—Vamos al pueblo.— dijo Saria mirando el sendero con el ceño funcido. Si lo había atrapado Lysandre, no encontrarían mucho de él.

Estaban a punto de partir cuando el sonido de pisadas en el camino llegó hasta ellos. Aren fue el primero en girarse, llevando la mano a su arma por instinto. Pero antes de que pudiera reaccionar del todo, Veyne lo vio.

—Bueno, mirad quién decidió aparecer.

Edric caminaba hacia ellos con paso tranquilo, como si no hubiera pasado nada. Su abrigo estaba polvoriento, su camisa algo arrugada, pero por lo demás, parecía entero. Los tres salieron al camino.

—Llegas tarde.— dijo Saria.

Edric sonrió con calma, aunque había un destello de cansancio en sus ojos.

—Lo sé. Pero fue por una buena razón.

Veyne lo miró con suspicacia.

—¿Te retrasaste porque te atraparon o porque estabas ocupado con algo más?

Edric rió entre dientes.

—Digamos que casi me atrapan.

Aren cruzó los brazos.

—Así que… ¿Lysandre te entretuvo?

Edric se encogió de hombros con naturalidad, pero Saria notó que su mandíbula se tensaba un poco.

—Digamos que no pasó desapercibido que un noble mercader se fuera del pueblo de repente —dijo con un aire despreocupado—. Pero logré salir antes de que me hicieran preguntas demasiado incómodas.— Edric miró a los demás y alzó una ceja. —¿Y vosotros? ¿Algo interesante en mi ausencia?

Veyne sonrió con ironía.

—Solo un barco hundido, un cofre vacío y un humo morado que probablemente nos maldijo a todos.

—Interesante.— dijo Edric.

—Hablemos mientras avanzamos. No quiero perder más tiempo aquí.— sugirió Saria suspirando.

Edric no tenía prisa en hablar, como si estuviera disfrutando de la tensión en el aire.

—Cuéntanos ya que ha pasado, Edric, no te hagas más de rogar. — le pidió Saria.

Edric sonrió con ese aire despreocupado suyo, pero en sus ojos había algo más esta vez.

—Tranquila, tranquila… Solo les estoy dando algo de dramatismo.

—No necesitamos más dramatismo en este momento, créeme.— resopló Veyne.

Edric alzó las manos en un gesto de paz.

—Muy bien, muy bien. Escuchen… cuando se fueron al bosque, las cosas en la posada se pusieron… interesantes. Poco después de la caída del sol, la posada se revolucionó. —Edric hizo girar su anillo en el dedo mientras hablaba—. Lysandre estaba furiosa.

—¿Por qué?— dijo Saria.

—Porque alguien había «profanado» el barco hundido.— dijo Edric sonriendo.

—Nosotros.— Aren levantó la mano en un gesto dramático.

—Exacto. Y ella lo sintió.— afirmó Edric.— Quería ir a los restos del barco hundido inmediatamente, y exigía que alguien del pueblo la acompañase para guiarla en la oscuridad de la noche. Amenazaba con ir sola si alguien no la acompañaba, y entonces, la Orden del Mar caería sobre el pueblo por no colaborar con la verdad.

—No sé qué da más miedo… que haya sabido que alguien estuvo allí o que haya querido ir sola. — dijo Aren.

—Dime que al menos algún idiota del pueblo la acompañó.— suspiró Veyne.

Edric negó con la cabeza.

—Nadie. Nadie se atrevió. Los lugareños se negaron en seco a ir con ella.

—Entonces fue con su ejército —dedujo Saria.

—Sí.— exclamó Edric — Y volvió horas después, malhumorada.

—¿No encontró lo que buscaba? —preguntó Aren.

—Parece que no.— respondió Edric encogiéndose de hombros.— Pero eso no significa que vaya a rendirse. Al regresar, se pasó media hora despotricando contra los lugareños, llamándolos cobardes y mediocres. Y luego… me vio.— y una sonrisa de picardía asomó a los labios de Edric.

Aren dejó escapar un bufido.

—¿yyyyyyy ?

Edric ladeó la cabeza, como si recordara el momento con una mezcla de diversión y peligro.

