Lo encontré antes de que me encontrara él. Su voz viajaba por el claro, demasiado alta, demasiado estridente. Las palabras no seguían un hilo; salían a trompicones, interrumpidas por silencios bruscos y respiraciones agitadas. Era el sonido de alguien que había perdido algo y todavía no sabía cómo aceptar que pudiera no volver.