Her Odyssey. Partida 1. Día 19. La intrusa.

Vamos con la crónica de la Partida 1 del juego Her Odyssey, día 19.

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Estadísticas iniciales

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad1Días favorables11
Rapidez2Días desfavorables7
Fortaleza1

El desafío de las cartas

J de Corazones

Los corazones sugiere un evento emocionalmente intenso, relacionado con el afecto, la confianza o incluso el deseo.

Como el valor es J, el desafío es alto.

Desarrollo

El sol estaba en su punto más alto cuando Saria despertó de un sueño inquieto. El cuerpo le pesaba, y aunque cada músculo le rogaba que siguiera descansando, su mente no encontraba paz. Sentía que se estaban retrasando, que cada día que pasaban quietos era un día más para que la Orden del Mar pudiera acercarse a ellos.

Veyne, en cambio, parecía cómodo con la idea de tomarse un respiro. Aquel hombre, que en un tiempo había sido un enigma indescifrable, ahora se desenvolvía con soltura junto a ella, disfrutando de la brisa y de la sensación de estar lejos del peligro inmediato.

Tirada de dados

Pero la calma del día se rompió cuando una figura emergió del sendero, acercándose con paso despreocupado al claro donde descansaban. Era una joven viajera.

Vestía de una manera que hizo que a Saria se le encendieran las mejillas. Ropa ligera, de colores vivos y con cortes estratégicos que realzaban su figura. Su cabello castaño, suelto y brillante, reflejaba el sol con un esplendor casi insultante. Caminaba con una confianza que Saria no pudo evitar encontrar molesta.

Veyne se acomodó en su postura en cuanto la vio, y una expresión bobalicona asomó a su rostro cuando la recién llegada le dedicó una sonrisa encantadora.

—¡Oh! ¿No esperaba encontrar a nadie por aquí! —exclamó la joven con una voz melodiosa—. ¿Qué suerte la mía!

Saria entrecerró los ojos, analizándola con desconfianza.

—¿Quién eres? —preguntó, sin molestarse en suavizar su tono.

—Mi nombre es Lysandre. Estoy en camino a Puerto Goldra. Busco trabajo, y dicen que allí hay oportunidades para alguien con mis talentos—. la joven sonrió, inclinando la cabeza en un gesto juguetón.

No especificó cuáles eran esos talentos, pero su tono insinuante hizo que Saria supiera que no se refería a la pesca o al comercio.

Antes de que pudiera responder, Veyne ya estaba sonriendo, su postura relajada mientras estudiaba a Lysandre con curiosidad.

—¿Puerto Goldra? Qué coincidencia. Nosotros también vamos hacia allá.

Saria sintió un pinchazo de fastidio en el pecho. ¿Por qué sonaba tan amigable? ¿Por qué no parecía percatarse de la incomodidad que les iba a generar una tercera persona? ¿Qué iba a pasar con Kelthar? Por suerte, cuando la joven llegó, Kelthar se había separado un poco de ellos para buscar algo de comer, y como ya estaba acostumbrado a no aparecer cuando había gente extraña, no se había vuelto a acercar.

Lysandre aplaudió suavemente, como si su llegada hubiera sido una bendición del destino.

—¡Entonces viajemos juntos! Es un camino largo, y mejor ir acompañados que solos, ¿verdad?

Saria abrió la boca para protestar, para decirle que no era bien recibida, que no podían permitirse la compañía de una desconocida, pero Veyne la miró con una expresión que la desarmó.

—¡Claro que sí!. —aceptó Veyne sin vacilación.

Saria apretó los labios, reprimiendo su frustración. No tenía energía para discutir. Y, de todas formas, no podía prohibirle a nadie usar el mismo camino que ellos. Pero una cosa era caminar juntos, y otra era confiar en ella.

Tras un día de caminata algo raro para Saria, acamparon en una arboleda que encontraron junto al camino. El crepitar del fuego acompañaba las palabras de Lysandre, que hablaba con la soltura de alguien que estaba acostumbrado a contar historias sobre sí misma.

—Vengo de una ciudad en el sur, mucho más cálida que esta región. —Su voz era suave, casi seductora—. Crecí sola, huérfana, sin hermanos, sin nadie que me protegiera…

Hizo una pausa dramática, dejando que la brisa nocturna jugara con su cabello suelto antes de continuar.

—Aprendí a sobrevivir con lo que la vida me daba. Y bueno, también fui esposa una vez… pero la vida me convirtió en viuda antes de tiempo.

Saria arqueó una ceja. ¿Era una historia real o solo una versión adornada de la verdad? Pero lo que realmente le molestaba no era la historia en sí, sino la forma en que Lysandre la contaba. No le quitaba los ojos de encima a Veyne. Ni las manos. Cada oportunidad que tenía, encontraba la forma de tocarle el brazo, reírse de algo que decía, inclinarse un poco más cerca de él de lo necesario. Veyne, por su parte, parecía no notar (o no importarle) la evidente intención en sus gestos.

