Her Odyssey. Partida 1. Día 2. Las Mareas del Pasado

Comencemos con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 2.

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Estadísticas iniciales

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad5Días favorables1
Rapidez1Días desfavorables0
Fortaleza4

El desafío de las cartas

9 de Picas

Las picas sugieren bosques, acantilados, desiertos. Un cambio repentino en el clima. Restos. Una emboscada. Un juramento. Un malentendido. Dudas y desesperación. Una extraña bestia. Un enfrentamiento con la sombra del vagabundo.

Como el valor es 9, el desafío es elevado.

Desarrollo

La noche ha sido larga.

Saria ha logrado mantenerse firme frente a la presencia en el risco, pero la sensación de inquietud no desaparece. Las sombras parecen más densas en este lugar, y el mar—ese mar que una vez fue su hogar—parece murmurar con un tono distinto esta vez.

Camina entre los restos de los naufragios, observando los cascos partidos y las velas desgarradas, como huesos y piel de cadáveres olvidados. Algunos barcos son antiguos, con la madera ya carcomida por el agua salada y las criaturas marinas. Otros parecen más recientes, como si alguien hubiera intentado cruzar estas aguas hace poco… y hubiera fracasado.

No tarda en encontrar algo que la hace detenerse. Un fragmento de mástil, aún con una bandera enredada. No es cualquier bandera. El símbolo es inconfundible: una espiral dorada, el emblema de Azul Profundo.

El aire se le escapa de los pulmones. Su mente se llena de imágenes de su hogar perdido, de las calles de coral y las bibliotecas sumergidas. De la gente que dejó atrás. Del evento que la obligó a marcharse.

No puede evitarlo. Se pregunta si este barco alguna vez transportó a alguien que conoció. Si, de alguna forma, los restos de su pasado la han alcanzado aquí. Pero hay algo peor que la nostalgia. El símbolo ha sido marcado con cuchilladas. Como si alguien hubiera tratado de destruirlo, borrar su existencia. No es casualidad.

Saria siente un frío distinto recorrerle la piel. La duda comienza a carcomerla.

¿Y si el Artefacto de las Mareas nunca fue más que una historia falsa?
¿Y si todo su viaje no es más que una mentira que se ha contado a sí misma para no enfrentar la verdad?

Las olas chocan contra la orilla. Sus pasos dejan huellas en la arena húmeda. En la distancia, en la penumbra de la madrugada, ve algo más. Un campamento. Pequeño. Oculto entre los restos del naufragio.

Tal vez ahí haya respuestas. O más mentiras. Pero ya no puede ignorarlo. La duda se ha instalado en su pecho, como una marea oscura arrastrándola al fondo.

Tirada de dados

A pesar de la duda que la acecha, Saria encuentra en sí misma la fuerza para seguir adelante. Tal vez la angustia amenaza con apretar su pecho, pero ella no se deja vencer. Acepta la incertidumbre, pero no le permite consumirla.

Se acerca al campamento con determinación. Quizás aquí encuentre respuestas. Quizás haya alguien esperando. Lo único seguro es que no dejará que la desesperación decida su destino.

Saria avanza con cautela hacia el campamento, dejando atrás los restos del naufragio que la habían llenado de dudas. La arena se siente más fría bajo sus pies descalzos, como si este lugar no quisiera ser perturbado.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

A medida que se acerca, ve con más claridad lo que antes solo eran sombras: una tienda de campaña de tela oscura, desgastada por el viento y la sal, junto a una pequeña fogata moribunda. No hay movimiento aparente, pero hay señales de vida. Jarras de agua, restos de comida aún fresca, huellas en la arena.

Pero lo que realmente la hace detenerse es una marca en la lona de la tienda. El mismo símbolo que vio en el mástil destrozado: la espiral dorada de Azul Profundo. El pulso le martillea en los oídos. Alguien de su pasado está aquí.

Se acerca un poco más, pero antes de que pueda hacer algo más, una voz interrumpe el silencio:

—Sabía que vendrías.

Saria se congela. La voz es masculina, profunda y con una calma inquietante.

