Her Odyssey. Partida 1. Día 3. La Caza Comienza

Comencemos con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 3.

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Estadísticas iniciales

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad5Días favorables2
Rapidez1Días desfavorables0
Fortaleza3

El desafío de las cartas

4 de Corazones

Los corazones sugieren tierras de cultivo, prados, páramos. Una clave. Curiosidad. Consecuencias tardías. Un ejército. Una trampa. Una acusación. Un mal funcionamiento. Un reflejo del amor perdido del vagabundo.

Como el valor es 4, el desafío es leve.

Desarrollo

Después de dejar atrás el campamento de Eryon, Saria sigue su camino a través de las llanuras costeras. El cielo está despejado, y la brisa del mar aún se siente en el aire, aunque cada paso la aleja más de la costa.

Saria camina por la hierba alta, con el sol de la mañana calentando su espalda. A lo lejos, las olas del océano aún son visibles, pero su camino ahora la lleva tierra adentro.

El suelo aquí es irregular, con pequeñas colinas y senderos apenas marcados por los viajeros que han pasado antes que ella. Pero algo rompe la monotonía del paisaje: un destello entre la hierba.

Saria se detiene.

Se acerca con cautela y, al apartar los tallos dorados con las manos, descubre un objeto enterrado en la tierra.

Es un fragmento de concha nacarada, su superficie irisada reflejando los colores del cielo. Demasiado perfecta, demasiado familiar.

Saria la recoge con cuidado.

No es cualquier concha. Es un fragmento de Azul Profundo.

No puede ser una coincidencia.

Sus dedos recorren la superficie lisa y fría, y un recuerdo le golpea con fuerza: las pasarelas flotantes, las torres de coral iluminadas, la risa de alguien que alguna vez significó todo para ella… y el día en que tuvo que dejarlo atrás.

Tirada de dados

Saria sostiene el fragmento de concha en la palma de su mano, observando cómo la luz del sol resbala sobre su superficie nacarada, reflejando tonos azulados y dorados.

A simple vista, parece un trozo perdido de Azul Profundo. A medida que lo gira entre sus dedos, sus ojos entrenados notan el desgaste del tiempo en los bordes. No se rompió recientemente, sino que ha estado aquí durante años, quizás décadas.

Y entonces, lo ve. Marcas. Talladas a mano.

Las inscripciones son sutiles, apenas perceptibles a simple vista, pero están ahí. No son grietas naturales ni rasguños del viaje. Son símbolos, trazados con precisión en la capa lisa de la concha.

Saria frunce el ceño. Las formas le resultan familiares… No es el idioma común de Azul Profundo. Pero ha visto algo parecido en los antiguos textos de la ciudad. Inscripciones arcanas, utilizadas en rituales o advertencias.

Corre el pulgar sobre ellas, tratando de sentir la profundidad de los grabados. No es solo un fragmento de su hogar. Es un mensaje.

El viento marino sopla suavemente entre la hierba alta, como si el mundo esperara a que Saria descifrara el significado de su hallazgo.

Saria aprieta la concha en su mano. Aquí, en medio de la nada, no obtendrá respuestas.

Si el fragmento de concha realmente tiene un mensaje, necesitará a alguien que pueda interpretarlo.

Y no solo eso… también tiene la perla negra. Hasta ahora, ha sentido su presencia como un peso extraño en su bolsillo, pero sabe que no puede ignorarla para siempre.

Con una última mirada al horizonte, Saria reanuda su viaje.

El sol avanza en el cielo mientras camina. La costa ya no es visible detrás de ella, pero el terreno es amable: praderas ondulantes, con caminos de tierra y árboles solitarios salpicando el paisaje.

Sabe que tarde o temprano encontrará otro asentamiento. El paisaje cambia lentamente. Los árboles se vuelven más numerosos, las sombras más profundas. El aire es más fresco.

En la distancia, sobre una colina cubierta de vegetación, se alzan las ruinas de un monasterio olvidado. Sus muros de piedra aún resisten el paso del tiempo, aunque el musgo y las enredaderas han reclamado buena parte de su estructura. El sendero que conduce a la entrada está casi borrado por la naturaleza, pero aún es transitable. Saria sigue adelante.

