Saria se despertó con la luz del sol filtrándose a través de los ventanales de la mansión, sintiendo el calor del cuerpo de Dagon a su lado. Durante un instante, todo le pareció perfecto. Su mundo, tan caótico en los últimos meses, había encontrado un remanso de paz entre aquellas sábanas de seda y la calidez del hombre que una vez fue su hogar.