Vamos a comenzar a jugar la partida 1 al juego Apothecaria en esta segunda sesión, una vez que hemos hecho la preparación.
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Y ahora, vamos ya con nuestro primer paciente.
Estado de la partida.

Nombre: Elaria.
Reputación: 5
Dinero: 0
Fecha: primer día de la primavera.
Objetos:
- Un caldero para hervir ingredientes
- Un alambique para destilar ingredientes
- Un mortero para triturar ingredientes
Planteamiento de la semana
🧍 Carta de visitante: 5 de corazones.
🦠 Carta de enfermedad: 7 de corazones.
🐛 Enfermedad: Ampollas de panadero. Azúcar hirviendo, pasteles sensibles al tiempo, sin guantes de horno a la vista, hay una razón por la que los panaderos dicen que su sangre, sudor y lágrimas entraron en sus pasteles.
⚗️ Detalles de la cura [QUEMAR⭐][DOLOR⭐]
⌛ Tiempo límite: 13
🌿 Ingredientes para la cura: Surgeon Sap ⭐⭐ (Arboleda del Bosque Centelleante) y Shock Fish ⭐⭐(Lago del Deshielo)
Desarrollo
La mañana había comenzado con la habitual neblina primaveral en High Rannoc.
El aire olía a pan recién horneado mezclado con la humedad del rocío. Elaria, sentada en su pequeña mesa junto a la ventana, terminaba de organizar sus frascos de hierbas cuando escuchó un golpe nervioso en la puerta.
Al abrirla, encontró a un joven aldeano, un muchacho de rostro redondeado y cabello rizado cubierto de migas, que se retorcía de dolor, sujetándose el estómago con una mano y rascándose el brazo con la otra.
«Por favor, señorita… yo…» balbuceó. «Esta mañana me levanté bien, pero después de desayunar… algo no está bien…»
Elaria lo hizo pasar rápidamente y le pidió que se sentara. Al examinarlo, observó erupciones rojas extendiéndose en las muñecas y pequeñas ampollas que empezaban a hincharse, además de gestos de dolor intenso.
Consultó su diario de enfermedades con los síntomas: dolor, quemaduras…
«¿Qué has desayunado esta mañana?» le preguntó Elaria al chico.
«Unos bollos recién comprados en la panadería» le respondió.
Consultando mentalmente los síntomas y volviendo a mirar su diario, comprendió: Ampollas de Panadero.
Cuando los panaderos se apresuraban y horneaban con manos quemadas por el azúcar hirviendo, los pasteles se convertían en portadores de una infección mágica sutil, pero agresiva.
«Tranquilo,» dijo Elaria, tomando nota en su cuaderno. «Necesitaré algunos ingredientes especiales para curarte, pero no dejaré que esto empeore.»
El joven asintió, jadeando suavemente mientras Elaria comenzaba a preparar su partida.
Para elaborar la cura de la enfermedad, Elaria necesitaba dos ingredientes: Surgeon Sap, que podía encontrarse en la Arboleda del Bosque Centelleante, y Shock Fish, que vivía en el Lago del Deshielo.
Hacia la Arboleda del Bosque Centelleante
👣 Carta de expedición: 8 de tréboles.
🧺 Nivel de Forrajeo 0
Elaida llegó hasta el bosque centelleante en poco tiempo. Ahora solo tenía que encontrar la Arboleda en la que el Surgeon Sap crecía. Tan atenta estaba a las plantas que la rodeaban, que no notó que se había internado en Weaver’s Wood —una sección oculta de la Arboleda del Bosque Centelleante, tejida de gruesos hilos de seda.
Los susurros sibilantes llenaron el aire:
«Por las piernas primero…», «No, empieza por los brazos…»
Sombras de enormes cuerpos de ocho patas se deslizan entre los troncos.
Sin detenerse a pensar, Elaria echó a correr. Su corazón latía con fuerza mientras esquivaba raíces nudosas y ramas bajas que parecían intentar atraparla. A su alrededor, los susurros se volvían más excitados, más cercanos, mientras los hilos de seda brillaban entre los troncos como trampas de cristal.
El bosque se estrechaba, y por un momento el aire se llenó de telarañas invisibles. Pero entonces, vio una abertura entre dos sauces retorcidos, un claro iluminado tenuemente por la luz filtrada de la mañana. Con un último impulso, saltó a través del umbral de ramas, tropezando y rodando al otro lado, libre de las redes. Detrás de ella, el bosque susurró su descontento, pero las arañas no la siguieron más allá de sus dominios.
