Comenzamos la Partida 8 a la campaña que estoy haciendo con el Rise Of Empires del Colonos del Imperio. Seguimos con los nuestros Hijos del Viento Frío.
Antes de nada, si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va este juego, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va. Y si quieres ir a la página oficial del juego, aquí tienes su enlace.
Voy a seguir narrando la partida como un todo. ¡Allá vamos!
Los objetivos

Objetivos militares:
Feroz como Boudicca: tener cuatro acuerdos de distinto tipo.
Protector como Oin Shi Huang: arrasar con cuatro construcciones, ya construidas o de tu mano, de color marrón, en cualquier combinación.
Objetivos económicos:
Exitoso como Jakob Fugger: tener al menos 10 recursos (manzanas, madera, piedra o monedas) en tu reserva, en cualquier combinación.
Objetivos culturales:
Ejemplar como María Cunitz: tener 8 construcciones naranjas/rojas, en cualquier combinación.
Los Hijos del Viento Frío. Octava sesión.

La octava estación amaneció con un viento distinto. No era más cálido, ni más suave, simplemente era un viento… distinto.
La producción inicial fue un vendaval de posibilidades: cinco personas, una espada, un escudo, más siete maderas, otro escudo, y tres piedras provenientes de la estabilidad del imperio y sus provincias. La ciudad cogió aire profundamente y se preparó para construir.
Pero lo que nadie anticipó fue el crecimiento demográfico. A medida que la estación avanzaba, las aldeas, campamentos, torres y asentamientos parecían multiplicarse entre sí, hasta que en la última ronda el imperio despertó con trece personas disponibles. Treces voluntarios en la mañana, cada uno listo para trabajar, luchar o sacrificar. Una multitud.
Y junto a ellos, las armas surgían sin descanso: se llegaron a fabricar cuatro espadas por ronda, más las que se obtenían en las edificaciones de intercambio,
donde dos trabajadores podían transformarse en acero.
El enemigo, en cambio, se mostraba cada vez más agresivo. Terminó la estación con seis construcciones, no por mérito propio, sino porque se apropió de varias edificaciones bárbaras durante incursiones inesperadas. Como un ladrón que, incapaz de crear, roba para aumentar su potencial.
Pero el imperio respondió como solo un imperio puede responder: levantando más. Cuando cayó el último sol de la estación, los Hijos del Viento Frío habían erigido veintidós construcciones de facción, además de dos comunes. Era un número cercano a la exageración, y sin embargo completamente cierto.
Cinco acuerdos fueron firmados: dos de personas, uno de espadas, uno de manzanas y uno de monedas. La diplomacia bárbara, antaño un gesto tímido, se había convertido en una herramienta afilada. Por fin, Boudicca tenía lo que buscaba: cuatro acuerdos distintos.
Hammurabi también estaba satisfecho: cuatro marrones habían sido derribadas, entregadas al fuego o a la nieve.
Y Jakob Fugger sonreía desde su siglo: diez recursos en reserva, y más de los necesarios. Solamente con la producción inicial, el imperio superaba su requisito.
La puntuación final fue de 80 puntos.
La octava estación era una confirmación de que el imperio estaba ya más allá del simple crecimiento. Estaba en la fase de refinamiento. La fase donde las decisiones importan más que la fuerza.
Entonces llegó el momento de la innovación. Los sabios extendieron las tablillas, y Shivanian contempló aquello que cambiaría la forma misma del campo de batalla: los Castillos. Una invención que otorgaba poder defensivo y prestigio ofensivo, ya que cada vez que el clan construyera un edificio gris y tuviera más grises que el enemigo, obtendría una piedra y un punto de victoria. Pagaron 85 puntos por este nuevo conocimiento, un coste elevado, pero posible gracias a la riqueza acumulada en estaciones previas.
Pero todo avance tiene un precio adicional, sobre todo cuando los imperios ya han sido forjados. El Imperio no podía sostener dos inventos del mismo tipo, así es que los números dieron paso a la muralla, y las Matemáticas, tan fundamentales para la era anterior, fueron retiradas.
La nueva provincia obtenida tras la victoria fue un enigma monumental: Pyramidia. Situada en el corazón del imperio, era una estructura natural que respondía a la presencia de construcciones doradas. Por cada una de ellas, hasta un máximo de tres, una persona adicional surgía cada amanecer. Pero la piedra también hablaba. Dos piedras de mantenimiento por estación. Un tributo razonable para un lugar que encarnaba la matemática divina del mundo.
Cuando Shivanian subió a la cima de Pyramidia por primera vez, el viento se arremolinó a sus pies, y por primera vez, no llevó nieve. Llevó silencio.









Tampoco se nos está dando tan mal esta nueva era. Y lo mejor de todo es que estamos a punto de pasar a la siguiente era.
Hasta luego, gente!
Colonos del Imperio. Civilización Bárbara. Partida 7
La séptima estación comenzó bajo un cielo claro, de un azul tan limpio que dolía al levantar la vista. El imperio, asentado en provincias nuevas y antiguas, despertó aquella mañana con una producción prodigiosa.
Colonos del Imperio. Civilización Bárbara. Partida 9
Hay estaciones que se recuerdan por una victoria. La novena estación no. Tampoco por sus derrotas. Fue recordada porque rompió el ritmo de las anteriores estaciones. Desde el primer amanecer, el imperio de los Hijos del Viento Frío se movía con una inercia distinta, como si algo enorme estuviera acumulando tensión bajo la superficie del mundo.

