Colonos del Imperio. Civilización Bárbara. Partida 4

Comenzamos la Partida 4 a la campaña que estoy haciendo con el Rise Of Empires del Colonos del Imperio. Seguimos con los Bárbaros y ya tengo una provincia y un invento.

Antes de nada, si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va este juego, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va. Y si quieres ir a la página oficial del juego, aquí tienes su enlace.

Voy a seguir narrando la partida como un todo. ¡Allá vamos!

Los objetivos

Objetivos militares:

Unificando como Carlo Magno: Arrasa con tres edificaciones comunes o de facción del mismo color de manera consecutiva.

Objetivos económicos:

Astuta como Cleopatra: tener al menos 5 recursos del mismo tipo en tu reserva.

Objetivos culturales:

Racional como Aristóteles: tener exactamente 6 construcciones comunes y una de facción en tu imperio.

Genio casi como Leonrado Da Vinci: tener exactamente 4 comunes y 4 de facción en tu imperio.

Los Hijos del Viento Frío. Cuarta sesión.

A veces un imperio crece como un río: lento, profundo, paciente; y otras veces, crece como un incendio: rápido, voraz, indetenible. La cuarta estación de los Hijos del Viento Frío fue ambas cosas a la vez: un río que arrasaba con fuego y un fuego que avanzaba con la lógica fría del agua.

Shivanian de la Tormenta contempló los tablones de objetivos que los sabios colocaron frente al Fuego Sagrado. Los augurios eran los más desconcertantes que habían recibido hasta ahora. Pedir cinco recursos idénticos no era extraño, pero pedir exactamente seis construcciones comunes y una de facción, o cuatro construcciones comunes y cuatro de facción, o arrasar tres construcciones del mismo color en cadena, era una danza matemática. Un rompecabezas.

Pero Shivanian sonrió. Los bárbaros no habían llegado tan lejos siendo simples. Podían pensar, y si el destino así lo pedía, convertirse en geómetras de la destrucción.

La producción inicial llegó con fuerza: cinco personas, una espada y un escudo, tres piedras, una moneda, otra espada, dos maderas. Era un comienzo ancho, sólido, lleno de posibilidades.

Los primeros días florecieron con abundancia. Las nuevas aldeas y asentamientos del imperio parecían multiplicar personas como si la nieve misma diera a luz trabajadores. En la última ronda llegarían a ser trece. Nunca antes el clan había visto semejante multitud.

Y la madera… la madera caía del cielo. Treces unidades en la última jornada, una exageración casi absurda para una civilización que se había criado rompiendo hielo, no árboles.

Pero la piedra… la piedra desapareció del mapa.

El enemigo, tal vez viendo por primera vez una grieta en la armadura del imperio, se lanzó sobre la única cantera que consiguieron levantar. La destruyó con precisión envidiable, y con esa acción, la producción de piedra quedó reducida a cero, una ausencia que el clan resentiría durante toda la estación.

Esto llevó a una contradicción hermosa: una civilización que jamás había producido manzanas de pronto se encontró acumulándolas como si las cosecharan de los cielos. Las frutas rojas aparecían en cestos, en carros, en almacenes, y nadie recordaba haber visto un solo manzano. Pero estaban ahí, perfumando el aire, cumpliendo el augurio de Cleopatra.

La producción de armas sí resistió: dos espadas constantes, cada ronda, lo bastante para mantener vivo aquello que realmente definía al imperio: saqueos, saqueos, y más saqueos. Durante toda la estación, Shivanian los ordenó con la calma de quien recita un poema aprendido. El enemigo, incapaz de responder, acabó con solo cuatro construcciones en pie.

Mientras tanto, el propio imperio creció como un bosque después del deshielo: dieciséis construcciones de facción y cinco comunes, un total que desafiaba todas las reglas del objetivo de Carlo Magno. La unificación consecutiva no llegaría, pero los cimientos estaban ahí, palpitando bajo el permafrost.

En los últimos días, la falta de piedra obligó al clan a negociar. Firmaron acuerdos tardíos, casi desesperados: comerciantes del sur trajeron piedra y madera, y por un instante, el equilibrio del imperio pareció tambalear.

Pero cuando se contaron los recursos del final, cuando se pesaron las reservas, cuando se revisaron los objetivos de Aristóteles, la precisión brilló: exactamente seis comunes,
exactamente una de facción en el momento adecuado. Un encaje perfecto resuelto por instinto o por azar, pero resuelto.

El objetivo de Cleopatra también fue cumplido. El de Da Vinci y Carlo Magno, no. Pero aun así, cuando llegó la puntuación final, el número fue una ola: 86 puntos, la cifra más alta en toda la historia del imperio.

Entonces llegó el giro extraño. El momento de las invenciones. Fue entonces cuando Shivanian, revisando los pergaminos antiguos, comprendió la magnitud de su error: las técnicas aprendidas en las dos primeras estaciones (la Albañilería y la Artesanía de Mármol) eran conocimientos prematuros, demasiado adelantados a su era. Hermosos, sí, pero erróneos.

Y los bárbaros nunca se han llevado bien con los errores.

Shivanian tomó una decisión que ningún líder antes había tenido el valor de asumir: renunciar a esos descubrimientos. Quemar los pergaminos y aceptar su pérdida.

Y con los 80 puntos que la estación había otorgado, adquirió las Matemáticas. Un arte frío, exacto, capaz de convertir imperios en fórmulas. Y con la compensación de los errores, eligió las Tácticas de Asedio. Una ciencia hecha de ritmo, presión y destrucción.

La provincia conquistada al final de la estación parecía surgida de un cuento antiguo: la Tierra Recién Descubierta, un territorio donde cada árbol estaba torcido como si hubiera intentado huir del suelo, y donde bajo la nieve se ocultaban cimientos invisibles. Allí, los habitantes podían descartar una carta de su mano para obtener dos cimientos, un milagro improductivo. La tierra exigía dos maderas de mantenimiento, una ofrenda sencilla para un imperio que había aprendido a cosechar bosques enteros.

La nieve volvió a caer, pero no en forma de manto suave, sino de cortina espesa que comenzó a cubrirlo todo.

¡Pedazo de partida que me acaba de salir! Afortunadamente en ese momento me di cuenta de mi error con los descubrimientos y les puse remedio.

Hasta luego, gente!

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