Respirando con dificultad, Elaria se incorporó, sacudiendo hojas de su capa. Había escapado, pero le había llevado una unidad de tiempo.
⌛ Valor de tiempo -1 = 12
Elaria continuó avanzando con cautela, esta vez prestando atención a por donde caminaba, hasta que consiguió llegar a la Arboleda. El ambiente aquí era distinto: el aire vibraba con una música lejana, como si las hojas mismas susurraran melodías olvidadas. Los árboles eran altos y nudosos, cubiertos de líquenes plateados que destellaban con la luz moteada.
Entonces lo vio.
En la base de un inmenso sauce de tres troncos, brotaba un exudado espeso y reluciente: una savia dorada que fluía con lentitud desde una grieta en la corteza. La savia no goteaba como una resina normal, sino que parecía latir ligeramente, siguiendo un ritmo casi imperceptible, como si el árbol respirara. A su alrededor, pequeños insectos revoloteaban, pero no se acercaban demasiado: respetaban su poder.
Elaria se arrodilló con reverencia. Sabía que había encontrado el Surgeon Sap, la Savia del Cirujano, tan preciada por su habilidad para sanar quemaduras y cerrar heridas graves. Era de color ámbar translúcido, salpicado aquí y allá por motas de luz que parpadeaban en su interior, como si pequeñas estrellas hubieran quedado atrapadas en su esencia.

Con cuidado, usando una hoja ancha que había traído para no contaminar la savia, Elaria recogió el fluido en un pequeño frasco de vidrio, sellándolo rápidamente. La savia desprendía un tenue aroma a menta y eucalipto, frío y tranquilizador.
Sonriendo para sí, Elaria abandonó el Bosque Centelleante y puso rumbo a El Lago del Deshielo.
Hacia El Lago del Deshielo
👣 Carta de expedición: 4 de diamantes
⌛ Valor de tiempo -1 = 11
Elaria bordeaba la playa húmeda del Lago del Deshielo, con su vista fija en las aguas tranquilas, buscando señales de movimiento de los peces mágicos.
Entonces tropezó con algo duro, oculto bajo la arena, que le hizo perder el equilibrio y caer de bruces. Cuando se incorporó y limpió la arena de su túnica, vio lo que había causado el traspié: un objeto olvidado, cubierto de algas y medio enterrado. Agachándose con curiosidad, Elaria apartó con los dedos un poco de arena húmeda y algas hasta liberar el objeto.
Era un medallón. Estaba roto. El metal, cubierto de manchas verdes de óxido, apenas dejaba ver que alguna vez había sido hermoso: delicadamente trabajado, con filigranas que recordaban olas y lunas entrelazadas. En su centro, la gema que debería haber brillado había desaparecido, dejando solo una montura vacía.

Elaria lo sostuvo un momento en su mano, sopesándolo. Podía sentir una tristeza latente impregnada en el objeto. Quizá perteneció a un marinero, o a una joven enamorada que perdió algo más que su joya en el lago. Aunque estaba claramente inútil como talismán o herramienta, decidió guardarlo. Tal vez, algún día, encontraría una forma de devolverle su brillo. Con cuidado, guardó el medallón roto en el fondo de su bolsa, junto a sus otros instrumentos, y siguió adelante, recordándose que su verdadero objetivo esperaba: encontrar un Shock Fish.
Caminando con cuidado sobre la arena fría y mojada, Elaria avanzó hacia una lengua de rocas sumergidas mientras vigilaba las aguas, atenta a los reflejos irregulares que, según los libros, delataban a los Shock Fish. Esperó pacientemente. Una, dos, tres veces lanzó su pequeña red artesanal… y nada.
Los peces comunes zumbaban en cardúmenes dispersos, pero ningún rastro del brillo eléctrico que buscaba.
En un momento, creyó ver un destello, pero cuando se lanzó hacia ella, solo atrapó un puñado de algas resbaladizas. Elaria respiró hondo y se lo intentó tomar con calma. Aprendió a distinguir las pequeñas burbujas que dejaban los Shock Fish al rozar la superficie, a leer mejor el patrón de las olas.
