Colonos del Imperio. Civilización Bárbara. Partida 13

Comenzamos la Partida 13, última de la campaña que estoy haciendo con el Rise Of Empires del Colonos del Imperio. Seguimos con los nuestros Hijos del Viento Frío.

Antes de nada, si acabas de aterrizar y quieres hacerte una idea de qué va este juego, haz clic aquí para ir a la página donde más o menos explico de qué va. Y si quieres ir a la página oficial del juego, aquí tienes su enlace.

Voy a seguir narrando la partida como un todo. ¡Allá vamos!

Los objetivos

Objetivos militares:

Prudente como César: Saquear cuatro construcciones, de la mano o del tablero, de color gris, en cualquier combinación.

Iluminada como Juana de Arco: tener al menos 3 edificaciones negras en la mano.

Objetivos económicos:

Majestuoso como Luis XVI: Tener cinco construcciones doradas, rojas o blancas en tu mano, en cualquier combinación.

Objetivos culturales:

Dialogante como Sócrates: Tener una construcción de producción, de apoyo y de acción del mismo color dentro del imperio.

Los Hijos del Viento Frío. Decimotercera sesión.

Hay imperios que caen. Otros se diluyen. Algunos se transforman en mitos incompletos.

Y luego están los que se completan.

La decimotercera estación comenzó sin tensión ni urgencia, como comienzan las cosas que ya saben cómo van a terminar.

Los Hijos del Viento Frío despertaron con su producción ancestral: cinco personas, espada y escudo, reforzada por tres piedras y dos espadas adicionales.

Shivanian de la Tormenta no dio instrucciones aquel amanecer, no hizo falta. El imperio ya sabía qué hacer.

Las primeras jornadas se dedicaron a construir. Edificaciones comunes y de facción se alzaron una tras otra, muchas de ellas de producción, especialmente de personas. Antes de conquistar el mundo, había que llenarlo de gente capaz de sostenerlo.

El resultado fue inmediato. En la siguiente tanda de producción, trece personas acudieron al cuerno del amanecer. Trece. Con ellas, el resto del imperio se ordenó solo. La producción de recursos creció como una marea controlada: cuatro maderas, tres piedras, dos manzanas, tres monedas y cuatro espadas cada ronda como base estable.

Los arquitectos trabajaron sin descanso. El flujo de planos superó todo lo conocido hasta entonces. Cada edificación de facción fue evaluada, sopesada. Tres se convirtieron en acuerdos estratégicos, y el resto fueron levantadas sin titubeos.

Cuando terminó la estación, el número era casi absurdo incluso para los propios cronistas: veintisiete edificaciones de facción construidas, dieciséis edificios comunes intactos. El imperio que ya no necesitaba elegir qué conservar, podía tenerlo todo.

El enemigo, reducido a un actor secundario desde hacía varias estaciones, simplemente no pudo responder. Ni siquiera cuando logró saquear algunas estructuras. Ni siquiera cuando intentó reorganizarse. Las incursiones bárbaras fueron precisas, eficientes y definitivas. Cuatro construcciones grises cayeron sin ceremonia. César quedó satisfecho. Al final, el rival conservaba solo dos edificaciones.

Los objetivos de la estación se cumplieron uno tras otro: Luis XVI encontró la magnificencia en la mano de Shivanian, repleta de construcciones nobles. Sócrates vio su diálogo perfecto entre producción, apoyo y acción. Juana de Arco ardía en las sombras negras guardadas, listas. César asentía desde la distancia, satisfecho por la prudencia del saqueo selectivo. No quedó ninguno sin cumplir.

Cuando llegó el momento del recuento final los contadores revisaron las tablillas con una calma casi reverencial. 161 puntos. La cifra más alta jamás alcanzada en la historia conocida del imperio.

Shivanian de la Tormenta caminó sola entre las construcciones al caer la noche, sin armas ni escoltas, observando todo a su alrededor. Las luces industriales brillaban donde antes hubo hogueras. Los caminos pavimentados de las rutas comerciales cruzaban tierras que antaño fueron salvajes. Las fábricas, tabernas, centros de acción y producción coexistían sin fricción. El imperio funcionaba, ya que había aprendido a sostenerse a sí mismo.

— Hemos terminado — dijo al fin.

Los Hijos del Viento Frío ya no tenían que demostrar nada. Habían recorrido todas las fases: la supervivencia, la expansión, el error, la corrección, la abundancia, la ciencia, la dominación y, finalmente, el equilibrio.

La campaña había llegado a su fin por la puerta grande.

Y cuando los cronistas cerraron el último tomo, escribieron una sola frase en la cubierta:

«Aquí no termina una historia. Aquí comienza un nuevo mundo.»

Y llegó el fin de esta campaña para los Hijos del Viento Frío.

Ha sido una campaña larga, muy larga. Se nota mucho la ventaja que dan los avances tecnológicos y las provincias. Nunca hubiese pensado que un turno inicial con más recursos de los normales podía suponer tanta diferencia en el desarrollo de la partida, pero así ha sido.

Me he divertido mucho pensando en estas partidas como una civilización que va tomando posesión de diferentes territorios luchando contra los invasores. Me ha costado mucho lorear las partidas, pero creo que el resultado ha sido espectacular, al menos para mí.

Hasta luego, gente!

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