—Lo que esperaba. Me coqueteó descaradamente.— Edric apoyó un codo en su rodilla y dejó escapar un suspiro teatral. —Tengo que admitirlo… casi caigo.

—¿Casi? —repitió Veyne, con una ceja arqueada.

—Bueno, como bien saben… soy un hombre con cierto control.— continuó Edric.

Aren se rió por lo bajo.

—Claro, claro. Seguro que la rechazaste con un discurso heroico.

—No diría que la rechacé… más bien, fui hábil en salir de allí antes de que ella decidiera que quería devorarme.

—¿Y cómo lograste eso?— preguntó Saria.

Edric la miró con un destello divertido.

—Digamos que usé mi encanto para distraerla lo suficiente hasta que encontré una excusa para largarme.

—Casi mueres, Edric.— le dijo Saria. — Te avisamos de lo peligrosa que es.

—Pero no morí.— dijo Edrico con una gran sonrisa.

—Cambiando de tema. ¿Hacia dónde nos dirigimos? — preguntó Aren.

— Hacia Velmanar.— respondió Edric. — Es una ciudad impresionante y llena de oportunidades… y de barcos.

Tirada de dados

El viaje hacia transcurrió sin incidentes. Después de días de peligro, persecuciones y secretos enterrados, Velmanar se sintió como una bocanada de aire fresco. Era una ciudad portuaria vibrante, llena de vida. Barcos mercantes iban y venían del puerto, los muelles estaban repletos de comerciantes gritando ofertas y marineros descargando barriles con provisiones exóticas. Desde el momento en que entraron en la ciudad, Edric fue recibido como una celebridad.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

—¡Edric! —Un comerciante con un delantal manchado de harina lo saludó desde la puerta de su panadería—. Pensé que estabas en el extranjero.

—¡Edric Velhart! —Un grupo de marineros en el puerto le hizo un gesto mirando con obscenidad a Saria —. ¿De vuelta a las andadas?

Incluso una anciana vendedora de pescado le dedicó un gesto con la cabeza, murmurando:

—Siempre metido en problemas, ¿eh, muchacho?

Veyne le lanzó una mirada divertida.

—Bueno, bueno… parece que eres toda una estrella aquí.

Edric sonrió con autosuficiencia.

—¿Ya sabéis lo que se dice? Un hombre con buenos contactos puede entrar en cualquier ciudad sin preocupaciones.

Edric los guió directamente a la casa del gobernador, un edificio imponente, con columnas de piedra y estandartes ondeando en lo alto, dominando la vista desde la plaza central. El gobernador de Velmanar era un hombre mayor, de barba espesa y mirada aguda.

Al ver a Edric, sonrió ampliamente.

—¡Velhart! ¡Cuanto tiempo desde que no te pasabas por aquí!

Edric le tendió la mano con su típica sonrisa confiada.

—Negocios, ya sabes.

El gobernador asintió sin hacer más preguntas. Miró a los demás con curiosidad, pero no preguntó para veriguar quiénes eran. Si Edric los traía consigo, debían ser importantes.

—Son bienvenidos en mi casa.

Después de tantas noches en el bosque y en caminos peligrosos, tener un techo seguro sobre sus cabezas se sintió casi irreal. Aren se dejó caer en un sillón con satisfacción.

—Por fin, una cama decente.

Veyne miró a Saria con una sonrisa torcida.

—¿Sabes qué significa esto?

Saria arqueó una ceja.

—¿Qué?

Veyne extendió los brazos.

—Que, por primera vez en semanas, podemos dormir sin esperar que alguien nos intente matar.

Saria estaba inquieta, no conseguía dormir. El hecho de que no le habían contado toda la verdad a Edric la tenía inquieta. La travesía en barco era inminente, y Kaelthar los tendría que acompañar. Si Edric iba a ser parte de su historia, debía conocer a Kaelthar.

Tomó la decisión de hablarle a Edric sobre Kaelthar al día siguiente, sin más demoras. Y tras esta decisión, consiguió conciliar el sueño.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

Estadísticas finales

Tiradas de dados: 8. Puntuación Omén: 13. Día desfavorable.

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad5Días favorables21
Rapidez4Días desfavorables15
Fortaleza3Esperanza13

Demasiado bien están saliendo las cosas… miedo me da…

Hasta luego, gente!

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