De entre las sombras de una de las tiendas emerge un hombre de piel morena, cabello corto y oscuro, y ojos del color del bronce oxidado. Lleva ropa ligera, funcional para viajar, pero lo que más llama la atención es una daga curva a su cintura y un tatuaje en su antebrazo: la misma espiral dorada de Azul Profundo, atravesada por una línea negra.

Un renegado. Alguien que, como ella, dejó atrás Azul Profundo… pero a diferencia de ella, lo hizo con conocimiento y preparación.

El hombre la observa con una mezcla de curiosidad y resignación.

—Sabía que en algún momento aparecerías —repite, con un tono casi cansado—. Has venido por el Artefacto, ¿no?

Saria no responde. No puede. Hay demasiadas preguntas en su cabeza.

¿Quién es él? ¿Cómo la conoce? ¿Es amigo o enemigo?

Pero antes de que pueda decidir qué decir, él suelta un suspiro y añade:

—Si sigues este camino, más te vale estar preparada. No eres la única que lo busca.

El fuego crepita en la noche, y el mar sigue susurrando su canción de marea y secretos.

—¿Quién eres? —pregunta, su voz firme, aunque su mente bulle con incertidumbre—. ¿Cómo sabes quién soy?

El hombre la observa por un largo instante antes de responder. No hay prisa en su gesto, como si las palabras que va a decir ya hubieran sido ensayadas.

—Mi nombre ya no importa —dice al fin, con una media sonrisa irónica—. En Azul Profundo, alguna vez me llamaron Eryon.

Saria siente un golpe en el pecho. Ese nombre… le resulta familiar. Su mente trabaja rápido, revolviendo recuerdos enterrados en las profundidades de su infancia. Eryon. Un aprendiz en los archivos de la ciudad. Uno de los encargados de estudiar los viejos pergaminos, de descifrar las historias ocultas en las corrientes del pasado.

Pero… Eryon desapareció hace años.

Había rumores. Que se ahogó en una tormenta. Que lo exiliaron por robar conocimientos prohibidos. Que se fue por su cuenta, buscando algo que Azul Profundo se negaba a darle.

Ahora está aquí, frente a ella. Vivo. Y conociéndola lo suficiente como para haber sabido que vendría.

—Te recuerdo —dice Saria con cautela—. Pero eso no explica cómo sabías que vendría.

Eryon deja escapar una breve risa sin humor.

—Porque todos los que buscan el Artefacto terminan aquí, tarde o temprano —contesta, señalando con un leve gesto la playa y los restos de los naufragios—. Esta costa es una encrucijada. Una prueba. Algunos llegan con esperanza. Otros con desesperación. Pocos logran seguir adelante.—Sus ojos oscuros se clavan en ella.—La pregunta real es… ¿tienes lo que se necesita para continuar?

El viento marino se intensifica, y las llamas de la fogata parpadean. El campamento parece aún más pequeño bajo la inmensidad de la noche.

Saria aprieta los puños. No tiene intención de detenerse aquí. Mantiene la mirada firme.

—Dijiste que esta costa es una prueba —dice, cruzando los brazos—. ¿Qué se necesita para continuar?

Eryon sonríe apenas, como si hubiera esperado esa pregunta.

—Eso depende de ti —responde, enigmático—. No hay un solo camino. Cada viajero debe enfrentar su propia verdad antes de seguir adelante.

Saria frunce el ceño.

—No vine aquí para enigmas —replica con dureza—. ¿Quieres decirme qué es lo que realmente me espera o prefieres que lo descubra a la fuerza?

Eryon deja escapar una breve risa, pero sus ojos siguen siendo fríos y calculadores.

—Siempre fuiste directa —dice—. Muy bien. Si realmente quieres saberlo…

Se inclina ligeramente hacia adelante, la luz de la fogata proyectando sombras en su rostro.

—El Artefacto de las Mareas no es solo un objeto —murmura—. Es un conocimiento. Una prueba. Una puerta. Y una condena.

Saria siente un escalofrío recorrerle la espalda.