👣 Carta de expedición: 9 de corazones
🧺 Nivel de Forrajeo 1
⌛ Valor de tiempo – 1 = 10
Apretando los labios con determinación, continuó analizando la superficie del lago. Esta vez no buscó destellos de luz, sino pequeñas burbujas. Preparó una trampa sencilla con una especie de cubo que encontró desechado junto a la orilla. Se acercó sigilosamente donde las piedras resbaladizas formaban piscinas poco profundas, ocultas entre la niebla del Lago del Deshielo.
Allí, entre reflejos de agua y espuma, vio un pequeño Shock Fish, plateado y nervioso, que nadaba a impulsos cortos y veloces. Elaria sumergió lentamente el cubo y se inclinó para observar mejor, sin darse cuenta de que su sombra caía sobre el pez. El Shock Fish se asustó, y con un estallido, liberó una nube de fluido cargado eléctricamente, un resplandor azul que se expandió en el agua.
¡Justo lo que Elaria necesitaba!
Ágilmente, atrapó parte de la nube en su cubo, luego la vertió con cuidado en un frasco preparado, sellándolo con cera para mantener la energía contenida. El fluido vibraba tenuemente dentro del recipiente, emitiendo un calor adormecedor que casi le entumecía los dedos solo de tenerlo cerca.
Había conseguido el ingrediente perfecto.
La vuelta a casa y la preparación
⌛ Valor de tiempo -1 = 9
Ya en la calidez de su cabaña, Elaria depositó los dos frascos preciosos sobre su mesa de trabajo. Uno contenía la Savia del Cirujano, de color ámbar dorado, que palpitaba lentamente como si tuviera vida propia. El otro, el Fluido de Shock Fish, una neblina líquida azulada, chisporroteando suavemente en su encierro de cristal.
El procedimiento debía ser meticuloso, ya que las propiedades de ambos ingredientes eran volátiles, y un error podría arruinarlo todo.
Comenzaría preparando el fluido del Shock Fish. Para ello, encendió el fuego bajo su caldero de cobre pequeño y añadió unas gotas de agua pura de manantial, apenas suficiente para calentar sin diluir el fluido. Con manos firmes, vertió lentamente el contenido del frasco en el agua templada.
La mezcla siseó y burbujeó, emitiendo destellos azulados en espirales. Tuvo que remover con una varilla de madera de fresno, manteniendo un ritmo constante. Poco a poco, el calor apaciguó la electricidad, transformando el líquido en un extracto denso y vibrante, de un color azul profundo con vetas plateadas que se movían como corrientes internas.
Cuando el fluido de Shock Fish alcanzó la consistencia adecuada, Elaria retiró el caldero del fuego.
De su frasco de savia, vertió cuidadosamente un hilo dorado en la mezcla aún tibia.
La reacción fue inmediata: el extracto azul y la savia dorada no se mezclaron por completo, sino que se entrelazaron en remolinos, formando patrones orgánicos que parecían respirar en la superficie de la poción. El aroma cambió: de un leve ozono eléctrico pasó a un olor fresco a menta con un toque de hierba recién cortada.
Con sumo cuidado, Elaria vertió la poción en un pequeño tarro de vidrio opalino, sellándolo con un corcho bañado en cera.
Al sostener el frasco ante la luz, la mezcla parecía moverse por sí sola, como si guardara dentro una tormenta contenida: remolinos de azul y oro giraban lentamente, en constante danza.
La entrega

La luna estaba ya alta en el cielo de High Rannoc, arrojando sombras en las piedras y los campos.
Con la Poción de la Piel Serena cuidadosamente guardada en un frasco opalino, Elaria cruzó el pueblo en dirección a la casa del joven aldeano afectado.
La vivienda era humilde, con muros de barro seco y un tejado cubierto de musgo, pero en la ventana brillaba una luz cálida, acogedora. Al tocar suavemente la puerta, una mujer mayor abrió con rapidez, la preocupación dibujada en sus ojos. Sin esperar invitación, Elaria sonrió y entró, guiada hasta una pequeña cama donde el muchacho yacía. Su rostro estaba pálido, sus manos enrojecidas, cubiertas de ampollas que parecían latir con su propio dolor.
Elaria se arrodilló junto a él, sacó el frasco y lo destapó con cuidado. Un aroma fresco de menta y ozono llenó la estancia, ligero y calmante. «Esto traerá alivio,» susurró con voz tranquila. Con una cucharilla de madera, aplicó una fina capa de la poción sobre las quemaduras. El líquido se extendió como una seda fría sobre la piel lacerada.
El efecto fue casi inmediato.
