El camino hacia Sunrise Vale serpentea entre colinas suaves. El aire huele a madera húmeda y a hierba recién cortada; más adelante, el rumor de un riachuelo acompaña los pasos de quien se acerca por primera vez al pequeño pueblo rural. Aquí, lejos de la ciudad y de su ruido constante, el silencio suena distinto, más acogedor.