Saria sintió un nudo apretarle el estómago. No era rabia, ni tan siquiera podía llamarlo enojo. Era algo más… algo que la hacía querer interrumpir la conversación con una excusa cualquiera, hacer que Lysandre desapareciera de su vista.

Si intantaba mostrarse racional, Veyne no era suyo. Solo era un compañero de viaje con quien compartía un destino incierto. No tenía derecho a sentir que esa intrusa estaba robándole algo. Así que en lugar de hablar, apretó los labios y escuchó, observando cada gesto, cada mirada de Lysandre. Si la moza tenía alguna intención oculta, más allá de lo evidente, lo descubriría.

La noche avanzaba lentamente, pero Saria no lograba relajarse. No solo era Lysandre, con su sonrisa encantadora y su risa ligera. Era Kelthar. Llevaba todo el día sin verlo, y eso le causaba incomodidad. En el fondo, se había acostumbrado a su presencia, silencioso, imponente y fiel. Saria miró hacia la linde del bosque, donde la oscuridad devoraba la luz de la fogata. ¿Estaría bien? ¿Habría percibido algo peligroso?

—¿En qué piensas?— La voz de Veyne la sacó de sus pensamientos.

Saria parpadeó y se encontró con su mirada. No se había dado cuenta de que él la estaba observando.

—En nada importante —respondió, forzando una sonrisa.

Veyne no insistió. Mientras tanto, Lysandre le pasó una bota de vino a Veyne con una sonrisa juguetona.

—¿Quieres un poco?

Veyne rió y tomó un trago sin pensarlo demasiado. Saria sintió la mandíbula tensarse.

—Voy a dar un paseo.— dijo levantándose.

—¿A estas horas? —preguntó Lysandre con fingida sorpresa.

Saria le dedicó una mirada fría.

—Necesito aire.

Y sin esperar respuesta, desapareció en la oscuridad.

Necesitaba encontrar a Kelthar. Necesitaba asegurarse de que su protector estuviera bien. Y, en el fondo, necesitaba alejarse de esa maldita mujer antes de hacer algo de lo que pudiera arrepentirse.

Kaelthar se alegró muchísimo de verla. El pobre no entendía que no hubiesen echado a esa intrusa ya, de eso Saria estaba segura. Después de acariciarlo un rato y darle algo de cariño, Saria decidió que pasaría la noche junto a él, así es que volvió al campamento para recoger sus cosas…

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con los brazos cruzados y la mirada gélida clavada en Lysandre.

Lysandre, lejos de mostrarse avergonzada, le dedicó una sonrisa lánguida y despreocupada.

—Nada de qué preocuparse —dijo con dulzura—. Solo le comentaba a Veyne lo difícil que es dormir sola cuando has pasado tantas noches en la incertidumbre. No creo que sea un crimen querer un poco de compañía y calor en este clima tan frío.

Saria sintió su piel arder. Su mirada se deslizó hacia Veyne, quien, con las mejillas algo enrojecidas y una expresión culpable, apartó la vista de inmediato.

—No es lo que parece… —balbuceó, con el tono torpe de alguien que se daba cuenta demasiado tarde de su error.

—Oh, no, claro que no —respondió Saria, con una sonrisa mordaz—. Solo estabas aquí, disfrutando de la compañía, sin pensar demasiado en las consecuencias.

Lysandre fingió un puchero lastimero y se encogió de hombros.

—No creí que importara tanto…

Saria sintió cómo su paciencia llegaba peligrosamente al límite. No. No iba a perder el tiempo con esto.

—Veyne —dijo con un tono de autoridad que él rara vez había escuchado en ella—, ¿quieres dormir con Lysandre?

Veyne parpadeó, confundido por la pregunta directa.

—¿Qué? ¡No!

—Perfecto —replicó Saria de inmediato—, porque yo sí quiero dormir tranquila esta noche.

Y, sin decir nada más, recogió sus mantas con un movimiento brusco y se dio la vuelta.

—¿A dónde vas? —preguntó Veyne, ahora más despierto.

—Con Kelthar.

No le dio oportunidad de responder. Sin mirar atrás, caminó hacia el bosque con pasos firmes, sintiendo la mirada de ambos clavada en su espalda. Solo cuando estuvo a una distancia segura, dejó escapar un suspiro pesado.

—Idiota —murmuró para sí misma, sin estar segura de si hablaba de Veyne, de Lysandre o de sí misma.

Kelthar la esperaba, moviendo la cola con satisfacción al verla regresar.

Saria se dejó caer junto a él y se cubrió con las mantas. Esta noche, al menos, dormiría con alguien en quien sí podía confiar.

Ambientación de la partida 1 del juego Her Odyssey

Estadísticas finales

Tiradas de dados: 1. Puntuación Omén: 11. Día desfavorable.

Partida 1 al juego Her Odyssey. Saria.
EstadísticasContadores
Vitalidad2Días favorables11
Rapidez3Días desfavorables8
Fortaleza1

Ceelos, tengo ceelos….

Hasta luego, gente!

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