—Para llegar a él —continúa Eryon—, debes demostrar que lo mereces. Y eso significa enfrentar lo que temes, aceptar lo que has perdido y decidir qué estarías dispuesta a sacrificar para alcanzarlo.

Su expresión se endurece.

—Muchos han llegado hasta aquí con sueños de poder, con la creencia de que el Artefacto les dará todo lo que desean. Pero pocos entienden que el Artefacto no da… sino que revela.

Eryon hace una pausa, y sus ojos la taladran con intensidad.

—Antes de continuar, debes preguntarte algo, Saria.

Se inclina un poco más, la brisa marina agitando su ropa, y susurra:

—¿Estás segura de que quieres saber la verdad?

El fuego chisporrotea. El océano sigue murmurando su canción.

Saria sostiene la mirada de Eryon, sin pestañear.

—No importa cuál sea la verdad —dice, su voz firme como la piedra—. Estoy lista para enfrentarla.

Eryon no sonríe esta vez. Solo la observa en silencio durante un largo momento. Luego asiente, como si su respuesta hubiera confirmado algo que ya sospechaba.

—Entonces estás más cerca de lo que crees —dice en voz baja.

En su lugar, saca un pequeño objeto de su bolsa y lo sostiene en su palma abierta. Es una perla. Es grande, perfecta y de un azul profundo como las aguas de su ciudad perdida. Bajo la luz de la fogata, refleja tonos plateados y violáceos, como si capturara en su interior el resplandor de la luna y el susurro de la marea.

Saria la mira con cautela antes de tomarla entre sus dedos. Es más fría de lo que esperaba.

—¿Qué es esto? —pregunta, girándola suavemente en su mano.

Eryon la observa con expresión inescrutable.

—La llave. O la cadena, depende de cómo la uses.

Saria frunce el ceño.

—No estoy de humor para acertijos, Eryon.

Él suelta una breve risa sin humor.

—No es un acertijo. Es la respuesta que buscabas.

Saria vuelve a mirar la perla. Su superficie parece casi líquida, y por un instante, juraría que ve un reflejo moverse dentro de ella. Algo familiar. Algo que la hace dudar.

Eryon observa como Saria sostiene la perla en su palma abierta, pero su expresión ha cambiado. Ya no hay misterio en sus ojos, solo cansancio.

—Yo ya no puedo seguir con la búsqueda —dice, su voz sin la dureza de antes—. Esta es la única prueba que encontré, y ahora es tuya.

Saria no dice nada al principio. Observa la perla, la forma en que la luz de la luna baila en su superficie, como si reflejara secretos enterrados bajo las olas. Es hermosa, pero también pesa más de lo que debería.

Eryon suspira, su mirada perdida en la distancia.

—Pasé años persiguiendo respuestas —admite—. Navegué por aguas que nunca debí cruzar. Rompí juramentos. Me alejé de todo lo que era.

Hace una pausa y sacude la cabeza con amargura.

—Pero el peso de la duda… y de quienes me persiguen… es demasiado para mí.

Saria siente una punzada en el pecho. Él ha llegado al límite.

—Así que ahora te dejo a ti la responsabilidad —continúa —. Encuentra el Artefacto de las Mareas, si realmente crees que puedes.

Levanta la mirada hacia Eryon, pero él ya no la está mirando. Está observando el mar.

—¿Qué harás ahora? —pregunta ella en voz baja.

Eryon sonríe, pero es una sonrisa vacía.

—Sobrevivir, supongo —dice, con un tono resignado—. O tal vez desaparecer.

No espera respuesta. Solo se aleja, como si ya no le quedaran más palabras.

Saria aprieta la perla en su mano. Ahora el peso de la búsqueda es solo suyo.

El viento marino le revuelve el cabello. El destino la llama.

Mañana, el viaje continuará.

Estadísticas finales

Tiradas de dados: 11. Puntuación Omén: 9. Día favorable.

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad5Días favorables2
Rapidez1Días desfavorables0
Fortaleza3

¡Habemus perla! Ya tengo algo que me acerca un poco al artefacto de las mareas, sea lo que sea…

Hasta luego, gente!

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