Al cruzar las grandes puertas de madera gastada, el sonido del mundo exterior se apaga.

Dentro, todo es silencio. Saria pasea por algunos pasillos y se asoma a una habitación que tiene algunos signos de vida: estanterías con pergaminos sin una gota de polvo, braseros de piedra con rescoldos de brasas que aún huméan…

Saria pasea su mirada por toda la sala hasta que lo ve: en una esquina de la sala, sentado en una banca de madera desgastada, un anciano de túnica azul oscuro la está mirando fijamente. Su rostro es delgado, su piel surcada de arrugas. Ojos cansados pero agudos la observan con una mezcla de curiosidad y reconocimiento.

—Pocas personas llegan hasta aquí. —dice con voz calmada—. ¿vienes buscando algo?

Saria siente la concha y la perla en su bolsillo. Este hombre podría saber algo. El anciano sigue observándola, sin moverse, su expresión serena pero atenta.

—Mi nombre es Saria. —dice ella con firmeza—. He viajado mucho para encontrar respuestas. ¿Quién eres tú?

El anciano asiente lentamente, como si aprobara su cautela.

—Me llamo Neren. —su voz es pausada, pero profunda—. Y antes de que este lugar fuera olvidado, fui uno de sus guardianes.

Saria alza una ceja.

—¿Guardianes?

—El conocimiento necesita protección tanto como un tesoro. —Neren apoya las manos sobre su bastón de madera oscura—. Este monasterio era un refugio para sabios, escribas y aquellos que buscaban entender los secretos del mundo. Algunos de esos secretos aún permanecen aquí.

Saria siente su corazón latir con más fuerza. Si este hombre era realmente un sabio, tal vez supiera algo del Artefacto de las Mareas. Saria decide medir sus palabras con cuidado.

—He oído historias de un artefacto antiguo, algo capaz de alterar el destino. —su voz es medida, pero estudia la reacción de Neren—. El Artefacto de las Mareas.

El anciano no reacciona de inmediato. Pero sus ojos se afilan levemente. Lo reconoce.

—Muchas leyendas han llegado hasta aquí. —dice finalmente, con voz baja—. Algunas ciertas. Otras, peligrosas de seguir.

Saria sabe que ha tocado algo importante.

—Si realmente buscas ese conocimiento… muéstrame qué has traído.

Saria mete la mano en su bolsillo y saca el fragmento de concha grabado. Con cautela, saca el fragmento de concha y lo coloca frente a él.

El anciano la observa, luego toma la concha y la examina con dedos firmes pero suaves. Gira el objeto en sus manos, lo observa contra la luz… y frunce el ceño.

—¿Qué quieres que haga con esta baratija? Esto no es nada.

La respuesta es como un balde de agua fría.

—¿Cómo que no es nada?

—Es solo un fragmento de concha vieja. —dice Neren, devolviéndoselo—. El desgaste es natural. No hay inscripciones importantes, ni marcas deliberadas.

Saria lo toma de vuelta. No puede creerlo. Después de todo el simbolismo que le había dado al objeto, después de pensar que podía ser una pista del pasado… no era nada. Suspira, guardándolo en su bolsa. No tiene sentido insistir.

—¿Hay algo más que me quieras enseñar? Para mi el tiempo es bastante valioso, ya que no me queda mucho de él… —dice Neren.

Saria duda por un momento, pero finalmente saca la perla negra.

Neren reacciona de inmediato. No con sorpresa, sino con algo más profundo. Algo muy parecido al miedo.

—¿Dónde encontraste eso? —su voz ya no es tranquila, mira hacia un lado y a otro, como si pudiese haber gente observándonos, y baja la voz hasta que la convierte en un susurro —. ¿Quién más la ha visto?

Saria se tensa. Algo ha cambiado en el aire. El anciano, que hasta ahora había sido tranquilo y calculador, ha perdido parte de su compostura. Ese no es el gesto de alguien que solo reconoce la perla. Es el gesto de alguien que la teme.

—La encontré en mi viaje. —responde Saria con calma, manteniendo su tono neutral—. No muchas personas la han visto.