El muchacho suspiró, cerrando los ojos, relajando visiblemente las líneas de dolor en su frente. Las ampollas perdieron su intensidad, la inflamación retrocedió. La madre, con lágrimas en los ojos, cubrió su boca, incapaz de articular palabras de gratitud. Elaria solo asintió, sintiendo dentro de sí una calma parecida a la que ahora recorría las venas de su joven paciente.
Antes de irse, dejó instrucciones sencillas para completar la recuperación: mantener las manos limpias y aplicar directamente sobre la piel tres veces al día.
La madre le entregó una bolsa de terciopelo azul oscuro, cuidadosamente cerrada, que contenía 24 monedas. Elaria aceptó el pago con una leve reverencia y salió de la casa. Cerró la puerta tras de sí, respirando el aire fresco de la noche incipiente y con una sonrisa de satisfacción en los labios.
Pronto, todos conocerían la eficacia de la nueva sanadanora de High Rannoc.
Con la satisfacción tibia de la tarea cumplida, Elaria cerró la puerta tras de sí, respirando el aire fresco de la noche incipiente.
El diario
La noche ya había caído sobre High Rannoc, envolviendo las calles en un velo de neblina suave. Desde la ventana de su cabaña, Elaria podía ver las luces dispersas de las pocas casas aún despiertas, parpadeando como luciérnagas en la distancia. Dentro, el calor de la chimenea acariciaba las paredes de piedra, y sobre la mesa reposaba una taza de té humeante.
Elaria apoyó los codos en la mesa y miró hacia el viejo diario de la bruja anterior, que había encontrado en un estante polvoriento. Sus páginas estaban llenas de anotaciones apresuradas, símbolos extraños y recetas que a veces eran incompletas o contradictorias.
Había usado ese libro como guía, sí, pero había sentido la falta de precisión, de claridad, de alma en sus registros. Las antiguas notas eran funcionales, pero frías, impersonales, como si su autora hubiera dejado que el deber pesara más que la esperanza o el aprendizaje.
Elaria quería algo diferente. Quería construir su propia senda, dejar su propia voz para quien viniera después, igual que ella ahora tomaba el testigo.
Tomó entonces un cuaderno nuevo, de tapas de cuero blando, que había traído consigo desde la ciudad. Aún olía a encina y tinta fresca. Con delicadeza, abrió la primera página, sostuvo la pluma sobre el papel durante un instante y empezó a escribir:
Poción de la Piel Serena
Ingredientes: Fluido eléctrico de Shock Fish (frasco sellado), Savia del Cirujano (frasco pequeño) y agua pura de manantial (unas gotas).Coste: 24 monedas
Utensilios: Caldero de cobre bruñido, varilla de fresno, mortero de piedra, frasco opalino y corcho sellado.
Procedimiento:
- Encender fuego suave bajo el caldero.
- Añadir unas gotas de agua pura.
- Verter lentamente el Fluido eléctrico de Shock Fish.
- Remover en círculos hasta conseguir un resplandor azul vetado en plata.
- Retirar del fuego.
- Verter con delicadeza la Savia del Cirujano.
- Observar los remolinos dorados formarse.
- Reposar en silencio durante 3 minutos.
- Envasar en el frasco opalino y sellar con cera.
Efectos: Cura quemaduras profundas, alivia dolor agudo y continuo. Aplicar directamente sobre la piel afectada. Efecto inmediato y reconfortante.
Nota personal: «Donde la savia y la chispa se abrazan, el dolor se duerme y la piel canta en calma.»
Cuando terminó de escribir, cerró los ojos y pasó la mano suavemente sobre la tinta fresca.
Elaria sonrió para sí misma, selló el diario con una cinta verde. Mañana sería otro día y su historia en High Rannoc apenas comenzaba.
Descanso
⌛ Tiempo de descanso = 6
Los días pasaban tranquilos en High Rannoc. La casa estaba en silencio. Solo el crepitar de la chimenea acompañaba a Elaria, que sentada junto a su mesa de trabajo, revisaba sus anotaciones recientes. Pero mientras contemplaba la llama danzante en el hogar, una sensación de vacío persistía.
La cabaña, aunque acogedora, se sentía demasiado grande para una sola persona. En el fondo sabía que, tarde o temprano, la aldea le presentaría desafíos para los cuales una sola voluntad podría no ser suficiente.
