El invierno había empezado a retirarse, o al menos eso decían los vigías. El sol ya no era un disco blanco escondido entre nubes, sino una presencia tenue que a veces lograba atravesar el velo del frío.
Jugando en solitario, y mis gatos
El invierno había empezado a retirarse, o al menos eso decían los vigías. El sol ya no era un disco blanco escondido entre nubes, sino una presencia tenue que a veces lograba atravesar el velo del frío.
Durante semanas, la nieve cayó sin descanso sobre las colinas de Armadura Brillante, la primera provincia conquistada por los Hijos del Viento Frío. Las hogueras ardían día y noche, y desde lo alto de la Fortaleza erigida, Shivanian de la Tormenta observaba cómo su pueblo se adaptaba a su recién adquirido destino imperial.
En las tierras donde los inviernos nunca acaban y el sol apenas roza el horizonte, existe un clan que desafía a las tormentas desde tiempos anteriores a la memoria. Los llaman Los Hijos del Viento Frío, no sólo por el lugar donde nacieron, sino por la forma en que viven: rápidos, implacables y siempre en movimiento, como ráfagas que desgarran el silencio de la tundra.
Colonos de cuatro grandes potencias mundiales han descubierto nuevas tierras con nuevos recursos y oportunidades. Los romanos, bárbaros, egipcios y japoneses se instalan aquí al mismo tiempo para expandir las fronteras de sus imperios.