Neren mantiene su mirada fija en la perla, como si no hubiera escuchado su respuesta. Sus ojos reflejan una mezcla de cálculo y preocupación.

—¿La has tocado directamente? —pregunta, sin mirarla.

Saria frunce el ceño.

—Sí.

—¿Sientes algo cuando la sostienes?

Saria no sabe si responder. Finalmente, asiente.

—Hay algo en ella. Un latido. Es débil, pero constante.

El anciano cierra los ojos por un momento y respira hondo. No parece sorprendido. Parece resignado.

—Entonces es real. —murmura.

Se levanta con esfuerzo y camina hacia una de las estanterías. Sus dedos viejos buscan un pergamino entre los rollos olvidados.

—Si es la misma que imagino… entonces has traído contigo algo que nunca debió salir del océano.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

Finalmente, encuentra lo que buscaba y regresa hacia ella. El pergamino es viejo, con bordes quemados.

Cuando lo abre, Saria ve un dibujo. Y en el centro de la ilustración… Está la perla negra. Está representada rodeada de símbolos arcanos, dentro de un círculo ritual.

—¿Qué es esto? —pregunta Saria, sintiendo un escalofrío.

—Es un sello. —susurra Neren—. Y si la perla está en tu poder, tan lejos del mar… significa que ese sello se está rompiendo.

El dibujo del pergamino es claro: la perla negra, envuelta en símbolos arcanos, atrapada en un sello ritual. No es solo un objeto extraño. Es una prisión. Pero… para qué.

Lentamente, Saria levanta la mirada hacia Neren.

—¿Qué estaba sellando la perla?

El anciano cierra los ojos un momento, como si su propio cuerpo resistiera decir la respuesta en voz alta. Cuando finalmente habla, su voz es más baja, más pesada.

—Algo que nunca debió existir. Hace mucho tiempo, en las profundidades del océano, hubo un ser nacido de la oscuridad y la desesperación. Un antiguo espíritu, una fuerza de …

THUNK.

El sonido es seco, rápido. Un chasquido cortante en el aire.

Saria se tensa.

Los ojos de Neren se abren de golpe, pero su expresión ya no es de sabiduría… sino de sorpresa.

Una flecha le ha atravesado el cuello.

Por un segundo que se siente eterno, el anciano sigue sentado en su banca de madera, inmóvil, con la boca entreabierta. Pero sus ojos ya no ven. Su cuerpo se desploma hacia adelante, cayendo con un sonido sordo sobre la mesa de pergaminos.

Saria se queda helada.

Entonces reacciona. Corre. No mira atrás, no busca a su atacante. Solo corre.

THUNK

Los pasillos del monasterio son oscuros, con solo algunas velas titilando en los rincones. Pero Saria no se detiene. Detrás de ella, escucha movimiento. Pasos. No está sola. Alguien la está cazando. Sabe que si se detiene, no vivirá para ver el amanecer.

Tirada de dados

Saria no se detiene.

Su respiración es rápida, sus piernas se mueven por instinto. Esquiva escombros, cruza pasillos estrechos y salta sobre una mesa derrumbada sin perder el equilibrio.

A sus espaldas, los pasos apresurados la persiguen.

Pero ella conoce el ritmo de la caza. Un giro repentino. Una puerta entreabierta. Un salto hacia la oscuridad. Y desaparece.

Los sonidos de sus perseguidores se acercan… y luego pasan de largo.

Saria se esconde entre las sombras, conteniendo la respiración. Su corazón late con fuerza en su pecho, pero no se mueve.

Finalmente, los pasos se desvanecen en la distancia.

Ha escapado.

Pero Neren está muerto.

Y quienquiera que lo haya matado sabía que él tenía respuestas.

Estadísticas finales

Tiradas de dados: 19. Puntuación Omén: 4. Día favorable.

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad4Días favorables3
Rapidez1Días desfavorables0
Fortaleza2

La que se ha liado con la perla, madre mía. ¿Y si Saria abre el sello sin querer al tocar la perla? ¿Y si lo ha abierto ya? ¿Y si todo es culpa suya?

Hasta luego, gente!

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