Sus dedos juguetearon inconscientemente con una pequeña piedra lisa, un amuleto que había traído de su infancia: símbolo de compañía, de confianza compartida. Fue entonces cuando recordó una vieja enseñanza que había leído en los márgenes del diario de la bruja anterior:
«Cuando el camino se vuelva incierto, llama. El bosque siempre responde.»
Elaria sonrió, ese era tan buen momento como otro cualquiera. Se puso en pie, cogió su capa, su pequeño cuchillo de madera ritual, y un saquito de pétalos secos. Era el momento de realizar el Ritual de Llamada.
Con la luna como testigo, cerró la puerta tras de sí y se encaminó hacia el corazón del Bosque Centelleante.
🪅 Primera carta para el tipo de familiar: Reina de Corazones
🥏 Segunda carta para la habilidad del familiar: seis de tréboles.
El aire del bosque estaba cargado de un frescor especial cuando Elaria abandonó el sendero conocido y se adentró en la espesura. Tras caminar un tiempo entre los árboles, llegó a un claro escondido:
El suelo estaba cubierto de alfombras de flores silvestres: campanillas azuladas, narcisos diminutos, tréboles de hojas plateadas. Pequeños insectos luminosos zumbaban en el aire, formando hilos de luz suave. El cielo se abría justo encima, mostrando una luna temprana entre las ramas altas.
Aquí era el lugar correcto.
Siguiendo el ritual tradicional que le habían enseñado, recolectó piedras lisas del borde del claro, cada una brillando ligeramente de humedad, y entre ellas colocó flores recogidas a mano, alternando colores para formar un patrón en espiral.
Se sentó luego en el centro del círculo, con las piernas cruzadas, cerró los ojos, y canalizó su magia hacia el suelo, hacia el cielo, hacia el círculo mismo. La energía se arremolinó alrededor, como un susurro en la brisa.
Y entonces, esperó.
Después de un tiempo indefinido, una voz etérea susurró en su mente:
«¿Me llamas, guardiana de brotes y chispas?…»
Elaria sonrió. Con el corazón abierto, respondió mentalmente:
«Sí. Ven a mí. Seamos uno en nuestro camino.»
La magia del círculo floreció repentinamente en destellos de luz verde y plateada. Elaria, aún en el centro del círculo de flores y piedras, sintió cómo la temperatura descendía ligeramente, como si el bosque contuviera el aliento. El aire se volvió más denso, vibrante, cargado de una magia antigua, anterior a ella, anterior incluso al mismo High Rannoc.
Entonces algo cruzó la línea del círculo sin mover una sola flor. Una figura imponente y elegante, de escamas perladas que brillaban con reflejos suaves entre el blanco y el oro. Una criatura del tamaño de un perro grande: un pequeño dragón esbelto, de ojos brillantes, cuernos curvados como ramas antiguas, y alas que, aunque plegadas, dejaban traslucir hilos de luz pálida.
El ser había respondido a su llamada. Se posó junto a ella, dentro del círculo de flores. Elaria se inclinó con respeto, sin palabras al principio, y luego musitó:
—¿Cuál es tu nombre?
En su mente sonó una única palabra, clara y serena como un eco en una cueva profunda:
«Thiriel.»
La habilidad de Thiriel, aún desconocida para Elaria, es que puede elegir un reactivo de valor 7 o menos, tu Familiar tiene una forma de obtenerlo cuando lo necesites. El primer reactivo que Elaria necesite para sus curas con estas características será el elegido.

¡Nuestro primer cliente curado con éxito! ¡Y también tenemos un dragoncito! ¡Qué bien, que bien!
Hasta luego, gente!
Apothecaria. Partida 1. Preparación.
El viento de primavera acariciaba suavemente las laderas cuando Elaria llegó a la cima del sendero de piedra. Ante ella, asentada en el borde del pueblo de High Rannoc, se alzaba una pequeña cabaña de madera y piedra. La hiedra trepaba por sus muros hasta rozar el tejado musgoso, y las ventanas, cubiertas de polvo, reflejaban pálidamente la luz dorada del atardecer.
Apothecaria. Partida 1. Primavera. Semana 2
Era una tarde gris de primavera, cargada de humedad y con olor a tierra mojada. Elaria estaba reorganizando sus frascos tras una sesión tranquila de escritura cuando el viento cambió de dirección. Una brisa pesada se coló por la ventana, y con ella, un hedor penetrante y pútrido que hizo que hasta las hojas secas del alféizar se marchitaran.
